Crítica de Passion

Passion
A pesar de haber dejado atrás sus épocas de esplendor hace ya unos cuantos años, sigue siendo sorprendente el poco atino con que el antaño grande Brian De Palma ha acometido su última propuesta. Una Passion que funciona como poco necesario remake de un film ya de por si justito de Alain Corneau (Crime d'amour) y que especialmente certifica una desgana autoral que aboca casi a los terrenos de la autoparodia: sorteado el paréntesis Redacted, el realizador vuelve a adentrarse en terrenos del noir con veta hitchcockiana, y si siempre fue el más notorio y popular alumno del maestro inglés ahora parece una evocación ridícula de si mismo. Para que nos entendamos, ya estarían fuera de tono los trips ácidos de El fantasma del Paraíso o La furia, los (por entonces brillantes) ejercicios kamikaze de recuperación de thriller revulsivo tipo Fascinación, Vestida para matar o Impacto. Casi si apuramos, las revisitaciones, más renovadas o menos, de los conceptos clásicos del negro como en Femme Fatale o La dalia negra. Pero es que con Passion no es que no vengan a cuento, es que ni siquiera se hace el esfuerzo. Porque en el fondo, eso es lo que duele más de la película, su desgana.

Estamos ante un drama de suspense en un ambiente de intrigas empresariales movidas por los deseos humanos más bajos, casi un resorte ochentero y noventero, terreno Michael Douglas. Una ejecutiva (Rachel McAdams) juguetea con los deseos y expectativas carnales de su más directa colaboradora (Noomi Rapace) y finalmente la humilla públicamente. La colaboradora entrará en una espiral de odio y rencor. Argumento canónico del género, cercano a los clásicos, pero especialmente a una veta algo televisiva -variantes del mismo tema han sido explotadas hasta la saciedad en tvmovies de sobremesa- que necesitará de una sólida propuesta visual para cotizar en ámbitos más, digámoslo así, elevados. Y, claro, en el mejor de los casos, en este sentido De Palma se muestra inane. Y en el peor, desnortado.

Porque aunque las intenciones de profundizar en el drama psicológico están ahí, nada las sustenta de manera sólida: los personajes están reducidos casi a caricaturas que pronuncian frases trilladas en diálogos muy poco trabajados en significación y subtexto (o, peor, exhiben un subtexto obvio y burdo). El juego de mentiras y manipulaciones no depara auténtico peligro para un espectador que, culpen a la falta de tensión dramática, recibe los estímulos con despreocupación, sin real sensación de imprevisibilidad. Algo que tampoco viene fomentado por las carambolas de guión y los giros inverosímiles, sujetos a un azar o, peor, a la incapacidad del director por darles el peso específico necesario para resultar creíbles. O bien para, todo lo contrario, colocarlos en un tono de onirismo en las antípodas de lo realista en terrenos de pura pesadilla psicologista. A todo ello no ayudan sus gotas de fetish simplón (el uso icónico de pies y zapatos, la aparición de gemelas, el recurso de las máscaras y prótesis genitales, la propia caracterización de las tres mujeres a partir del color de su pelo), ni de lesbianismo soft, ni tampoco su tono de morbo erótico que, al final, resulta de bajísimo voltaje, dolorosamente alejado de Eyes Wide Shut, probable referente.

Passion

A todo ello, el trabajo de De Palma, como decíamos, se presenta no sólo inadecuado, sino totalmente trasnochado, pasado de moda, pero no lo suficientemente descabellado como para entrar en la categoría de boutade, ni de puesta en crisis de las propias propuestas, ni de sana autodesmitificación. Así que más que un ejercicio consciente de evocación de unas formas caducas, parece un torpe y fallido intento de puesta al día de las mismas, de nuevo pasadas por el filtro contemporáneo de los ambientes tecnológicos, con la clásica fotografía de contraste tonos azulados, claroscuros y demás. Con una banda sonora inconscientemente desfasada, evocadora por un lado de la seriedad rigurosa de los dramas con clase y por otro de las formas más básicas del thriller de suspense. Y, al final pocas soluciones escénicas aparecen realmente interesantes, porque poco parece tener que contar De Palma en esta película, más preocupado como se muestra por sorprender  a cuatro espectadores poco exigentes y muy impresioonables.

Hitchcock no se molesta ni en removerse en su tumba, porque esto directamente ya no va con él.

3'5/10

Por Xavi Roldan

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1 comentario:

  1. qué cruz.
    Tiendo a confundir, de un tiempo a esta parte y sin tener justificación alguna, a De Palma con Coppola (A las últimas versiones de los mismos, ojo). Los dos me parece que pululan por las pantallas haciendo lo que les sale de la chistera, y en general quedando en intentonas de revisión de estilos trasnochados etc.

    Por ejemplo, Coppola con Twixt. Bueno, pues a lo que voy. Al lado de Passion, Twixt me parece una obra maestra porque, al menos, esta sí me pareció hiperloca en su ranciedad, autoconsciente y autoparódica y voluntariamente ridícula. Esta, lo peor, es que me parece que intenta ir de digna por la vida.

    Qué despropósito, por Dios.

    PD. Y no se pueden enviar vídeos provenientes de teléfonos de alta definición desde un puto Nokia 3210. Por Dios.

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