Crítica de Dolor y dinero (Pain and Gain)

Dolor y dinero (Pain and Gain)
Es para imaginárselo en su casa, rodeado de camas elásticas, piscinas de pelotas y demás cosas molonas; levantándose de su mesa y mirando a derecha e izquierda, donde dos reproducciones de Transformers aguantan con estoicismo en posición de firmes; y preguntándose qué ha hecho con su vida. De ahí la necesidad de aparcar alienígenas gigantes con forma de camiones momentáneamente, y ponerse serio con la adaptación de una historia real, que incluye atracos y otros crímenes. Pero hey, que hablamos de Michael Bay. Lo más serio que llegó a ponerse fue cuando Pearl Harbor, y le salió una suerte de parodia de Titanic que sólo funcionaba cuando se convertía en cine de acción. Así que tan serio no se ha puesto. Digamos que si se quiere ubicar Dolor y dinero en alguna órbita de su filmografía, rondaría alrededor de la saga Dos policías rebeldes. Esto es, acción 100% terrestre, tipos duros malhablados y un ritmo de destrucción por lo general algo más contenido (claro que en Dos policías rebeldes II estaba aquella escena de lanzamiento de coches de lujo que…). Oh, pero un invitado inesperado se cuela en la fiesta. Nos lo parece a nosotros… ¿O a Michael Bay le ha dado por imitar a Steven Soderbergh?

Desde luego, el argumento de Dolor y dinero es muy de Ocean’s Eleven. Sólo que en macarra. Tres perseguidores del sueño americano deciden dar con él por la vía rápida, por lo que organizan un plan basado en atracar al cliente más rico (según sus palabras) del gimnasio en que ellos trabajan como monitores y/o lo frecuentan con asiduidad para consumir anabolizantes. Dos moles infladas que un día fueron Mark Wahlberg y Anthony Mackie, y un meteorito andante que una vez tuvo la forma de una mole llamada Dwayne ‘The Rock’ Johnson, ocupando ahora tres veces más que entonces. Cerebros al poder. Lógicamente, las cosas empiezan a torcerse muy rápido: se descubre que la víctima (Tony Shalhoub) ni es quien dice ser, ni es un angelito que no se merezca lo que le pueda ocurrir, y al mismo tiempo el plan se va enmerdando, dejando al descubierto las carencias de un grupo de cachitas malhechores que basa su profesionalidad en lo que ha visto en las películas, en la prisión, y en un vendemotos (Ken Jeong) que anuncia sus mítines de ayuda y superación por la tele.

Dolor y dinero (Pain and Gain)

De manera que Dolor y dinero es otra de crímenes perfectos que nunca lo son, ahora con el estilo Michael Bay. Un Bay extraño, por eso: sigue siendo colorista, sigue siendo excesivo, y tan hipervitaminado como sus protagonistas. Pero esta vez parece haberse relajado un ápice, como queriendo darle más importancia al desarrollo del argumento (y no es que no lo merezca: a media película debe aparecer una nota en pantalla para recordar que esto sigue siendo una historia real)… o peor aún, como investigando otros estilos hacia los que evolucionar el suyo. Lo cual desemboca en un ser grotesco, mutante de la acción al drama, al humor idiota, al estudio de personajes y a la acción otra vez; con pasajes de puro despiporre y otros más contenidos, alternando grandes secuencias plagadas de pirotecnia audiovisual con poco más que una habitación, una cámara en mano y un grupo de actores recitando. Sin olvidar momentos de comedia pura y dura (cualquier cosa que toque Rebel Wilson, aquí ayudando a Mackie con su disfunción eréctil, es un empalme humorístico inmediato). Todo ello narrado con las voces en off de más o menos todos los involucrados, incluido un Ed Harris que aparece sólo hacia el tercio final. Como era de esperar, tanta pana que cortar se le escapa de las manos a Bay, a quien curiosamente uno de los proyectos más pequeños de su carrera le va grande.

La primera prueba: una duración exagerada. Hasta dos horas y diez necesita el de La roca para acabar de concretar un puzzle de apenas cuatro piezas, a resolver perfectamente en los 90 minutos de rigor. Y eso provoca desigualdades rítmicas que inciden en la sensación de dispersión total y absoluta que se respira durante todo el visionado, en el que no pocas veces se pregunta uno hacia dónde se pretende ir a parar. Pero sobre todo, semejante batiburrillo argumental, emocional y estilístico se traduce en la impresión de que Bay se ha desviado de su ruta, y no ha sabido transmitir lo que pretendía con Dolor y dinero. Qué era exactamente tampoco se sabe, quizá en realidad no quería decir nada más allá de contar una historia que leyó un día en su piscina de pelotas y le hizo gracia. Pero parece que no, parece que hay algo ahí abajo, intentando salir a la superficie pero muriendo entre tanta nandrolona y tantos bíceps.

Dolor y dinero (Pain and Gain)

Vamos, que Dolor y dinero puede que no sea una buena película. Porque es más irregular que las cuentas de un partido político, más vacía que el tarro de los culturistas que la protagonizan y más larga que un día sin pan… Claro que por otra parte, el sentido de la espectacularidad de Bay sigue estando ahí, lo atronado que sale uno de la sala no varía en relación a sus otros proyectos, y la única diferencia es que, si acaso, aquí se ríe (y se entera de lo que pasa) más. Una banda sonora de órdago que aprovecha temazos noventeros como nadie, completa una ensalada de palomitas de colores grasienta, aceitosa y de nula capacidad para saciar al espectador, pero que se disfruta mejor que nunca en una tarde tonta de verano. Al fin y al cabo, Bay es Bay por mucho que se disfrace. Tampoco le pediremos más a estas alturas, ¿no?
6/10


Y en el Blu-Ray...
La Paramount nos trae la edición doméstica de Dolor y dinero con su habitual calidad en lo que a niveles audiovisuales se refiere. En alta definición, la imagen es prácticamente excelente, presentado una disparatada saturación de colores (acorde con las intenciones del director) y respondiendo perfectamente a los cambios constantes de estilo que presenta el film original. Del mismo modo, en versión original brilla con luz propia un Master en alta definición que aprovecha el 7.1 a la perfección, en clara ventaja con relación a una versión doblada mucho más parca en efectos sonoros y, en general, calidad.
Tal vez se echen en falta más materiales añadidos, pues tan sólo incluye un extra. Ahora bien, se trata de un excelente recorrido por los entresijos del film y de la historia original que lo precede: repartido en episodios temáticos, el documental El Juego A: Dolor y Dinero de Michael Bay se alarga hasta la hora de duración, saciando sobradamente a quien quiera saber más sobre el film.


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Trailer de Dolor y dinero

5 comentarios:

  1. Y que me dices de las actuaciones de los protagonistas? de los secundarios? Que me dices de la fotografia, de los efectos especiales? Que me dices del estilo de direccion, de la post-produccion, de los efectos de sonido? O solo vas a hablar de lo mucho que han hecho ejercicio y a burlarte de un director que ha tenido los huevos para filmar a su estilo las peliculas que se le hinchen? Ayy Casa de los Horrores... antes molabas.

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  2. de los actores no hablo porque a estas alturas, quien no sepa cómo lo hace Mark Wahlberg en una película de Mark Wahlberg es que no es de este planeta. Si hubiese habido algo especialmente interesante en las interpretaciones lo hubiese mentado... oh wait, sí lo hubo, y sí hablé de ello: relee el texto y fíjate en el nombre de Rebel Wilson. Aparece por ahí, y es una secundaria!

    De fotografía, efectos especiales, estilo y demás hablo: mutante, imitando a Soderbergh, más calmado que de costumbre... tío, has leído la puta crítica?!

    Y burlarme del director? Bueno, vale. Deberías saber que soy de las pocas personas que siempre lo han defendido. Pero al César lo que es del César. No me burlo de él, hago una metáfora de su carrera en general, y no me negarás que es bien distinta de la de Orson Welles (espero que sepas quién es).

    Sobre tus constantes "tú antes molabas" te respondo en otro comentario

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  3. José Luis García-Calvo Jaime29 de agosto de 2013, 22:00

    Crítica muy acertada, e incluso yo le daría medio punto menos a la película, porque las dos horas y diez se llegan a hacer un poco largas.
    Eso sí, hubo momentos en los que yo no hacía más que pensar que ésta era la película que los hermanos Farrelly querían rodar cuando hicieron esa otra llamada "Los Tres Chiflados", porque vaya trío de moles sin cerebro! (o con poco cerebro).
    La escena de SPOILER barbacoa de manos FIN SPOILER y ese rotulito en pantalla recordándonos que aún estamos viendo una historia real es sencillamente brutal. Resume todo lo dicho hasta ese momento. Todo dicho en un solo plano.

    Le sobra, aparte de minutos, todo el rollo religioso que arrastra el personaje de "The Rock". Al principio te lo tomas como un tick hasta irónico, pero luego aburre. Y le sobra también el subrayado constante del personaje de Wahlberg acerca de su búsqueda del sueño americano.
    Por lo demás... sigue siendo Michael Bay: planos breves, plano secuencia giratorio tomado de "Dos Policías Rebeldes 2", exteriores luminosos y coloridos, interiores oscuros y rancios, helicópteros, banderas americanas, mujeres ligeras de ropa... vamos, que sigue en su línea, pero esta vez un poco menos robótica y enormérrima. Es como si se hubiera tomado un descanso de transformers para hacer ejercicio, jeje.

    Pero vamos, seguro que vuelve a las andadas, no en vano es el mandamás en el Imperio del Cine Cazurro (en dura pugna contra Roland Emmerich) y tendrá que mantener su trono.

    Saludos, equipo!

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  4. Hola José Luis! Ese momento que mencionas (tan acertadamente) entre spoilers, aparece, a mi entender, en el momento idóneo para hacerse glorioso. Cuando ya el ritmo está decayendo, el interés está en otra cosa (¿las tetas de la protagonista?)... y de golpe boom. EL mejor gag de la peli, y recuperado el beneplácito. Por lo demás, bueno, de acuerdo contigo en estar de acuerdo conmigo, o sea, de acuerdo conmigo mismo, lo cual es de un egocéntrico que no veas xD

    Pero es que es eso, has descrito perfectamente las sensaciones que se desprenden de la peli (los tres chiflados... JUAS!). La cosa es que como ahora estoy muy pro-The Rock, no me molestó demasiado el rollo religioso, y mira que están pesaditos con el tema. Porque cada vez que salía con una camiseta nueva tipo "I am with Jesus" o así me tronchaba

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