Crítica de En otro país (In Another Country)

en otro país
Si nada se tuerce a última hora, parece ser que por una vez podremos disfrutar de una obra del surcoreano Hong Sang-soo como se merece, como debería ser vista toda obra cinematográfica. En sala comercial. No va a haber que recurrir al mercado doméstico desesperado, ni vamos a tener que peregrinar por festivales ibéricos diversos, ámbitos que sí nos han brindado (y menos mal) la posibilidad de disfrutar de algunas de las películas del -justa pero poco probadamente- reputado realizador: La puerta de la vuelta, La mujer es el futuro del hombre, Mujer en la playa, Noche y día o The Day He Arrives son no sólo algunas de sus mejores películas sino también algunos de los títulos más destacados que han salido de Corea en los últimos diez años. Pero hemos tenido que recurrir a esos otros canales para comprobarlo.
Quizá el secreto sea la aparente ligereza (ojo, no insólita en la filmografía del director) con que se nos presenta esta En otro país, nuevo encuentro entre narrativas orientales y sensibilidades europeas -Francia, una vez más, la post-nouvelle vague y los cuentos morales y estacionales de Eric Rohmer-.

Una especie de historia de verano con pez fuera del agua que se adapta a un ritmo vital y descubre los vericuetos de una nueva relación afectiva: una Isabelle Huppert tan espléndida como siempre, que aparentemente empieza como un pulpo en un garaje y termina incorporada el universo del director. Pero cuidado, que obviamente hay más.
Ya desde un principio Sang-soo vuelve a dejar clara su voluntad investigadora entorno al ejercicio de escribir historias, entorno a la narración y el juego entre voluntad creativa y puro azar: En otro país fluye en su propio cauce, pero no deja de ser un constructo, como queda claro desde los primeros compases del film, en los que se nos preenta a una joven se decide a escribir una historia, la misma que nos cuenta la película. Y como queda claro también a través del muy consciente compartimentado que practica el relato fijando una estructura tripartita. Tres historias que podrían ser una misma a la que se han aplicado sucesivas variaciones. Un ejercicio de repeticiones temáticas y de ruptura de la linealidad, tendencia ya presente en la filmografía de Sang-soo y que perfeccionó en su anterior y muy brillante The Day He Arrives. Aquí, como decimos, varían los elementos pero en el fondo la historia es la misma; hay personajes cambiantes interpretados por los mismos actores, situaciones repetidas con pequeños cambios de tono y detalles que mutan, reflejados entre sí; excepto en un caso, ese lifeguard que se mantiene constante en los tres movimientos y que podría ser el pilar maestro en la metáfora de las relaciones afectivas.

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O sea que de buenas a primeras la película se asimila sencilla y clara, pero sólo aparentemente simple, ya que en el fondo ofrece infinidad de posibilidades de ramificaciones, alcanzando una complejidad que puede desplegarse al gusto del espectador más que del director. No en vano, En otro país también habla del azar y la predestinación, fijándose en esos encuentros amorosos casuales y jugueteando con la confusión romántica (ejemplificada, sin ir más lejos, en el choque lingüístico), lo que también podría emparentarla en cierto modo con la comedia clásica de Hollywood. Una representación de las relaciones interpresonales que siempre se mantiene en un plano de espontaneidad y naturalidad.

Como sea, la cita a Hollywood no es gratuita, porque la pasión por el cine, por la reflexión cinematográfica, el guiño y la meditación ulterior sobre la creación fílmica vuelve a estar muy presente en Sang-soo, aquí en todas las capas de significado de la película, no sólo en el campo conceptual, sino también en el formal: a pesar de su aparente simplicidad formal, los resortes lingüísticos se suceden, la cantidad de recursos visuales incorporados con naturalidad y fluidez enriquece el texto sin que uno se dé apenas cuenta. Una reflexión cinematográfica que sin embargo no es la única constante del realizador que aparece en la película. También la insistencia en las escenas de comida y bebida entorno a una mesa generan lugares de diálogo y distensión. Escenarios de liturgia costumbrista que dan pie a un desarrollo del discurso.

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Son rasgos de personalidad que aparecen en una película que, por lo demás, es probablemente una de las más (aparentemente) ligeras de su responsable. Una suerte de comedia costumbrista un tanto surrealista que se permite parecer meramente amable y anecdótica para en el fondo poder lanzar reflexiones posibles hacia la incomprensión, la soledad, la necesidad afectiva y de comunicación. No nos engañemos y permitámonos el disfrute. Y es que estar ante una de las películas más luminosas, frescas, simpáticas y divertidas llegadas recientemente de Asia no quita de que nos encontremos también ante un título relevante, una película mayor de un nombre ineludible en la cinematografía coreana contemporánea.

8/10

Por Xavi Roldan
Y en el DVD...
Cameo edita esta película en una única edición en DVD muy sencillita: apenas una pista de audio (versión original) con subtítulos, un trailer y un par de fichas técnica y artística. Ahora bien, el disco explota a la perfección sus posibilidades permitiendo disfrutar de la película en condiciones, sin excesos de grano ni defectos cromáticos, y con un apartado sonoro más que correcto. El público a quien va dirigido el lanzamiento no podrá oponer queja alguna.

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