Crítica de Blind Detective

Blind Detective
A pesar de haberse dado a conocer en occidente principalmente por sus duros, estilizadísimos relatos criminales, Johnnie To también tiene a sus espaldas un nutrido catálogo de, mucho ojo, comedias románticas. Sí, el hongkonés es un autor en su más salvaje acepción, y parece adscribirse a un género y unas constantes creativas que lo definen como depurador definitivo de ese género, pero eso no quita de que el hombre sea eminentemente polifacético. Tampoco que todo lo que tiene de inclemente retratista de la perdición, de la codicia, de los sentimientos más oscuros, pueda tenerlo también de narrador desenfadado y de juguetón picoteador de géneros más ligeros. Una tendencia que, por otro lado, se funde con la otra en relatos como este que nos ocupa, un Blind Detective que básicamente funciona como híbrido estilístico. El resultado, flojo, por debajo de la norma, aún lejos de remontar el vuelo tras aquella Vengeance que pareció su cima. Perdido en la misma indefinición que las menores Don't Go Breaking My Heart, Life without Principle o Romancing in Thin Air. Balance un tanto justo para los primeros años de la presente década, en los que sólo la muy tensada Drug War (esa sí, grande) parece aplicar un poco de salsa a la filmografía de To.

Pero ojo, no hay que perder la esperanza. Me considero fan absoluto del realizador, y como tal opto por esperar una nueva cita mayor disfrutando la presente Blind Detective en la medida de lo posible y como lo que es: un divertimento intrascendente. Y lo cierto es que rasgos positivos sí pueden extraerse. Primero, y probablemente más importante, que To está en posición de sumarse con tranquilidad -hace unos años ya- a la caterva de directores que pueden hacer lo que les dé la gana. Su profesionalidad es intachable, su habilidad aplastante, su capacidad para construir productos impecables, sean del signo que sean, insobornable. Y aquí está claro que el director ha venido a pasárselo bien y a hacérnoslo pasar bien a nosotros mediante este batiburrillo de géneros que amalgama un relato policíaco con una comedia semirromántica, una película de acción con un esperpento de humor absurdo y un cartoon de chiste físico con una buddy movie de acción o, más propiamente, con un relato de mentor y aprendiz.

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El argumento, que remite a otro logro mayor del realizador (Mad Detective: también ahí había un detective con un don un tanto bizarro) no deja mucho lugar a dudas entorno a sus intenciones lúdicas: un detective ciego y una agente de la policía se embarcan en un misterioso caso que se remonta a años atrás, con la ayuda de los poderes casi sobrenaturales de reconstrucción de escenas del crimen del primero. Suena a relativa tontería, y lo es. Pero a To no parece importarle nada más que construir un espectáculo y construirlo bien. Y se agradece, porque ante la colección de tonos chirriantes y el uso de recursos un tanto tópicos, uno siempre puede terminar confiando en la mañosa puesta en escena del realizador, francamente eficiente, nunca renqueante. Y en esa realización y planificación tan cuidadas como siempre, tan enriquecedoras en lo narrativo y estilosas en lo estético. To, incluso el To más distendido, sigue sabiendo cómo construir atmósferas opresivas y ambientes claustrofóbicos en esos pasajes oníricos, casi pesadillescos. Y su noche urbana, sumisa en la insondable oscuridad surcada de los colores punzantes de las luces, sigue mostrándose altamente electrificada. A pesar de, insisto, el tono ligero de la obra.

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Otra cosa es que el guión parezca, a menudo, más pendiente de buscar el chiste direct o, peor, el reconocimiento de un modelo más o menos estandarizado y asumible por un poco todo el mundo. Al final Blind Detective lo quiere ser todo y no termina siendo especialmente nada. Simplemente parece una película no se puede estar quieta, que a ratos no sabe ni siquiera pararse a reformular o cimentar sus propias tesis, ni a intentar parecer algo más sólida y compacta. Se rinde, en cambio, al histrionismo de su pareja protagonista (compartiendo cartel de nuevo los entrañables Andy Lau y Sammi Cheng), suerte de traslación de Holmes y Watson que saltan de lo cómico a lo romántico, y de ahí a lo afectado. Y queda entregada en fin a una trivialidad que la sitúa lejos, muy lejos, en otra galaxia, respecto a las mejores obras de su director. Pero poco interesada parece en compartir panteón con ellas. Blind Detective, a malas, tiene mucho oficio, una gracia remota y una incontestable capacidad para entretener. Y a mí con eso me vale. Así que vista, incorporada al catálogo To y a esperar momentos igual de agradables pero, de nuevo, infinitamente más dramáticamente poderosos. Que él puede, y cuando lo logra, arrasa.

6/10

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