BD-Crítica de Galáctica: La película (Battlestar Galactica: The Movie)

Galáctica: La película (Battlestar Galactica: The Movie)
The Cylons were created by man. They rebelled. They evolved. There are many copies. And they have a plan. Lo recordáis, ¿verdad? Hace algunos años vivimos una (nueva) época dorada en la televisión; coincidió un buen puñado de series imprescindibles en las parrillas norteamericanas, de aquellas que marcaron un hito. Y entre las que hay que incluir, sin duda, la que no pocos colocarían directamente en el primer lugar de sus listados: Battlestar Galactica. La saga intergaláctica emitida por la cadena entonces conocida como Sci-Fi revolucionó la tele y la ciencia-ficción… y eso que no inventaba nada, pues partía de otra serie estrenada en la ABC en 1978, que aprovechó el arreón de La guerra de las galaxias y de la sempiterna Star Trek para lanzar una temporada de 24 episodios (hablan de una segunda muy pequeña de la que un servidor no ha sido capaz de encontrar información alguna) donde se narra, por vez primera, la batalla entre humanos y cilones. Y que ahora se recuperan en Blu-Ray por obra y gracia de la Universal, aprovechando su 35º aniversario; o como mínimo sus tres primeros episodios, recopilados en una sola película para la televisión (lo mismo ocurriría con el piloto de la nueva versión, estrenado en 2003) para sumar un total de 120 minutos de puro derrame espacial.

Como mínimo para los dos grupos de fans, tanto da que siguieran la serie original en su día (titulada por aquí Galáctica: Estrella de combate) como que se subieran al carro con la nueva hornada. Los primeros recuperarán con cariño una serie que marcaría (o no) algún momento de sus vidas, y que ahora está de más valorar desde un punto de vista que no sea precisamente el que sale de las entrañas y el recuerdo. Porque quienes lo hagan, ese tercer grupo de espectadores no fans o directamente desconocedores del universo BSG, tan sólo encontrarán aquí una irregular, torpemente escrita y tirando a intrascendente aventurilla espacial que plagia descaradamente a Jedis y trekkies, tanto a niveles argumentales como audiovisuales (con la excepción de contar con, si cabe, recursos más limitados). Una historia que parte de la traición de los extraterrestres con quienes la humanidad tenía un acuerdo de paz, y que obliga a los pocos supervivientes de nuestra especie a salir por patas en busca de un lugar llamado Tierra, haciendo una parada en un planeta con un bar de copas poblado por mil y una especies. Versión retro, música setentera incluida, de Tatooine; y la primera de las muchas visitas a planetas inexplorados que se llevarían a cabo durante la serie completa, a la que sólo le falta un diario en el que ir apuntando fechas estelares… Estos espectadores, que pasen de largo. Para quejas de plagio ya están las denuncias que interpuso la Fox en su día.

Galáctica: La película (Battlestar Galactica: The Movie)

Ahora bien, definido el primer target a quien se dirige esta película, toca el segundo, ese que se enganchó a la serie desde 2003 en adelante, y que puede hallar en este piloto del piloto un motivo de júbilo, o por lo menos un buen puñado de curiosidades con las que expandir sus conocimientos sobre la saga. Y es que sendas versiones comparten un argumento grosso modo paralelo, por lo que a cada mención de los cilones, de Apollo, de Baltar y de Adama; a cada repaso del organigrama político del momento; a cada hoja de papel sin puntas este espectador, literalmente, lo flipará. Y no sólo por lo que todo ello supone para la neurona de la memoria televisiva, sino por las importantes diferencias que a su vez se dan en relación a su posterior adaptación. Por ejemplo que los robots no sean creaciones del hombre sino una especie alienígena con ganas de pocos amigos. Que Apollo esté interpretado por Richard Hatch, quien posteriormente sería Tom Zarek. O que Starbuck, aquí, no se parezca en nada a Katee Sackhoff, al tener los rasgos... de Dirk Benedict (el Fénix de El equipo A).

O sea, que un acercamiento puramente objetivo a Galáctica: La película se antoja prácticamente imposible, en primer lugar por el bienestar del propio espectador que lo intente (ese perrito mecánico que aparece hacia la mitad hiere sensibilidades). En cambio, fans de la ciencia-ficción en todas sus expresiones, y sobre todo fans de la serie, encontrarán en estos primeros tres episodios puestos uno detrás del otro, un exploit encantador y con serias aspiraciones a orgásmico. Una gozada rematadamente kitsch y New Age (más que a Star Trek se acercaría directamente a Naves silenciosas), que además cuenta con unos efectos especiales que catapultan a la película directamente a las categorías inferiores del género, y la convierten en un icono en sí misma, en un puro divertimento robótico-intergaláctico descaradamente pasado de moda, donde hasta sus bajones rítmicos se acaban convirtiendo en fortalezas inesperadas para dar con este batiburrillo fallido y glorioso a la vez. Por supuesto, es una cita ineludible por su cantidad de conceptos seminales en relación a lo que vendría después, pero también sirve de estupendo entrante para saber qué más puede esconderse en el resto de episodios de la serie.

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