BD-Crítica de Joe Kidd

Joe Kidd
Si hace unos días hablábamos de Dos mulas y una mujer para descubrir a un Clint Eastwood iniciático, con su fama hollywoodiense aún en vías de formación, ahora ahondamos más en su figura (la cinematográfica; dejaremos historias extra-profesionales para quien le interesen) ya algo más asentada, si bien de aquella a Joe Kidd pasaran tan sólo tres años. En 1972 llegaba esta propuesta de John Sturges, retorno al western del director de Los siete magníficos ya en su ocaso como cineasta, y con un género en fase de (enésimo) redescubrimiento. Perdida ya la solemnidad con la que antes parecía tener que acercarse uno al género, disfrutaba éste de un sinfín de mutaciones que le otorgaban una personalidad cambiante y adictiva: ora comedia, ora drama, ora crepuscular y ora reivindicativo, uno podía encontrarse desde a John Wayne riéndose de sí mismo a Charles Bronson repartiendo leña, o a Bud Spencer y Terence Hill haciendo de las suyas; y precisamente con este dúo de italianos guarda el Eastwood de Joe Kidd más de un inesperado parecido. Oh, sí, estamos ante la versión más festiva del género.

Cabe reconocer, antes de nada, que la película que nos ocupa es un producto claramente menor en la filmografía tanto del director como del protagonista. Puro divertimento con la distensión como único credo visible, Joe Kidd no ha trascendido más que entre los fanáticos empedernidos del género, por no contar con ningún aliciente de especial relevancia. Lo cual no significa que sus objetivos los cumpla igualmente con atino. Dicho de otra manera, la propuesta de Sturges ni innova, ni revoluciona; pero es un entretenimiento casi redondo, y por varios motivos. El primero, sin duda, su voluntad por la acción, no traducida en una sucesión de tiros, nada más lejos, sino en un guión que apuesta por la velocidad de crucero, aplicando cambios continuos y llevando al espectador de un lado a otro. Primero Eastwood está cumpliendo condena, después es un pasivo habitante más de un pueblo que es acosado por un grupo de indios que reclaman esas tierras como suyas. Después es uno de los hombres que da caza a los indios por órdenes de un contratista con el rostro ya aviejado de Robert DuVall, y después un ayudante de los indios. Cambios constantes en apenas 80 y pocos minutos (otro gran valor a tener en cuenta) que garantizan un plus de interés a la mera presencia de su actor protagonista.

Joe Kidd

Por su parte, el de Sin perdón presenta su faceta más descarada. A Joe Kidd le atraen las mujeres y las mujeres son atraídas por él; le gusta empinar el codo y se pasa buena parte del tiempo de resaca. Oh, y reparte hostias como panes ya sea con la mano abierta o empleando lo que esté a su alcance (y de ahí las semejanzas con el dúo de Le llamaban Trinidad). No es ningún héroe al uso, si bien a fin de cuentas lo que le acabe moviendo, moralidad al poder, acaben siendo los valores más buenos por mucho que se intente maquillar. Con él como eje de un entramado tan sencillo como adictivo por los giros antes mentados, se asiste a un ejercicio de pura evasión. Un western de sentarse a disfrutar cerveza en mano, mientras se van sucediendo sus situaciones de tensión, sus enfrentamientos, y las urdimbres de los próximos ataques. No todo ello sale bien, ya avisábamos de que la jugada había salido casi redonda. Y es que Joe Kidd es tan, tan liviana, que en algunas ocasiones cae en la más anodina de las intrascendencias, viéndose afectado el. Y entre eso y su ya de por sí limitación de horizontes, esta no es en ningún caso la película por la que habría que iniciarse en el mundo del western. Pero tomada como entretenimiento, como refresco primaveral para alguien a quien le atraiga el género, se convierte en una opción perfecta.
Por Carlos Giacomelli
Y en el Blu-Ray…
Es la Universal quien nos permite recuperar todos estos westerns de segunda línea para completar nuestras estanterías, mediante reediciones en alta definición que se presentan todas con un estilo visual similar: portadas parduzcas, tipo de letra Rosewood tamaño 72, y marchando una inesperada colección francamente bienvenida. Se echa en falta material añadido, inexistente, pero no podemos quejarnos de la depuración por la que ha pasado su imagen, que logra maquillar buena parte de las carencias de la cinta original, o su audio, que convierte el Mono original en un nuevo Master DTS-HD 2.0 para la versión original y en DTS Digital Surround 2.0 Mono para los doblajes. Si lo que te interesa es la película en sí, es una ocasión de lujo para verla en condiciones.


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