BD-Crítica de La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ)

La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ)
En las declaraciones que se recogen como material añadido en la nueva edición de esta película, Martin Scorsese dice muchas cosas. Una de ellas, que siempre le ha interesado la historia de Cristo a nivel cinematográfico. Otra, que una de sus influencias fue Rossellini. Y otra, que las cosas se pusieron francamente desagradables cuando se estrenó La última tentación de Cristo y despertó las iras de los religiosos más fanáticos. Si bien este comentario sólo infunda tristeza y pérdida de fe en el espectador medio, también es cierto que reacciones tensas eran de esperar: el acercamiento al cristianismo por parte de Scorsese no se limita al mero repaso de los acontecimientos recogidos en la Biblia, sino que adapta la obra homónima de Nikos Kazantzakis para explorar en la persona, en sus tribulaciones como ser humano, intercaladas claro está, con la faceta divina, más una obligación que una creencia propiamente dicha de la que a veces incluso Él duda. No era fácil, desde luego, llevarse el beneplácito de la Iglesia y sus seguidores y eso que, como suele ocurrir, la imagen final que se pretende queda bien lejos de la herejía.

Al contrario, la figura de Jesucristo que se acaba rascando es una de las más cercanas, humanas, que el cine ha dado. Lo que permite La última tentación de Cristo es, si acaso, acercar las Escrituras al público más alejado de ellas. Aunque sea mediante una libre interpretación de las mismas (hecho que se avisa con un texto estampado en pantalla antes de que arranquen los títulos). Ensoñaciones, alucinaciones y diálogos internos pueblan el metraje capitalizando el interés muy por encima de los milagros de Lázaro, los panes y el agua, en la que se confirma como la película más metafísica de Scorsese. Se descubre a un hombre (interpretado por un soberbio Willem Dafoe) apesadumbrado por un destino que le ha sido impuesto, preocupado por las labores de la mujer a la que ama. Que no puede (no quiere) entender por qué debe morir por voluntad propia. Y que sin embargo debe convencer a su seguidor más leal (no menos excelente Harvey Keitel) para convertirlo en el traidor más famoso de la historia. Una figura, la de Judas, que sirve de fulcro para esa palanca a cuyos extremos se sitúan la condición divina y la humana del personaje principal.

La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ)

Con todo, la película puede remover espíritus más conservadores por la explicitud con la que se muestra la profesión de María Magdalena, o por la violencia implícita de la humanidad en general, reflejada con la habitual sutileza implacable del responsable de Uno de los nuestros. Quemará algo más el hecho de ver a a Jesús ayudando en la crucifixión de sus iguales. Pero por lo general no debería suponer más de un incómodo escozor durante 140 de sus 160 minutos de metraje. El problema está más adelante, en la archicomentada parte final en la que, y perdón por el spoiler, finalmente tiene lugar la última tentación. Ese pasaje larguísimo, que cuenta cada uno de sus segundos por secreciones de bilis mientras propone el esperado what if que da sentido al título, al Cristo personaje de la película, y de hecho, al Cristo como figura del cristianismo en sí. Ese Jesús divino pero totalmente persona del que tanto farda la Iglesia, y que tiene ante sí por fin la gran prueba de su humanidad. Él la supera, claro, de ahí que en realidad la película suponga un refuerzo de la fe. No nos queda del todo claro que también la haya superado el público…

Sí queda fuera toda de toda duda la denominación de origen inconfundible del cine Scorsese. La última tentación de Cristo destaca por la solemne elegancia de su puesta en escena, de sus movimientos de cámara que jamás se desprenden de esa sensación de manufacturación que imprime el cineasta en todas sus películas. Travellings laterales, planos detalle, y la proximidad con que se percibe la acción (casi se impregna uno del polvo, sudor y sangre de sus protagonistas) hacen de la cinta una nueva lección magistral del cine según Scorsese. Es gracias al sentido de la narración del cineasta que se alivian incluso las inevitables desigualdades rítmicas de su desmedido metraje. Y luego, ya lo avisábamos, está esa sensación de violencia cruda, carnal. Por lo que al final, puede que esta sea la versión más metafísica del neoyorquino, que se acerque más que nunca a autores clásicos de latitudes europeas o incluso orientales, y que convierta incluso alguna de sus escenas en cuadros en movimiento (ese fondo rojísimo de los instantes finales). Pero es a la vez tan indiscutible su atribución como lo es la de Taxi Driver.

La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ)

El último aparte se lo merece la banda sonora, a cargo de un Peter Gabriel que entiende las trifulcas consigo mismo, intimísimas, de Cristo, tan bien como la agitación social a su paso, cuidando con puntilloso la misma alternancia de golpes que obsesiona al director. Y si hasta Peter Gabriel está inspirado, poco más puede decirse de una película densa, algo descompensada si se quiere, pero tan magnífica como necesaria: qué bien sienta de vez en cuando una invitación al razonamiento y al debate de lo que ya parece venir establecido por, jeh, ley divina.
Por Carlos Giacomelli
Y en el Blu-Ray...
La Universal se encarga de distribuir por aquí el Blu-Ray de la película, como ya hizo en su día con el DVD. Lo hace con una edición muy sencilla, que incluye como extras un trailer de cines y la recuperación de una entrevista (unos trece minutos) hecha al director en su día.

En cuanto al apartado audiovisual, no estamos ante la mejor de las propuestas que nos haya traído la distribuidora recientemente: a nivel de audio poco se puede decir, pues se presenta en un más que correcto DTS 2.0 para el doblaje en castellano, y un excelente DTS-HD Master Audio 5.1 en versión original. El problema lo encontramos con la calidad de la imagen, que alterna pasajes de gran nivel de detalle y definición, con bajones exagerados en que el grano puebla la pantalla como si alguien, hace veinte años, le hubiese dado un golpe a la antena de la tele, una de aquellas teles de tubo de las que despuntaban dos palitos que complicaban el visionado a la mínima que soplaba el viento. La escena del encuentro entre Jesús y Magdalena es especialmente dolorosa en este sentido, como en general todos los pasajes oscuros. Una pena, pues la película merece ser vista en condiciones excelsas desde el primero hasta el último de sus minutos.

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