Crítica de Los becarios (The Internship)

Si La red social podría ser el drama más importante despachado por Hollywood en este siglo XXI, Los becarios debería ser su reverso chorra, la mayor bobada apegada a su tiempo, examinadora de un momento, que se nos ha brindado en los últimos tiempos. Ojo, no digo que sea la mayor parida, ni mucho menos, y en el fondo tampoco reniego del concepto de tontería fílmica. Al contrario, habitualmente siento bastante apego hacia él. Es sólo que Los becarios resulta intrascendente y al mismo tiempo, quiera o no, se enmarca en un tiempo y un espacio muy delimitado: el del asentamiento de las mastodónticas empresas puntocom y su condición de grandes potenciadoras (/explotadoras) de genios menores de 25 años. De ahí parte el choque cómico de la película, de plantear una situación clásica de peces fuera del agua protagonizada por la pareja de hecho Owen Wilson/Vince Vaughn, excesivamente viejos, dinosaurios de otra época que pretenden hacer un internado de prácticas en la mismísima Google.

Y no nos engañemos, esto tiene tanto de comedia oportunista como de publirreportaje poco disimulado, bastante desvergonzado, del buscador online. Así que los parámetros analíticos quedan no relativizados sino directamente trastocados: ¿hay que hacer sangre por habernos tragado dos horas de anuncio mínimamente disfrazado de historieta graciosilla? Peor, ¿tenemos que dejarnos embotar la consciencia con su mensaje autista basado en el optimismo y su posible condición de anestésico social frente a una situación (la crisis financiera y laboral) jodidamente negra? Al fin y al cabo, poniéndonos conspiranoicos esto podría ser una artimañana del gobierno para tranquilizar a todo el mundo dando la falseada impresión de que aunque las cosas parezca que van mal, todos tenemos el éxito al alcance de nuestra mano, a un pequeño esfuerzo de distancia.


¿Tendrían sentido este tipo de consideraciones cínicas y derrotistas? Pues dependerá de cada uno y su nivel de conciencia, pero en mi opinión no, por lo menos durante este par de horas -excesivamente largas, también hay que reconocer- de feelgood movie inocua. Los becarios requiere una simple rendición, una deposición del sentido crítico, y a cambio recompensa con un rato moderadamente agradable y medianamente divertido que nunca se sale de su propia fórmula testada, pero que tampoco baja los niveles de entretenimiento y gracia simpática. Que tiene un poco de todo y se mueve entre tonos: de la comedia de colegas con exaltación de la amistad hasta el romanticismo de manual entre las partes más físicamente agraciadas del reparto, que incluye a una Rose Byrne ya muy cómoda en el ámbito cómico.

Y si la cosa se mueve entre la comedia blanca y el humor con distintas tonalidades de grises sin llegar nunca a descacharrarse ni a arañar de verdad, en el fondo más que ante una profundización en el esquema The Office ante lo que estamos es ante una especie de revisitación con considerable carga nostálgica de las películas de institutos. Más concretamente de las de campamentos de verano, con aquellos Albóndigas como directo referente. Efectivamente aquí las referencias pop se suceden (en un nivel, eso sí, bastante accesible: Star Wars y compañía) y su tono de épica ganadora decantada hacia el lado de los nerds es considerable. Los personajes responden a arquetipos ya explotados en las comedias de John Hughes y en el cine infantil y juvenil que se extiende desde ese momento y llega hasta Harry Potter, extraño referente que recibe un homenaje directo vía partido de quidditch. Además de todo eso, el esquema narrativo de superación está basado en la clásica competición entre clases sociales.


El resto oscila en los entornos de la reivindicación del perro viejo y las técnicas tradicionales frente al avance devastador de las nuevas generaciones montadas en el tren tecnológico. Del despertar sexual de los protagonistas jóvenes y la celebración del hedonismo adolescente. Y especialmente de la significación de la persona ante el fagocitador sistema y su búsqueda de un futuro que siempre puede ser más prometedor. Pero por lo demás, Los becarios es sólo la versión más exitosa y tragable de la catastrófica Larry Crowne, nunca es tarde. Un compendio de lifelessons y recursos motivacionales en un rato positivo y optimista para una película algo tontuna y escasamente original, pero muy capaz de alegrar una tarde de manera honesta. Medianamente maja.

5'5/10

Por Xavi Roldan

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