Crítica de Maternity Blues

Maternity Blues
Ya se sabe que un tema vistoso puede ser más que suficiente para conseguir una opinión positiva de la película que lo trate, siendo ese el único factor que se acabe tomando en consideración para valorarla con independencia de otras cuestiones voluntaria y forzadamente borradas de la mente de quien exprese dicha crítica. Demonios, sólo hay que ver el pifostio que tienen montados unos y otros aquí mismo, en los comentarios de la crítica de La verdad sobre Soraya M. Y mucho me temo que en la misma dirección va la nueva propuesta de Fabrizio Cattani como guionista y director, esta adaptación de la obra de teatro "From Medea" de Grazia Verasani que se titula Materinity Blues para salir de cualquier atisbo de duda. Efectivamente, esto va sobre ese estado de depresión por el que pasan las mujeres después de dar a luz (las afectadas por el maternity blues, vamos) en concreto sobre un grupo de pacientes de una institución mental en el que están recluidas por haber asesinado a sus hijos. Temática para tocar fibra tratado para asegurarse de que la toque, si bien con ello quede en entredicho cualquier otro valor cinematográfico. Tanto da, por lo visto.

Tanto da que el grupo protagónico haya sido retratado a brochazos, de manera que podría intercambiarse tranquilamente con las chicas de Inocencia interrumpida (o cualquier otra que incluya a personas, preferiblemente del sexo femenino, recluidas en un centro), o que salvo honrosas excepciones, el reparto parezca amateur. Tanto da que su entramado se bifurque en dos puntos de vista principales (las chicas y el marido de una de ellas), convirtiéndose en una sucesión de episodios sin tiempo para desarrollar su supuesto potencial emocional (la superación, o aceptación, de la tragedia) debido a que, constantemente, se anteponen a ellos las diversas reuniones de las pacientes para que vayan exponiendo sus casos y sus malestares emocionales por turnos; declaraciones que no consiguen emocionar al quedar en tierra de nadie, colocadas de sopetón entre medio de la trama casi por obligación para darle un supuesto plus de veracidad al asunto. Entorpeciendo aún más, en definitiva, el ritmo de una película que salta de un sitio a otro de manera exasperante. No importa, como tampoco importa por lo visto, que la realización de Cattani se descubra pobrísima, más digna de una sobremesa televisiva que de un estreno para la gran pantalla.

Maternity Blues

Todo ello queda en un plano secundario o peor, tanto da, porque lo que acaba perdurando es el impacto que Cattani busca sin ningún tipo de vergüenza, trufando su cinta de infinidad de recursos inmediatos para que en la sala de proyección resuenen los suspiros y los involuntarios comentarios de los más aprensivos. Todo en Materinity Blues son rostros apesadumbrados, colores mortecinos y banda sonora melosa; a la mínima que encuentran hueco, saltan al ruedo primeros planos de los rostros desencajados de las actrices cuando revelan sus atroces secretos, escenas mudas para encoger el alma. Y ya tirando hacia el final, un flashback y el devenir más que esperable de una de las protagonistas tiran directamente de piloto automático mientras el guión acelera por la senda de la demagogia pura, jugando de manera traicionera con un arma de doble filo (esa frase lapidaria, "no culpo a nadie de lo que he hecho salvo a mí misma", combinada tan burdamente con el mencionado flashback en que se buscan descaradamente culpables al margen al margen de la madre infanticida).

Pues qué queréis que os diga, si no lo primero, lo segundo sí debería importar. A las limitaciones técnico-artísticas se les puede hacer la vista gorda, pero lo que no debería pasarse por alto es la voluntad de manipulación que tienen ciertos directores, cuando no hacen absolutamente nada por maquillarla siquiera. Que Maternity Blues sea una producción cinematográfica pobre por contar con interpretaciones limitadas, ritmo totalmente fallido, guión previsible y dirección desacertada es una cosa. Que juegue tan tranquilamente con temas muy delicados y no pretenda más que sacar la lágrima fácil sin querer ir más allá (estimulando el debate u ofreciendo un estudio algo más riguroso de la problemática), y que lo haga mediante vergonzosas estratagemas resultadistas, oportunistas y francamente banales, otra. Lo primero puede que tanto dé, pero lo segundo no, por ahí no deberíamos pasar. Maternity Blues no aguanta un visionado con un mínimo de voluntad de raciocinio, de reflexión, no digamos ya de mirada crítica. No hay que escarbar demasiado para encontrar todas y cada una de sus trampas. Y eso, el espectador debería verlo para denunciarlo y hacer lo posible por que semejantes jugarretas fueran desapareciendo de la cartelera.
3/10
Por Carlos Giacomelli

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