Crítica de Un amor entre dos mundos (Upside Down)

Un amor entre dos mundos (Upside Down)
Juan Diego Solanas, oriundo de Buenos Aires, llevaba apuntados en su casillero apenas un par de cortos, un largometraje de muy bajo presupuesto de carácter social (Nordeste), y un documental. Por lo visto, credenciales más que de sobras para que la industria cinematográfica canadiense se interesara por él y le financiara el que pinta a sueño hecho realidad: la producción con actores de (casi) primera línea y presupuesto aparentemente más que holgado para la adaptación de un guión de su puño y letra, que por la originalidad y el nivel de detalle en la recreación de todo el envoltorio que rodea el entramado básico, diríase el proyecto más personal, arriesgado, y en definitiva de toda una vida del porteño. En esencia, esta es una historia de amor imposible, suerte de Romeo y Julieta pasado por el túrmix de Michael Bay. Sólo que en vez de familias encontradas, lo que separa a una del otro en esta ocasión son los dos mundos distintos en los que viven, literalmente: dos planetas con gravedades opuestas que consiguen mantener el equilibro rotando alrededor de su sol en paralelo, imposiblemente próximos el uno al otro. Tanto que la sociedad de uno trabaja con la del otro (grandes rascacielos conectan ambos mundos) pero eso sí, pegándose gritos bocarriba o bocabajo, puesto que cada habitante conserva la gravedad de su residencia original por mucho que intente pasarse al otro planeta.

Marco francamente original, que por momentos convierte a Solanas en un nuevo Aldous Huxley en su faceta de creador de nuevos mundos ya perfectamente asentados (aquí se nos permite ver todo el funcionamiento social de tan peculiar sinergia, desde su estratificación por clases a jornadas laborales, espacios de ocio e incluso programas televisivos), al tiempo que por su entramado romántico se acercaría al Richard Matheson de Más allá del tiempo. En definitiva, deseos húmedos de todo amante de la ciencia-ficción hechos realidad, máxime de aquellos que aceptan dicho género desde la honestidad de la serie B por la que se mueve buena parte de la producción no sólo cinematográfica. Y es que grandes ideas al margen, Un amor entre dos mundos tiene mucho de ello. Se presenta desde un apartado visual muy llamativo, entre lo pulp, lo retro, lo kitsch y lo cutre: tan enormes son sus tierras y edificios imaginarios como limitados sus efectos especiales, que pueblan cada una de las pulgadas de la pantalla; tan detallados sus fondos como recargados, horteras, barrocos. Goza de escenas francamente originales (la lluvia que sube y baja, el tango en el techo y en el suelo a la vez), pero las intercala con pasajes inocentes, burdos y directamente mal resueltos: valga como botón de muestra la escena de las tortitas, que junto a la voz en off de la introducción ya le otorga a la cinta un carácter tan meloso como, justamente, la antes citada novela de Matheson o la reciente El atlas de las nubes de los Wachowski (con la que, por cierto, alberga más de un parecido tanto visual como de cómputo global). O esos saltos de dudosa gravedad, los destellos de luz made in JJ. Abrams, la fotografía quemada y verdosa...

Un amor entre dos mundos (Upside Down)

En definitiva, se combinan muestras de calidad y saber hacer (divertida cada una de las veces en que la acción sucede del revés, literalmente), con situaciones más dubitativas donde se nota más voluntad que otra cosa, en un conjunto deliciosamente fallido, si se quiere, pero en todo momento consciente de sus limitaciones. Algo similar a lo que ocurrió con la injustamente defenestrada El sonido del trueno, sin ir más lejos. Sólo que puestos a rescatar del olvido la cinta de Peter Hyams, si en aquella se apostaba por la sencillez de un buen thriller de acción fantacientífico, aquí Solanas yerra con una presentación estimulante, si bien sumamente confusa (tanto como para tener que abusar de la voz en off de Jim Sturgess para echar algo de luz en todo el asunto), que sin embargo tarda poco en revelarse mero envoltorio de una simplona, renqueante y hasta cierto punto inexistente historia de amor con alguna escapada hacia la acción digna de videojuego de segunda. Y al ser incapaz de darle dinamismo a la relación que se establece entre Kirsten Dunst y Sturgess (así como a ninguna de sus persecuciones o luchas contra el cronómetro), Un amor entre dos mundos tiene que recurrir a trucos de guión de muy baja estofa que chirrían por su carácter innecesario. Qué demonios pinta que el protagonista masculino, que ya tiene que pasarlas canutas para saltar de un mundo a otro con tal de ver a su amada, deba además lidiar con una amnesia por su parte, por ejemplo; o cómo se justifica que trabajen en la misma empresa, cuando ella hace papiroflexia y él es un científico con un proyecto de cambios gravitatorios entre manos.

Un amor entre dos mundos (Upside Down)

Todo ello, y licencias imposibles como que una persona no vea que la que tiene delante está, literalmente, ardiendo, resta toda la credibilidad y dramatismo a una película que, precisamente, requería de emociones fuertes. Al no contar con ellas, ni con la seriedad de un guión consecuente (bien en el trato de su historia de amor, bien en tirar definitivamente de esa serie B que se antojaba natural), o la espectacularidad de un director realmente curtido en materia, Un amor entre dos mundos acaba quedando en tierra de nadie, un quiero y no puedo que divaga entre un mundo y otro sin acabar de decidirse, ni convencer al respetable. Es demasiado apática, se acaba haciendo anodina y casi se podría describir de desganada, y no por falta de esmero por parte de unos y otros, como venimos diciendo todo el tiempo. Promete pero no engancha, abre mil y una puertas directas al deleite general, pero las acaba cerrando todas antes de haber tenido tiempo de pasar por ellas. Y al final, sí, se agradece el esfuerzo, y quienes se contenten con jueguecillos visuales del estilo de Sky Captain y el mundo del mañana o una composición con Photoshop pasada por algún filtro Instagram puede que salgan satisfechos. Al final es eso, su fotografía entre hortera y grandiosa, lo único que acaba quedando en la memoria de una película totalmente olvidable, muy a su pesar. Otra vez será.
5/10
Por Carlos Giacomelli

5 comentarios:

  1. Juas Papiroflexia? Qué tipo de puesto de trabajo es ese?

    -Bizarra parece, oro no es.
    -¡Entre dos mundos!
    -¡Sí! Muy bien Pepito.

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  2. ¡Malditos caseros!, siempre poniendo en palabras respetables lo que uno intuye en ele cabezolo. ¡Meloso es quedarse corto!. Me dije a mi mismo antes de empezarla "esta, pa cubrir la cuota de comedias románticas con mi media naranja, y si ademas esta aderezada con un poco de sci-fi, mejor!"... a los cuatro minutos de monologo ya apagué el cerebro, le dí a la refinería de insulina, y me dediqué a la divertida tarea de identificar los desaguisados cientificos (como ha dicho Carlos, de haber optado por la serie B sin condiciones, eso hubiera sido innecesario al haber aceptado el contrato de suspension de la incredulidad, pero en este caso, nah). Ah!, y ahí sí, las situaciones eran mas divertidas, que gozo!. Que si los dos mundos en cuestión deberían haber sido planos como los de Terry Pratchet, que si deberían estar eternamente entre penumbras debido a un sol siempre tangencial, etc. Y ahí sí que hubiera habido material interesante para construir una historia de fantasía interesante, con infinitas posibilidades. Peeero no, nos quedamos con la historia de amor...¡ para que al final mi novia no me la deje contar como comedia romantica! Mecachis.

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  3. Juas, Nita, efestiviwonder... es demasiado poco bizarra y demasiado poco oro para ser una cosa o la otra. O sea, que es una cagorrutilla...

    smoked, no me jodas! o sea, ¿no te la ha contado como comedia romántica? ¿Qué será lo próximo? ¿La llevarás a ver la reposición de Memorias de África y te dirá que tampoco, que en verdad es una película de aventuras sobre la caza de los leones? Buf, cambia de pareja...

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  4. ¡Has acertado de pleno! Ayer mismo me dice mi Irrenunciable Barakalduna "Hay algunas peliculas que me gustaría ver...'Dr. Zhivago', 'Memorias de Africa'...". La primera la veremos, que es unO de esos clásicos que siempre voy relegando, pero la otra... PEREZACA!!

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  5. Juas, te decía la de África porque estaba comotú, pero yo es que por suerte (más o menos) la pillé el sábado a las 4 en TVE1. Sin anuncios, directa en vena, y si me duermo me he dormido. Ea, vista, check, historia del cine y toda la pesca.
    Qué perezaca indeed!

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