BD-Crítica: Temblores 2 y 3 (Tremors)

 Un graboid, de Temblores

Critters, gremlins, aliens y demás fauna imposible se daba cita en grandes y pequeñas pantallas, alternándose con secuelas y exploits de Tiburón y monstruos clásicos (hombres lobo, vampiros…) rejuvenecidos. Escenario de lujo para que se colara otra más. Una nueva saga de peli-con-bicho arrancaba en 1990 aprovechando el tirón de un género que en verdad siempre ha estado vivito y coleando, pero que por aquél entonces era cuando Molaba: con efectos digitales aún en estado muy embrionario (lejos de las virguerías actuales) y recursos limitados, lo que llevaba a la utilización de maquetas, muñecajos de látex y otras armas similares. Y hablando de estado embrionario, la saga en cuestión (re)descubría a un Kevin Bacon aún en proceso de fogueo. Por supuesto, él sólo apareció en la primera, en aquel Temblores que, oigan, salió bastante mejor de lo que cabría haber esperado. Una castaña, sí, pero consciente de ello y por tanto, carente de florituras o embellecimientos propios de un cine más elevado. Resultado: divertimento al canto, cierta generación de fans e iconografía de andar por casa, y por consiguiente secuelas. Secuelas que llegaban mucho más tarde de acostumbrado y aprovechando una nueva hornada de género, favorecida una vez más por Steven Spielberg. Hasta tres continuaciones tuvo aquella descacharrante pesadilla de gusanos gigantes y tejanos ajustados, e incluso una serie de televisión. Y esas tres nuevas entregas son las que recupera ahora la Universal en Blu-Ray, nada más y nada menos.
Temblores 2
Si en la primera era Kevin Bacon el cabecilla del grupo de los protagonistas, en Temblores 2: La respuesta le cede ese rol a Fred Ward, secundario por aquel entonces, quien se ve obligado a enfrentarse de nuevo a los graboids (así se llaman los bichitos) cuando le ofrecen suculentas recompensas por cada uno de los que consiga cazar. Excusa para repetir, más o menos, el patrón de la anterior pero con un punto de partida más cercano a El mundo perdido (aún sin estrenar), la continuación de Jurassic Park. Exploit de género y de sí misma, en definitiva, que si cabe se toma aún menos en serio que la anterior, dando por perdida toda intentona de transmitir al espectador cualquier sensación de desasosiego. Es más, si por alguna circunstancia inesperada da la sensación de virar hacia la seriedad, S.S. Wilson (director y guionista) la corta de cuajo mediante la introducción de otro viejo conocido: Michael Gross recupera su alocado papel de Burt Gummer y le da aún una vuelta de tuerca más, convirtiéndolo en un obseso de la armamentística y por consiguiente, en el más icónico de los personajes. No por nada, su presencia sería la única en repetirse en toda la saga. Pero no adelantemos acontecimientos, sigamos un momento más en Temblores 2, que esconde aún una sorpresa más. Un cambio en los bichos, que de gusanos gigantes pasan a ser dinosaurios de tamaño medio en un absoluto sinsentido evolutivo que dejaría a Darwin con un palmo de narices, y que responde a las exigencias del entorno: los dinosaurios estaban de moda, y los responsables de los efectos especiales de la que nos ocupa son los mismos de los dinosaurios de Spielberg… A todas estas, se entiende a la perfección el carácter descarado y paródico de la cinta. El éxito de la primera ya fue lo suficientemente inesperado como para repetir la misma idéntica estrategia por segunda vez, así que se tira de humor y de acercamiento plagiador casi posmoderno al género, de efectos especiales malos a matar y de interpretaciones y situaciones imposibles. No acaba de funcionar del todo, y no son pocos los altibajos de la cinta, pero con aparcando prejuicios y cargando el cuerpo de sustancias dudosas, puede valer si se busca exactamente lo que da: una peli con bichos de serie Z, voluntariamente mala y de argumento descabellado.

Temblores 3
Por otros derroteros anda la tercera entrega, que ya empieza mal desde su título: Temblores 3: Regreso a Perfection. Cierta prepotencia, si bien ¿involuntaria? y justificada al ser el nombre del pueblo en que ocurre todo. Dirige ahora Brent Maddock, quien hasta ahora había participado en la saga como guionista junto a S.S. Wilson (también firma el libreto que nos ocupa), pero por el camino otro protagonista se pierde: Fred Ward desaparece, y su lugar lo ocupa, ahora ya sí, Michael Gross. Bigote frondoso y vestimenta militar al frente, para una nueva cacería de graboids que, sorpresa, cuentan con una nueva evolución. Ahora vuelan, se tiran flatulencias inflamables, y son aún más pequeñitos que antes. La repetición de la fórmula es la principal lacra de una película que, además, tiene más problemas a la hora de presentarse como propuesta cinematográfica con algo de valor para el séptimo arte (por chungas que sean, las dos anteriores tenían la intención de ser, ante todo, una película); aunque con eso se podía contar a priori. Duele en mayor medida su dificultad a la hora de dibujar la línea que separa la serie B, el humor y la parodia, con la tontería pura y dura; con la excusa para sablar al espectador y poco más. Chistes con menor gracia, efectos especiales aún más baratos (ojo a la marioneta del principio), ritmo algo más apagado en relación a una ya titubeante segunda parte, y clímax muy por debajo de lo deseado (seguramente debido a la inoperancia detrás de las cámaras), dejan clara una cosa: quien continúa con la saga lo hace por ser fan de la misma. A esa clase de espectador que se contenta tan sólo con un cambio de los bichos, o con un nuevo muestrario de armamento del protagonista, es a quien se dirige Temblores 3 y, claro, bajo este punto de vista la cinta cumple.

Tanto como para propiciar una última entrega (de momento). La cuarta entrega ya se sumaba a la nueva moda de las precuelas y se titulaba por aquí Comienza la leyenda. A lo tonto, es de las mejores valoradas por los fans, pero la verdad, nosotros con catar las primeras tres tenemos, al menos de momento, suficiente. Si nos da la venada graboid ya le hincaremos el diente a la cuarta, que ya puestos mejor hacerlo ahora que se presentan en condiciones notables: edición sencilla, sí, carente de extras y con sonido estéreo en uno de los casos (la tercera ya cuenta con un master 5.1). Pero acorde con los Blu-Ray de fondo de estantería (imagen más que válida, sin ir más lejos), que ya es mucho más de lo que se merece la saga…


 

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