Crítica de El hipnotista (Hypnotisören)

el hipnotista
Seamos benévolos y concedamos a Lasse Halström, en virtud de su profesionalidad y extensa carrera, el beneficio de dudar de un presunto movimiento oportunista. Bien. Pero tampoco debería culparnos nadie si pusiéramos en tela de juicio la decisión creativa emprendida por el realizador sueco entorno a esta la adaptación de la novela de Lars Kepler, especie de giro estilístico encuadrado en un modus operandi reciente basado en el tratamiento del drama y la comedia románticos: es innegable el tirón que siguen teniendo las ficciones criminales paridas en países escandinavos, así que este desvío autoral se presenta poco sorprendente como operación comercial, pero bastante relevante como opción personal. De modo que no sabíamos, por lo menos yo, qué esperar exactamente de semejante idea. ¿Un soplo de aire fresco en la carrera de un tipo que, a la primera de cambio, ha vuelto a donde solía? (la blandurria Un lugar donde refugiarse es inmediatamente posterior) ¿Un torpe intento de reciclado revelado finalmente como un producto formulaico? ¿Un arranque de solidez de alguien que plantea un cambio en sus fondos pero no en sus, a menudo brillantes, formas? Respuesta: un poco de cada, todo a la vez.

Esta historia, extraño whodunit en el que la policía contrata los servicios de un hipnotizador para descubrir las circunstancias de un escabroso asesinato, queda lastrada por sus propias convenciones genéricas, pero al mismo tiempo traza puntos de fuga interesantes. Es orgullosamente convencional e inconscientemente encorsetada, pero depara insospechados placeres; a medio gas pero placeres. Se presenta localista como las más reguleras de sus coetáneas pero logra sobreponerse a si misma para colocarse a ratos hombro con hombro respecto a los mejores y más ilustres ejemplos. Y claro, no llega a nada especialmente trascendente, pero resulta en líneas generales moderadamente agradable. Una contradicción un poco medular que aparece fundamentada por lo templado del material de partida frente al innegable oficio del realizador, ese tipo que en un momento determinado (a mediados de los 80, con Mi vida como un perro) parecía que iba a ser la gran revelación del cine de autor nórdico.

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Él es quien le imprime a los meandros de la historia -a ratos acertados, a momentos previsibles- una atmósfera potente, opresiva, cortante y deprimente. Un tanto impersonal, pero innegablemente efectiva a la hora de crear estados de ánimo o aprehender el de sus personajes, bien definidos, notablemente caracterizados. Su trabajo está mucho más basado en el trabajo espacial de los interiores, plasmación de los laberintos emotivos en que se ven inmersos los protagonistas, que en los previsibles y gélidos exteriores nevados -estupendamente explotados en algún pasaje de Headhunters, por ejemplo-, evitando la ya algo trillada contraposición visual excepto, quizá, en su desmadrado clímax. A resultas de ello, El hipnotista deja poso y se recuerda como un drama oscuro a todos los niveles, especialmente en el metafórico, pero también en el visual, tan ligado a la agresividad contenida de una sociedad hipotéticamente perfecta.

Es en ese tipo de entorno en el que se encuadra la parte literaria del film, drama familiar, bajada a los infiernos de una Lena Olin estupenda, obsesión de un hombre absorvido por su trabajo, puesta en crisis de los valores de orden social, especialmente atacando la institución familiar. La película tiene mucho de investigación policial rutinaria (demasiado, por desgracia), pero se pone francamente mullida cuando el crimen extiende sus tentáculos hacia el comportamiento de los personajes y hacia las reglas de las relaciones personales entre los mismos. Tanto es así que al final la trama criminal puede quedar en mero macguffin frente a la mucho más posibilista radiografía -no especialmente extensiva, ojo- del alma humana, adscribiéndose a algo así como a los vericuetos psicologistas de La caza más que a los terrenos aventureros de la saga Millennium o las tramas policíacas de las novelas de Henning Mankell.

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Es cierto que a El hipnotista le sobran clichés y lugares comunes del género y le falta imprevisibilidad, riesgo y auténtica sensación de peligro. Y tampoco es el mejor thriller posible, ni el más emocionante, ni el más negro. Pero sí es lo más digno que puede ofrecer un autor antaño interesante, últimamente irregular y que en estos momentos estaba algo de capa caída: no sale por la puerta grande, pero el esfuerzo tampoco debería caer en saco roto.

6'5/10

Por Xavi Roldan

1 comentario:

  1. Contiene escenas un tanto estremecedoras, y destaca el reparto es bastante bueno. Las películas y series de hipnosis me encantan, pues cuando cuentan con historias interesantes, te atrapan y te mantienen muy atento por toda la intriga que engloban.

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