Crítica de Expediente Warren (The Conjuring)

Expediente Warren (The Conjuring)
Vuelve James Wan a la carga y con él, claro, esas obsesiones sobre las que se rige todo su universo cinematográfico. Porque la filmografía del de Saw puede que guste más o menos, que las películas que la conforman hayan salido mejor o peor, pero a excepción relativa de Sentencia de muerte (muy reivindicable, por cierto), todas parecen responder a un plan maestro a caballo entre lo revisionista y lo manierista, lo gore y lo fantasmagórico, las casas encantadas y los muñecos diabólicos. Bueno, y por lo visto, con una importante presencia de Patrick Wilson, protagonista de ésta como lo fue de Insidious y lo será de la esperada secuela de la misma. A él se le junta para la ocasión un par de candidatas a scream queen como son Vera Farmiga y Lily Taylor, y esta última, pareja en ficción de Ron Donovan, es la madre de cinco niñas para una familia de siete que las pasa putas desde el momento en que se muda a una vieja casa de campo maldita. Sempiterna premisa que responde a la adaptación de los hechos acaecidos realmente en la década de los 70, aunque Wan tarde bien poco a llevárselos a su terreno, como de costumbre. ¿La diferencia? Que a juicio de un servidor (decepcionado con las anteriores casas y muñecos), esta vez la jugada ha salido prácticamente perfecta.

Ni el punto de partida es original, ni lo es nada en absoluto: con la excusa de situar la acción algunas décadas atrás el cineasta se apunta al carro de los homenajes, las revisiones y las reivindicaciones de estilos y géneros pasados a los que se quiere desempolvar. Por lo que al más curtido en materia le será imposible no pensar, de buenas a primeras, en el inefable Ty West y su sobrevalorada La casa del diablo. En ambos casos, el director plantea una regresión que es, ante todo, formal: Expediente Warren está trufada de zooms anacrónicos, espejos que no siempre muestran lo que deberían y mil y un trucos más retro (ojo, sin ir más lejos, a su rótulo de entrada). En dirección pareja, en definitiva, a un argumento que se pasea sin miedo por todos los lugares comunes que pueda uno imaginar, y cuyo desarrollo se construye también mediante la acostumbrada alternancia de sustos in crescendo y dosificación de información. Todo muy esperable, de hecho llega a perderse la esperanza: lo que nos espera parece que no vaya a ser más que la enésima fotocopia fallida. Pero.

Expediente Warren (The Conjuring)

Pero aquí entran en juego las obsesiones de Wan. Lo más evidente, esas filias omnipresentes antes citadas (los muñecos, las casas semi abandonadas...) que aquí conducen a buenos momentos de tensión y mal rollo en general. La muñeca de porcelana de esta ocasión, sin ir más lejos, es casi una comparsa y sin embargo, se torna enseguida en una figura tan icónica como la del de los juegos de Saw. También está su esmero por la búsqueda de un miedo primitivo, despojado de grandes artificios: quiere que nos acojone una sombra, una puerta entreabierta, y cuando se alcance esa base ya pasaremos a la siguiente, la de los grandes aspavientos. Otro sospechoso habitual, ese estilo tan esforzado que en ocasiones peca de exceso, aquí se descubre sorprendentemente contenido, si bien excelso como demuestra un buen puñado de escenas resueltas con un solo plano secuencia o un plano picado imposible. Pluses que van a unirse con muchos otros: personajes inusitadamente bien definidos, una evolución muy cuidada del terror, tirando de autosugestión al principio para culminar en un clímax difícilmente soportable... y un argumento que sí, aglutina lugares comunes para parar un tren, pero los tiene (y los mezcla entre sí) todos.

Cuando todo ese gusto por lo macabro, por el cine bien hecho y por el género confluyen, se dan situaciones inesperadas. Situaciones como estar ante una de las mejores exponentes de terror de los últimos años, esto es. Trufada de escenas de terror de la más variada intensidad, con un par de ellas realmente potentes, Expediente Warren tiene motivos de sobra para calar hondo. Lo que apuntaba a exploit de sobremesa inflado se acaba descubriendo como una pesadilla bien planteada y mejor confeccionada. Y de paso, confirma de una vez por todas a James Wan como puntal a seguir, como maestro del terror, y sobre todo, como excelente generador de atmósferas francamente desasosegantes. Miedo puro, oigan.
7/10
Por Carlos Giacomelli

3 comentarios:

  1. El miedo psicológico y la paranoia no te dejarán indiferentes con esta película.

    Os la recomiendo encarecidamente

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  2. Es James Wan después de ver una película de Ti West... os guste o no bebe/copia un montón de The Innkeepers. Todo es a mayor escala y más mainstream... pero la esencia es la misma.

    Ti West amigos... Ti West.

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  3. Ti West no es nadie, esto es así xD

    James Wan tampoco, pero al menos se esfuerza por hacer sus planos elaborados...

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