Crítica de Asalto al poder (White House Down)

Asalto al poder (White House Down)
Emmerich, amigo, creíamos que ya te había quedado claro. Que lo tuyo no es ponerte serio, ni mucho menos experimentar con nuevos géneros cinematográficos. A estas alturas... Tú, querido, vales sólo para hacer estallar cosas. Ni siquiera para los momentos de teórico valor artístico entre explosión y explosión, la paja que debería hacer las veces de argumento, trama o desarrollo. ¿No se te había metido en esa cocotera teutona tuya tras aquél fiasco shakesperiano de Anonymous? Pues como si nada, oigan. Hétenos aquí una nueva decepción de órdago, gentileza del director de Independence Day, y encima esta vez con saña pues, gracioso él, Asalto al poder se vende con la promesa de haber recuperado al catastrófico cineasta metido en su salsa. Mejor aún, dispuesto a arremeter una vez más contra la Casa Blanca. Y sí, alguna cosa sí se rompe en la película; nada más faltaría, durando casi dos horas y veinte. Pero no se dejen engañar por la espectacularidad de su material promocional, que este nuevo atentado contra el Presidente de la Estados Unidos (no confundir con Objetivo: La Casa Blanca) está muy, MUY lejos de lo que se le exige al responsable de 2012.

Hablábamos de experimentación con otros géneros y es que ésto, señoras y señores, no es el tour de force de fuegos artificiales que cabría esperar, sino una película de acción al uso. Tras haber probado con el cine histórico en diversas ocasiones, y habiendo tratado la destrucción del mundo desde todas las variables posibles (cambios climáticos, godzillas y extraterrestres), al bueno de Roland le ha dado ahora por ser el nuevo John McTiernan. Desde el momento en que unos terroristas toman la Casa Blanca, Presidente y guardaespaldas (Foxx y Tatum) se convierten en un tándem a lo McLane y Zeus, o Riggs y Murtaugh. Un par de buddies con el modo shoot 'em up activado que son la última esperanza para evitar un ataque nuclear, etc. Primer error: ¿Cómo que evitar? Es el problema de Asalto al poder. Aquí se trata de evitar la destrucción masiva, y eso se consigue mediante, ante todo, la acotación de los atentados en un solo lugar, impidiendo un terrorismo mayor. Mal vamos. Porque eso, a efectos prácticos y tras una eterna y ridícula presentación de personajes, significa una sola explosión inicial para luego pasar a meros tiros. Cine de acción en estado puro, mirada puesta hace un par de décadas y toda la pesca.

Asalto al poder (White House Down)

Que no habría ningún problema al respecto, ojo. Hay ejemplos recientes de pelis-con-tiros-a-lo-años-80/90 exitosos para parar un tren. Pero si a Emmerich ya se le han cuestionado sus habilidades para las grandes catástrofes, figurémonos para casos más pequeñitos. Nada hay en la película que nos ocupa que mejore, no, que iguale la primera Jungla de cristal. Nada que demuestre mejores artes tras las cámaras que Richard Donner. Nada que justifique su visionado por encima de una reposición de Mentiras arriesgadas. Al contrario, la de Emmerich se descubre como una reproducción torpe y pobre de todo aquél universo de tipos duros y camisetas de tirantes enguarradas, y lo peor de todo es que justamente cuando más descaradamente imita a esas películas es cuando mejor funciona la suya. Vamos, que si la cosa hubiera quedado en un exploit de segunda categoría medio posmoderno, consciente de sus limitaciones y versado en esa acertada vis cómica que se le atisba aquí y allá, aun se la habríamos paso. Pero no.

Asalto al poder (White House Down)

Jeje y jaja, pero Emmerich se toma muy en serio lo que se trae entre manos por mucho que lo niegue en entrevistas posteriores. Y por eso infla Asalto al poder de profundidad (ejem) de personajes, dramatismo de andar por casa y hasta, ¡ay!, cierta crítica por un lado y valores patrióticos por el otro. Y el resultado es un auténtico adefesio. Se trata de un subproducto aburridísimo por eterno y por no contar con una sola sorpresa ni un mínimo de enjundia. Un hueco, previsible e impersonal ejercicio de repetición, que todo lo que tarda en arrancar apenas si encuentra compensación con algún momento apartado que se sale de la media por especialmente acertado. Pero es que por no tener, no siquiera cuenta con efectos digitales dignos, y eso que el recurso a ellos es, como venimos diciendo, muy limitado. Emmerich, querido, dedícate a romper cosas.
4/10
Por Carlos Giacomelli

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4 comentarios:

  1. José Luis García-Calvo Jaime26 de septiembre de 2013, 11:56

    Coincido tanto con la crítica, como con la nota, pero a mi me queda la duda de si ésto iba realmente en serio, o era una parodia (mal hecha, pero parodia al fin y al cabo).

    Empezando porque intenta copiar sin tapujos a la "Jungla de Cristal" (agente con hija en el lugar y momento menos apropiados), pero sin gracia y sin carisma. Pasando porque Jamie Foxx debe de ser el presidente más payaso de toda la historia del cine (o a lo mejor es que se trataba de eso), y terminando por un exceso de patriotismo extremo que no le sienta nada bien a la cinta.

    "Objetivo: la casa Blanca" no me gustó porque Gerard Butler iba de sobrado, y ésta no me ha gustado porque se dedica a unir secuencia mala tras secuencia mala hasta llegar a un clímax final ridículo y que da vergüenza ajena SPOILER el momento niña resabidilla de la bandera es sencillamente destructivo, unido al momento de la revelación final con muerte fingida incluída... en fin sin comentarios FIN SPOILER.

    Claro que si lo pensamos bien... a lo mejor resulta que la nueva manera de destruir que tenía pensada Emmerich era esa... un padre armario empotrado, una niña resabidilla armada con una bandera, y un improbable guía-action-man que acabaran con la paciencia de los espectadores xD

    Un saludo!

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  2. Juas, yo lo que creo que es Emmerich tiene mala suerte. Hizo El día de mañana. Luego volvió a hacer El día de mañana pero la llamó de otra manera (2012), y ahora iba a volver a hacerla pero le han dicho "Eh, esto me suena, tendrás que cambiar de idea".

    "Pero mein produktorer! Qué quieres que haga?"

    Hundido y sin ideas, fue a su salón donde conserva todo de pósters y cosas suyas, porque se quiere un montón a sí mismo, y se metió un chupito tras otro de jaggermainser (como sea) mientras veía La jugla de cristal para ahogar penas. Conste que al lado de la tele tiene un póster de Independence Day.

    A la mañana siguiente, con resaca, no recordaba nada, pero tenía una idea bestial y originalísima sobre su próxima película


    (Y este soy yo llegando al trabajo antes de que empiece mi jornada laboral)

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  3. José Luis García-Calvo Jaime2 de octubre de 2013, 17:24

    Buaaaah, qué grande!! jajaja! Y lo mejor es que seguramente tu teoría no esté muy alejada de la realidad, porque Emmerich lleva copiándose a sí mismo desde "Stargate", ya que si mal no recuerdo, "10.000" era "Stargate" con pollos alimentados con esteroides.

    Y a todo esto... ¿de dónde le saldría el interés por "Anonymous"?? Esa película sí que era destructiva en todos los sentidos, y sin tener que recurrir a lagartos gigantes o extraterrestres. Da miedo pensar lo que puede salir de la cabeza de ese tipo cuando tiene el día torcido.

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  4. Jajaja, lo de los pollos me ha matado xD

    Lo de Anonymous fue su broma asesina, creo. Así que cuidado, porque de momento Emmerich va de serio. Cuando le da la venada, el modo "ya veréis lo que nos vamos a reír", se saca un Anonymous de la chistera y ya la tenemos liada, que eso era de III Guerra Mundial...

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