Crítica de 21 & Over

21 & Over
En América, ya se sabe, uno no puede beber, entrar en una discoteca de noche y demás, hasta que cumple 21 años. Pero el día en que los cumple, puede convertirse en un dios de la (auto)destrucción, bebiéndose hasta el agua de las plantas. Y de esto, de esa primera noche de locura, va la película. Sólo que no es esta premisa la que vemos pasados los títulos de entrada, sino a Miles Teller y Skylar Astin caminando por una plaza desnudos, con el culo ensangrentado y sendos calcetines cubriendo sus partes nobles. Y diciendo algo así como "lo de anoche no ha pasado jamás". O sea, que esto va a ser una gamberrada juvenil en la línea de la inenarrable Project X, con el aroma del primer resacón. Yo compro.

Evidentemente, alcanzar el nivel de la de Todd Phillips es casi imposible, pero no parece que Jon Lucas y Scott Moore (guionistas y directores… y guionistas también de la trilogía Resacón) se planteen acercarse siquiera a ella y, de hecho, más allá de compartir su condición de "película sobre las consecuencias del exceso de una noche de parranda", apenas si queda en común su espíritu alocado, habida cuenta de que lo que en una servía para un gigantesco elipsis a recuperar tan sólo con los títulos de crédito, en esta ocupa la totalidad de su metraje. El comienzo no da lugar a dudas: dos amigos se reúnen para ir a buscar a un tercero (Justin Chon) que cumple los deseados 21 años, con el objetivo de llevárselo de fiesta. Sólo hay un pequeño problema, él tiene una entrevista de trabajo el día siguiente y su estricto padre (el doctor Pierre Chang 1 , por cierto) tiene muchas esperanzas depositadas en ella. Por supuesto, todo se complica debido a los excesos del nuevo alcohólico legal, desembocando en un follón que se agranda cual bola de nieve, provocando las situaciones más disparatadas.

Y oigan, muchas de ellas, tienen su gracia.

21 & Over

Estamos de acuerdo en las limitaciones artísticas de la película; esto no es ningún nuevo hito de la comedia universitario-juvenil. Pero si se acude a ella sin expectativas (¡ni prejuicios!), puede deparar más de una alegría. Justamente las que se echan en falta en R3sacón. La facilidad con la que todo se va enmerdando, la inmediatez de todo ello y la precipitación con la que se pasa de un gag al siguiente logran un guiso imperfecto pero gustoso: no todos los gags funcionan, no hay nada que perdure en la memoria por querer ir más allá de la mera y no siempre lograda risotada (¿alguien dijo ¡Jo , qué noche!? Pues que se vaya olvidando), pero sí hay voluntad de ser el despiporre por despiporre, de salirse de madre aun a costa de la corrección tanto moral como visual. Y por visual me refiero a esos infinitos minutos de vomitona a cámara hiperlenta…

Sí se le puede echar en cara un final demasiado azucarado y positivo. Ahí sí, 21 & Over da un paso en falso ennegreciendo el resultado global. Pero por lo demás, la sorpresa ha sido agradable: no inventa nada ni supone revolución alguna. No es una comedia redonda ni emprende nunca los altos vuelos de los grandes encuentros con el género, pero garantiza hora y veintipoco de risotadas y entretenimiento tan carente de pretensiones como de momentos para el aburrimiento. Oh, y sale un búfalo liando la de Dios.
Ya es.
6/10
Por Carlos Giacomelli
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1 Uno de los losties de la iniciativa Dharma, François Chau

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