DVD-Críticas: Kiyoshi Kurosawa's Séance y Loft

Séance
Entre los muchos (demasiados) cineastas orientales venerados por haber participado con mayor o menor ímpetu en el género de terror, el gore y/o thriller vengativo, nos encontramos con un Kiyoshi Kurosawa cuya carrera es de lo más variada (y sólo hace falta recordar la muy reciente y aplaudido drama Tokyo Sonata), pero que se cuenta entre los pioneros de la nueva ola del cine oriental más extremo por su trascendental Cure. La misma distribuidora que, precisamente, recuperaba esta última en formato doméstico, Cameo, se encarga ahora de distribuir otras dos muescas del director en el género, como son Séance y Loft. Películas bien distintas entre sí, separadas por cinco años y estrenadas en medios diferentes, pero que comparten una afición: tratar de fantasmas para emplear el elemento sobrenatural como herramienta para cagarse, con perdón, en la humanidad egoísta e inmoral que nos rodea.

Porque ambas encuentran, en las figuras protagonistas, a seres ambiguos, lejos de la pureza moral. Séance, tv-movie estrenada en el año 2000 y que vista a día de hoy conserva todas y cada una de las limitaciones del formato, presenta a una pareja que se aprovecha de la desaparición de un niña (supuestamente violada y asesinada) para explotar el don de ella como médium. Ante un giro de acontecimientos que abre la posibilidad de cambiar la suerte de la menor, entran las dudas: ¿hacemos todo lo que podamos por la pobre inocente... o buscamos la manera de sacarle partido a nuestra posición de ventaja en relación a las pesquisas oficiales? Con esta cuestión juguetea Kurosawa, enarbolando un thriller de ritmo sosegado pero compacto, en el que el factor sobrenatural va adquiriendo un rol cada vez más secundario (difícilmente se la podría catalogar como película de terror) en pos del discurso incendiario con el que pone en evidencia a los protagonistas principales. Se echa en falta algo más de punch, apenas si hay escenas para el recuerdo, y por lo general da la sensación de que en ningún momento se pretende llegar a tocar fibra como Dios manda, pero en conjunto, la propuesta se acaba antojando sólida y recomendada para los más fanáticos de esta corriente de cine japonés. Siempre y cuando, claro, se puedan pasar por alto las pobrísimas condiciones en que se presenta: las limitaciones de su formato (tv-movie, recordemos) implican una carencia abismal de recursos, que se traduce en una puesta en escena, en 4:3, francamente renqueante. Y ayuda poco la edición en DVD, más cercana al ripeo directo de un VHS que a la teórica (medio)alta definición del formato.

Loft
En otra liga juega Loft, esta sí estrenada en cines al menos en su país de origen, y con una versión en DVD que explota su potencial con mayor gracia (si bien cuente con un exceso desorbitado de grano). Coincide con Séance en el segundo plano al que relega la historia de fantasmas, pues si bien en esta ocasión la presencia de fantasmas es algo más explícita, su objetivo es parejo. Una excusa, un McGuffin si se quiere, mediante el que enarbolar una nueva crítica sobre los intereses individuales del ser humano, verdadera alma mater de la cinta. Sólo que aquí el discurso se tuerce, se ramifica y acaba algo más embrollado. Demasiados frentes abiertos que le restan entereza al discurso mediante la conjunción de elementos de diverso peso y gravedad. La mezcla, la verdad, sale bastante rana, hasta el punto que los momentos de teórica tensión se tornan involuntariamente risibles (ese clímax…), y los pasajes más serios no rebasan una muy molesta barrera de la más absoluta superficialidad. Una mutación informe entre sci-fi (una momia milenaria), drama campestre y j-horror que no acaba de encontrar su lugar en ninguna de las tres ramificaciones posibles. Amén de dejar de nuevo a su protagonista masculino en evidencia, lo que conserva Loft es el tempo marca de la casa, pausado y dosificador, que permite disfrutar de una puesta en escena mucho más elaborada y preciosista (exceptuando algunos baches de vulgaridad y pobreza visual). A la postre puede acabar siendo quien salve los muebles, evitando la quema total de una cinta francamente fallida. Bien curioso es que sin tratarse en ningún caso de piezas imprescindibles (nada que ver con la anteriormente citada Cure), de ambas propuestas sea la más, mucho más sencilla la que acabe valorándose mejor, en detrimento de la de mayores presupuestos, facilidades y pretensiones.

En cuanto a las ediciones que nos brinda Cameo poco que añadir: en ambos casos puede seleccionarse la versión original o bien optar por un doblaje castellano poco recomendable, sin ningún extra que complete sendos discos válidos sólo para completistas.
Por Carlos Giacomelli

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