Crítica de To the Wonder

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Era inevitable. El status quo de un director como Terrence Malick, tan dado a la dilatación temporal entre sus (en cantidad, escasísimas) películas, tenía que cambiar tras una obra maestra del impacto y la magnitud El árbol de la vida. Especialmente teniendo en cuenta que entre ambas películas ha transcurrido un tiempo inusualmente breve; el realizador se ha dado una prisa inhabitual y, con ello, las dudas se han levantado. Y correspondido: To the Wonder, efectivamente, parece una hermana menor de su obra cumbre. Primero, porque explora caminos ya transitados por aquella pero despojados de su complejidad filosófica. Segundo porque, a ratos, parece que efectivamente estemos ante una sucesión de descartes, tomas que se cayeron en la sala de montaje e ideas rechazadas en primera instancia. Algo a lo que podríamos estar tentados en llamar un "producto menor". Pero atención.
Esta sigue siendo, con todo, una propuesta insólita en nuestro panorama comercial cinematográfico, una película mayor en el adocenado modus operandi del cine norteamericano, una obra profunda y radicalmente autoral.

Otro paso necesario y al mismo tiempo un objeto que dividirá, más aún si cabe, a seguidores y detractores del director. Los primeros, secuestrados por un universo propio que, a pesar de todo, no hace más que crecer en envergadura. Los segundos, soliviantados por el aparente continuismo estético, reiteración ombliguista y gozo narcisista que parece dispensar aquí el autor de Días del cielo. Ambos, condicionados para bien o para mal por un ideario fílmico que siempre suele plantear más preguntas que respuestas.

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Porque Malick vuelve a desafiar los límites de la viabilidad comercial con otra mezcla de lirismo, melodrama, cine experimental y documentalismo. La historia narrada es mínima en acciones, pero sus capacidades de expansión a lo ancho parecen ilimitadas. En rigor, la película relata las vivencias de una pareja (Ben Affleck y Olga Kurylenko) que se hace y se deshace, cartografiando sus amores y sinsabores, testimoniando sus promesas y sus mentiras, sus expectativas y sus frustraciones. Es la esencia del melodrama romántico virado hacia un terreno de lo eminentemente lírico, sugerente. Pero entendido desde la óptica dialéctica de Malick; la que hace avanzar las historias a partir del encuentro de opuestos. Y es que quizá es esa, alejándonos de esa epidermis romántica, la auténtica clave de la película, el constante debate entre los contrarios. Toda la película está surcada por un juego de elementos que se contraponen. La convivencia del amor ya la crueldad, de la muerte en la vida. La presencia del cielo en la Tierra, concretado esto último en la otra (llamémosla así) subtrama de la película: la búsqueda de un cura en crisis de fe (Javier Bardem) para reencontrar a Dios. Aquí también entra en juego la dualidad, basada en la propia concepción de un cristianismo que se puede pretender elevado o bien que puede querer poner los pies en la tierra para sentir el palpitar de las necesidades sociales reales.

Al fin y al cabo, esa parece una de las obsesiones de Malick, para lo bueno y para lo malo. La búsqueda de la belleza en la Tierra y su posible conexión con la divinidad. En Malick, y esta película no es excepción, Dios está presente entre los hombres a través de los elementos de la naturaleza. En el sol que se filtra por entre las hojas de los árboles, en la luz que penetra la superficie marina para arrancar colores verdosos del caparazón de las tortugas, en las nubes espejadas en un lago. Estamos de nuevo ante una propuesta profundamente espiritual que pretende encontrar, en la búsqueda del amor y la exploración del desamor, la imagen de Dios (o la imagen de un dios). El cristiano, reflejado en el cura de Bardem, o el etéreo que empapa, dice Malick, todos los actos humanos. Es por eso que conviven en Malick la contemplación preciosista del mundo natural con la indagación íntima de los momentos más cotidianos y aparentemente nimios de la vida familiar: la cámara del director vuelve a alternar -en un uso ejemplar del gran angular- lo maximalista con lo minimalista. Lo etéreo con lo físico. Los planos y el montaje de To the Wonder son orgánicos, azarosos sólo en apariencia, siempre en constante movimiento, pegados a los hombres y a la escala de estos.

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No se termina ahí la condición de película en bisagra de To the Wonder. Su  pretensión más semiológica pretende reflexionar entorno a los símbolos generados en la palabra, el poder narrativo de esta y, más concretamente, su necesidad o futilidad en las relaciones interpersonales. Al fin y al cabo, la película está recorrida por diversos soliloquios en off que pretenden verbalizar conceptos etéreos (el amor, Dios) y que de buenas a primeras sitúan a Malick en los terrenos más franceses que jamás haya podido pisar su cine. De entrada parece que el espíritu de la post-nouvelle vague de Garrel, de cierta época de Godard, se hayan apoderado del director para una película que, a ratos, también llega a parecer algo así como lo que habría resultado de haber dirigido Kieslowski un melodrama de Sirk. Sin embargo, los inevitables silencios generados en una pareja de francesa y americano plantean la otra cara de la moneda. Es decir, verbalización versus contemplación. Y también, por qué no, Europa versus América: el tránsito del viejo continente, paisajes urbanos inéditos en la filmografía de Malick, a los suburbios (estos sí, ya conocidos) de un territorio estadounidense más comunitario que traen consigo nuevos choques y ese concepto, también muy propio de Malick, de la conquista de los nuevos mundos.

Todo esto responde únicamente a un posicionamiento personal de quien escribe, pero esta debería ser sólo una de las infinitas interpretaciones que pueden sugerir To the Wonder. Una película, también obligatorio remarcar, siempre en constante flirteo, por supuesto, con el naufragio temático y estético, con el ridículo, con el engolamiento. Sus imágenes y sus elementos expresivos, tan milimétricamente calculados (no sólo el tratamiento fotográfico, también el sonido y la pervivencia eterna de la música clásica), están en constante peligro de caer en la impostación, en el manierismo y el esteticismo forzado. Le tocará a cada espectador decidir hasta dónde aceptar las propuestas simbólicas y las sugerencias puramente sensoriales de una película tan rigurosamente solemne, narrativamente planeadora -en círculos sobre si misma-, buscadamente autoconsciente y visualmente epatante como esta.

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Es más, matizo mis palabras: habrá quien busque en todo esto una película, cuando más exactamente To the Wonder es una experiencia. Para bien o para mal, positiva o negativa, ilusionante o frustrante. Pero eso es lo que tienen las experiencias: la capacidad de implicar a quien decide vivirlas y, con ello, la posibilidad de éxito trascendente o de fracaso absoluto. La grandeza del cine de Malick reside en permitir a cada uno decidirlo por si mismo.

-/10

Por Xavi Roldan


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8 comentarios:

  1. Vale, ganazas y luego veremos.
    Juassss a la nota, ¿un poco menos de 10? Creo que es la primera vez que la veo en LCH.
    No dices nada de los actores y a mi de esta peli siempre me ha dado un poco de miedito el tema Ben Affleck. No acabo de saber si podré con él en una peli de Malick. ¿Cómo esta? Supongo que para tí bien porque no comentas nada... El cine de Malick es tan especial que yp necesito que los actores me lleven mucho con ell@s, estar muy prendada... miedo de Affleck. Caps? Y vos? Dime qué en tema Affleck, plis.

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  2. pues aqui otra con muchas ganas! lo de la nota me imagino que es por lo que dices en la ultima frase, no? Esta claro que el cine de Malick no deja indiferente a nadie, hay mucha gente a la que 'el arbol de la vida' no le gusto nada!

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  3. Aquí otro que se suma con ganas a verla (aunque coincide en estreno con "Oblivion" y no sé por cuál me decantaré antes).
    Me da igual que sea una hermana menor de "El Árbol de la Vida", quiero sumergirme en el mundo lírico de Malick una vez más.

    Saludos!!

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  4. bueno, y? Ya la ha visto alguien más? Qué opináis?? Vamos, cony, a pronunciarse!

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  5. Non vista ancora.. :((
    (entre nos: los robos de la urbana me lo han impedido, pero ya caerá y ya diré)

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  6. Caps, y Affleck? Dime: si o sólo tragable?

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  7. juas, puta urbana...

    Affleck? Bien, a secas. Bien nivel Sean Penn en El árbol de la vida. Es un tío limitado, sí, pero a mí ya ha dejado de molestarme eso...

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  8. Pues me gustó, aunque si que le veo cierto desnivel en las historias amor/fe. Cuando Bardem suelta sus monólogos internos casi me reía pero la fuerza de sus imágenes compensa y hace que merezca la pena el visionado en cine.
    Y se me hizo corta, qué diablos!!

    Saludos!!

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