Crítica de Hijo de Caín (Fill de Caín)

hijo de caín
Tras una medianamente reconocida carrera en el terreno del cortometraje (La mirada oblicua, nominado al Goya hace una década) el realizador Jesús Monllaó da su salto hacia las grandes ligas con una historia quizá más pequeña de lo que ella misma podría parecer creerse. Y es que hay tantos géneros difíciles de tratar, tantos frentes abiertos de relevancia dramática y tantos temas delicados en Hijo de Caín que la cosa sólo podía terminar bien de haber caído del lado de lo afortunado o, en su defecto (más probable) en las manos de alguien más fogueado. O con las cosas más claras. Y es que más allá de su factura, de sus posibles contingencias de rodaje, de sus desequilibrios internos, hay un problema de autoconsciencia en la película: al fin y al cabo, se ponga como se ponga, por hechuras estamos más ante un producto de serie B que ante una propuesta de peso. Y más ante una TV-movie venida a más que ante un producto estrictamente cinematográfico. Y eso, me temo, parece escapársele al realizador y a su esforzado (y probablemente eficiente) equipo.

Y no hay ningún problema en la inestabilidad temática de una propuesta que va mutando. No per se. Es muy lícito plantear un drama psicológico del tipo evil child e irlo virando progresivamente hacia el drama familiar, la crítica social, el policíaco, el thriller o, qué sé yo, el suspense ajedrecístico. El problema es que se necesita temple, rigor y fuerza narrativa, algo de lo que se queda a medias la película en cuestión: como relato psicológico sobre la violencia y el terror cotidiano de "buen hijo", Monllaó parece pretender construir demasiado rápido con fundamentos endebles: ya desde el principio de la película, algo hanekiano, se le pide al espectador un acto de fe en unos planteamientos entorno al terror doméstico, pero antes no se le ha ofrecido una construcción sólida de los personajes, sus roles y sus conflictos de intereses.

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Por otro lado, el ramalazo social que de pronto parece apoderarse del relato queda simplemente abosquejado, insinuado mediante unos códigos previos que el espectador puede conocer pero que el guión no se ha preocupado en trabajar. Lo mismo para la vertiente de thriller policíaco (con demasiadas concesiones al azar y algunas inconcreciones argumentales) y otro tanto para el drama interpersonal y la tragedia familiar, sustentada en un sistema de emotividades entre los personajes que nunca llegan a cuajar por poco o perezosamente explicadas. O peor, sobreenfatizadas, subrayadas. Un puñado de decisiones poco comprensibles, menos justificadas, que hacen tambalear la película en un terreno indeterminado donde caben reflexiones entorno a la manipulación tanto como campeonatos de ajedrez chirriantes, querencia por los puzzles psicologistas o una cierta decantación ocasional hacia el fantastique y la imaginería gótica. Da igual.

Porque al final, se trata de encadenar algunos giros de guión inverosímiles o caprichosos o, especialmente, previsibles. Y plantarse, ya decíamos, en el terreno de una serie B que quiere pasar por A, pero que no logra labrarse su propia legitimidad mediante un libreto (obra de David Victori a partir de la novela de Ignacio García-Valiño) con puntos interesantes y alguna buena idea, pero demasiado lastrado por sus tirayaflojas con la verosimilitud. Algo que, además, no mitiga su apartado interpretativo, en el que no encaja un desenfocado José Coronado, sobreactuado entre tanto hieratismo català (sí atinan, y bastante, Julio Manrique y Maria Molins); ni tampoco el formal, basado en una realización confiada y ágil pero sin grandes soluciones ni criterios de planificación realmente interesantes, así como en un trabajo de postproducción inexplicable en su insuficiente acabado sonoro y visual.

4/10

Por Xavi Roldan

1 comentario:

  1. Pues si quieres que te diga la verdad a mi me encantó y mucho. A mi el film en si me atrapó hasta el final. Supongo porque el juego del ajedrez me gusta y porque además los personajes en si se comportan como verdaderas fichas del tablero.

    El final me impactó mucho. Quizás José Coronado no haga el papel de su vida, pero si lugar a duda me quedo con la interpretación de Nico Albert, por parte de la joven promesa de David Solans, de la que todo el mundo habla.

    Por último, decir que se la recomiendo a todo el mundo que le gusten los thrillers, sobretodo los psicològicos.

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