Crítica de Fast & Furious 6 (A todo gas 6)

Fast & Furious 6
Con la secuencia de entrada queda todo dicho, para bien y para mal: esta nueva entrega de la saga A todo gas mantendrá el espíritu de cine de acción a lo Bond y Misión imposible que fue clave en el éxito de Fast & Furious 5, pero por el camino se perderá algo... Y buena parte de la culpa la tiene, menudo lío, la sorpresa post-créditos de la misma. Pero no queramos correr demasiado, reduzcamos marcha: la mencionada escena inicial es de acción, incluye carreras vertiginosas y música discotequera; pero está a años luz de aquella persecución ferroviaria que despertó el interés del más incrédulo asestándole un buen mamporro en los morros (en serio, si no habéis visto aún la quinta ya tardáis). Y lo que es peor, desemboca en la primera pista de los males que acompañan a buena parte de las excesivas dos horas y diez de metraje de la que nos ocupa: un vistazo hacia atrás, una obsesión desmesurada por querer homenajear y recuperar hasta el más mínimo detalle de la saga hasta ahora, confluyendo en lo que pretende ser un feliz encuentro para fans en detrimento de los neófitos. Es decir, se olvida justamente de lo que había hecho tan, tan grande a la anterior. Pintan muy canutas para la paciencia del espectador a quien le importe un pimiento la mitología alrededor de Toretto (Vin Diesel) y compañía.

Fast & Furious 6

Pero así es Fast & Furious 6. Al menos, durante sus primeros noventa minutos. Como queriendo aprovechar el terreno allanado por la inesperada renovación del éxito de una saga que se creía moribunda, Justin Lin se empeña en construir una telaraña que incluya los momentos y personajes cumbre de toda la saga reivindicando, se diría, tanto su trabajo (ya es la cuarta de la que se encarga) como el de los compañeros que le precedieron. Y el resultado no podía ser peor. Quien se haya perdido alguna parte no sabrá de dónde sale la infinidad de referencias que pueblan los dos primeros tercios de la cinta; y quienes no quieran siquiera prestar atención a ellas deberán soportar un ritmo renqueante cuando no directamente congelado, afectado en demasía por los constantes parones en pos de la religión que parece rodear al grupo protagónico, forzado a repetir un cliché tras otro, y a acabar casi cada línea de guion con un chiste sin demasiada fortuna. Es más, ese mismo tipo de espectador verá en seguida el truco: toda esa inmersión en la historia de sus protagonistas sirve para rellenar y alargar un entramado (el que debería regirlo todo: malo, Macguffin, personaje que navega entre los dos grupos) que no es sino una sucesión de lugares comunes que daría para un corto y poco más, con marginados pasajes de acción bien conducidos, pero vulgares en su mayoría (pelea entre féminas aparte -Gina Carano versus Michelle Rodriguez, ahí es nada), insuficientes como regalo de compensación. Una decepción en toda regla, un cúmulo de decisiones equivocadas que hacen abandonar toda esperanza… Y el horror: vuelve el estilo cani, las carreras túnin sin propósito alguno. Hay deserciones en la sala.


Fast & Furious 6

Claro que luego llega la escena de la autopista, y entonces todo cambia. Con ella arranca el tercio final, un clímax de 40 minutos (apenas hay respiro entre subidón y subidón) a modo de recompensa para el espectador más paciente, el que quería ver algo parecido a la cacareada quinta entrega desde el principio. Y es un regalo caído del cielo. Más, mejor, superior a todo lo imaginado. Al lado del último acto de Fast & Furious 6, todo queda en poca cosa, ya sean las peripecias de Bond o las de Hunt, las locuras de un grupo de mercenarios, o la propia Fast & Furious 5. Cuando Lin decide que es hora de pisar el acelerador, al público sólo le queda echar la cabeza hacia atrás y agarrarse los machos: está a punto de asistir a alguno de los minutos más brillantes jamás vistos en el género. Súmese a todo ello una sorpresa final DE AÚPA (así en mayúsculas), y la fiesta ya es completa. Por supuesto, globalmente las sensaciones son más bien frías: esta sexta entrega decepciona más que nada porque el hype era muy elevado, pero también por 90, repito, 90 minutos francamente desacertados. Pero qué queréis que os diga, retoma el vuelo estupendamente. Tanto, que ya contamos las horas que quedan para el estreno de la séptima, obligada entrega.
7/10
Por Carlos Giacomelli

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6 comentarios:

  1. Me encanto la critica, espero poder verla pronto en mi pueblito. Lo único que quería decir es que Lin suma 4 películas dirigidas con esta 6 entrega. Le pese a quien le pese él fue el responsable de Tokyo Drift.

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  2. uy, sí, discúlpame, con tanto lío de películas con pósters iguales uno ya se lía xD ¡Corregido, mil gracias!

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  3. Si olvidamos el hilvanado argumento con alfileres más el tocho del principio y nos quedamos sólo con el castillo de fuegos artificiales final acaba siendo resultona y compensa, en cierta medida, la falta de ideas argumentales.

    Para verla sin expectativas cinematográficas y pasar un rato de evasión, roto para mi, por el contrapunto dramático del desenlace; que no desvelo :P

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  4. Eso, no poder hablar de su final, me mata por dentro como consumidor de cine palomitero xD

    ¡Necesito que la vea más gente!

    Dicho lo cual, creo que todos estamos más o menos igual que tú. Fuegos de artificio bestiales al final, primera parte endeble y argumento que, la verdad, lleva "argumento" como definición porque hay que llamarlo de alguna manera...

    Con todo, disfruté como un enano, oyes ;)

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  5. ¿Ya van por la 6? ¿En serio?¿¡Dios mío, que he hecho con mi vida todo este tiempo!?

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  6. Juas, pero en qué mundo vives?? Au , au, a ver la quinta YA

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