DVD-Crítica de Reality

Crítica de Reality
Si bien ya llevaba un tiempo dando guerra, la carrera de Matteo Garrone daba un vuelco cuando, en 2008, Gomorra se convertía en un éxito muy por encima de lo imaginado. Motivos había, tras tan encomiable propuesta, para situar la expectación por los aires de cara a su siguiente proyecto, que llegaba cuatro años más tarde y, de entrada, se llevaba el Gran Premio del Jurado de Cannes. Con Reality, Garrone sigue empeñado en retratar a su Italia, a la gente que le rodea (o que lo ha hecho antes de que le sonara la flauta, al menos): no nos movemos de Nápoles, pero ahora centramos nuestra atención en el universo del Gran hermano, o más bien en el universo de los seguidores de Gran hermano. En un pueblo muy, muy sencillo, una familia está tan enganchada al programa como para forzar al pater familias (sensacional Aniello Arena), que regenta una pequeña pescadería, a presentarse al casting de selección para la próxima edición del mismo. Él también sabe de qué va la cosa, ojo, aunque desde que se le mete la idea en la cabeza empieza a creérsela, y durante ese arco de tiempo que va desde los castings con miles de candidatos a la toma de decisión de los veinte finalistas, se acaba convenciendo de que estará en la casa, y que cualquier persona que se le cruce por la calle podría ser en verdad un espía del programa valorando su personalidad...

Es extraño, chocante incluso, el cambio de escenario que plantea Garrone. De aquél hiperrealismo gris y opresivo anterior se pasa a una realidad alterada que, si bien conserva buena parte de ese análisis detallado de la sociedad napolitana, exagera voluntariamente la saturación de colores, inunda el metraje de una banda sonora propia de las comedias románticas hollywoodienses, a la mínima que puede se mete en discotecas y otros saraos de cuidado. La idea parece clara: se buscan sensaciones similares a las de un espectáculo televisivo, pasarle al día a día de los habitantes del pueblo un filtro de ficción casi lisérgico, no exento de mala leche, y que va más allá del mero apartado audiovisual. De hecho, la vida del protagonista es la primera en sumirse en un mundo de fantasía, supeditando la honradez de sus quehaceres rutinarios al sueño, obsesión más bien, de aparecer en el Gran hermano de marras. Y hablábamos de mala leche porque de este modo, el cineasta aprovecha para arremeter contra unos y otros en una crítica más mordaz de lo que aparenta su benevolente y colorista presentación. Y lo peor es que convierte al espectador en cómplice. En Reality reciben los programas a los que se menta en el propio título de la cinta, por sus intereses puramente monetarios en detrimento de las ilusiones de sus seguidores. Pero también asesta un buen golpazo a estos últimos, por sus ciegos fanatismos. En el caso del pescador de Nápoles, no hace falta mucho para intuir que todas las decisiones que toma desde el momento que se autodefine participante de la próxima edición del programa, van a llevarle al fracaso; sólo falta esperar a ver cuándo se hará efectivo. Y mientras tanto, todos observando: espectador, familiares y extras (todos ellos pasadísimos de peso, por cierto, significando una visión algo grotesca del televidente apoltronado en su sofá día y noche, consumiéndose a base de telebasura).

Crítica de Reality

Dicho todo esto, que el colorismo de su puesta en escena, su espíritu juguetón y el mundo GH no asusten a quienes se interesen por la filmografía de Garrone, que por encima de todo, su última propuesta sigue siendo un portento tras las cámaras. Ya se ha comentado que detrás de esa lente RGB, sigue percibiéndose una voluntad muy marcada por describir el costumbrismo napolitano. Pero es que además, el cineasta echa la vista atrás y se asoma, sin esconderse demasiado, a las puertas del neorrealismo de Rossellini, del Fellini de La strada pero también de La dolce vita, y de las comedias clásicas italianas. Un homenaje a su herencia cinematográfica al que llega mediante largos planos a vista de pájaro (esa secuencia inicial que parece pertenecer a otra película bien distinta) y planos pequeñísimos, ya sean del interior de una cocina llena de gente o de un bar de pueblo. Mucha gente y gente de la tierra, mucho color y unos marcos casi barrocos en su acumulación de detalles mundanos, por los que deambula este puntilloso retrato no exento de autocrítica.

Tan sólo se le podría echar en cara a Garrone un inesperado cambio de rumbo cuando, encarándose ya a su conclusión, desvía la mira hacia unos objetivos distintos a los que parecía estar dirigiéndose. Pero quizás no, quizás todo formara parte de una parábola de los realities televisivos, en cuyo caso ya está bien que todo termine como termina. Sea como sea, la propuesta sigue siendo más que recomendable.
7/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el DVD...
Cameo distribuye la película por estos lares, y lo hace en una edición en DVD con sonido tanto italiano como castellano, en ambos casos en un más que correcto 5.1. La imagen roza la perfección del formato, permitiendo que la peculiar fotografía de la película brille con luz propia. Y además de las habituales fichas y trailers de que suelen disponer las películas de esta distribuidora, el apartado de los extras dispone de un interesantísimo making of de cerca de 45 minutos, que se limita a una sucesión de pasajes del rodaje de la cinta sin un solo añadido, ni declaraciones, ni voces en off. Una suerte de Gran hermano en el proceso de creación de una película, que nos permite ver infinidad de detalles y descubrir la verdadera personalidad de reparto y equipo técnico. Muy bien.

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