Crítica de Un asunto real (En kongelig affære)

Un asunto real
Generalizando un poco, pueden aglutinarse diversas nacionalidades en un cine nórdico que últimamente anda desbocado. Nombres como los de Alfredson o Larsson, por un lado, han contribuido a hacer de la sueca una industria atractiva para ingentes cantidades de público (y para Hollywood, a tenor del remakeverso), mientras que la noruega, sin ir más lejos, acaba de parir su mayor superproducción y la ha colado en la recta final de las nominadas a mejor película de habla no inglesa (esa muy fallida Kon-Tiki). Por parte de Dinamarca, el de siempre está en plan internacional y (aún más) controvertido, por lo que entre ablaciones en primer plano y planetas en las últimas, ha vuelto a hacer del suyo uno de los nombres más mencionados entre cinéfilos y cinéfagos. Entre unos y otros han hecho que el momento sea propicio para posibilitar propuestas como la de Un asunto real, otra gran producción nórdica, danesa, que dirige Nicolaj Arcel y llega precisamente de la mano de la productora de Von Trier, Zentropa. Es hora de que el gran público descubra pasajes de la historia de tales países por vía del cine (como ocurre la mayoría de veces), ahora que se tienen los recursos y la atención necesaria... Aunque para asegurar el tiro, nada como tirar de la estrella por excelencia, Mads Mikkelsen.

El actor que está a punto de ser Hannibal Lecter en la televisión norteamericana, se convierte aquí en Struensee, médico que acabó siendo inseparable del rey Christian VII allá por 1770, y que hizo de este uno de los mayores revolucionarios sociales de la historia danesa, al aprobar bajo su sugerencia infinidad de reformas para el beneficio del pueblo en plena época de negrura post-medieval. Pero que, como en toda relación de amistad que se precie, no tardó en sentirse atraído por la reina, necesitada del cariño que su marido no le deparaba e interpretada por una Alicia Vikander a quien volveremos a ver no mucho más tarde en la no mucho más distinta Anna Karenina. En fin, recreación de una época, retrato de grandes personajes de la historia de Dinamarca y triángulo amoroso se convierten así en los tres focos de interés de la cinta, que por supuesto responde a ellos con un metraje de dimensiones tan sólo equiparables a su acongojante prepotencia visual. En definitiva, lo que siempre ocurre cuando se ronda el siglo de las luces, año arriba, año abajo.

Un asunto real

Eso implica que Un asunto real siga a rajatabla los cánones del género histórico-romántico. Se trata de una producción grande en todos sus sentidos, por lo que de entrada, tarda poco en descubrirse como un auténtico regalo para la vista. Arcel se mueve con elegancia casi reverencial por escenarios que quitan el hipo, borra de un plumazo cualquier atisbo de protagonismo (de hecho, en algunas ocasiones su elegancia formal flirtea peligrosamente con lo vulgar) para que el espectador pueda disfrutar con la puesta en escena, vestuarios y pelucas incluidas. Todo sea por intentar sumergirle en profundidad, meterle de lleno en materia y seguir con toda la intensidad posible su argumento. Pero aquí la cosa tambalea, y es que más parece importar su espectacular puesta en escena que un entramado más bien renqueante. Alternando trío sentimental con dramatización histórica y desarrollo personal, lo cierto es que nada hay en la película que no se haya visto ya en demasiadas ocasiones, siendo ya la mayoría de ellas dramas de época de corte similar. Se hace muy difícil acabar de hundir la cabeza, especialmente si todo se desarrolla a ritmos tan pausados, avanzando pasito a pasito (hasta el punto de que hace falta casi una hora para que haya algún acercamiento entre Mikkelsen y Vikander).

Es entonces cuando se echa en falta algo más de riesgo por parte de una cinta que curiosamente, lo que intentaba era mantenerse en todo momento dentro de esos límites de elegancia, corrección academicista y sobriedad total autoimpuestos. Y que a fin de cuentas tampoco hubiera requerido de un cambio brusco: con adoptar otros matices, tales como los que se intuyen en sus mínimas salidas hacia lo tórrido o lo violento, hubiera bastado de la misma manera que bastó recientemente en Jane Eyre (otro ejemplo de cine de época, si bien suceda casi un siglo más tarde). Al no haber nada que se salga de los raíles tan evidentes por los que apuesta Arcel, los casi 140 minutos de que requiere para incidir más o menos en los temas de siempre, acaban pesando en demasía. Y poco puede hacer su siempre inspirado actor protagonista al respecto, la verdad.

Un asunto real

Por suerte, la historia verídica subyacente es lo suficientemente potente como para compensar la balanza, y entre eso y un bloque final moderadamente más inspirado, Un asunto real no llega a perder nunca el norte, antojándose como un correcto drama de época, irregular pero con más puntos a favor que en contra. Y a todo lo dicho con anterioridad, el último y tal vez más importante aspecto a destacar del film: su habilidad por extrapolar su discurso a la actualidad, invitando al espectador a recapacitar. Vamos, que si ha llegado el momento de que de dichas latitudes nos empiecen a llegar propuestas que repasen sus respectivas historias, si bien la que nos ocupa diste de la excelencia, cuanto menos establece sólidas bases sobre las que enarbolar el tinglado. Que pase la siguiente.
6,5/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. una preguntita, qué es la edición horizontal de las pelis en dvd? veo que son más baratas pero por qué?

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  2. Edición horizontal? Imagino que te refieres a aquellas con la portada horizontal, no? Nada, es simplemente una nueva tapa para el mismo contenido, y a veces emplean estas ediciones para llevar a cabo alguna oferta ;)

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