Crítica de Rio 2096: Uma história de amor e fúria

uma história de amor e fúria
De cuando a las curiosidades fílmicas se las puede tachar de poco más que de eso. Rio 2096: Uma história de amor e fúria se añade al catálogo de películas animadas firmadas en Sudamérica, hasta ahora ignoradas en el resto del mundo a nivel comercial y crítico, si exceptuamos casos honrosos, que también los ha habido. Me viene a la cabeza la muy cultificada ¡Vampiros en La Habana! Y ya veremos qué ocurre con el presumible pelotazo Metegol. En consecuencia, la película de Luiz Bolognesi viene a dejar patente una dudosa tendencia. Esa especie de condescendencia crítica hacia películas facturadas en países que no logran exportar según qué tipo de productos: aunque la industria animada brasileña se remonta a los años diez del siglo pasado y ha conocido una Historia algo irregular pero constante, pocas son las películas que, más allá de posibles intereses y búsquedas personales, hemos podido ver por aquí. Especialmente encuadradas en la categoría "animación para adultos". Pero ello no debe ser motivo para aplicar benevolencia sobre la que nos ocupa que, siendo sinceros, es bastante justita en resultados.

No así en intenciones. Pese a su duración escasa, esto pretende ser un gran fresco extensivo sobre la historia de Brasil divido en cuatro episodios que reflejan algunos de sus momentos clave, especialmente los que fueron escenario de represión e injusticia. De este modo la historia arranca en 1566, escenario de la colonización de los portugueses y las masacres de indígenas; salta a 1825, en plenas guerra de la independencia; de ahí a las revueltas estudiantiles y las turbulencias políticas de la dictadura militar en 1968; y finalmente culmina en un distópico 2096, futuro-infierno donde la represión está a la orden del día y el agua es bien preciado. El ambicioso plan de Bolognesi termina de rubricarse con una historia de amor que corre medularmente a toda la película, aglutinando los cuatro segmentos bajo el signo del culebrón de amor eterno: la obsesión de un hombre por una mujer (o los sosias de ambos) a lo largo de los seis siglos de historia que abarca el tapiz narrativo. En esencia -y quería evitar el reduccionismo, pero me resulta imposible- esto es una especie de ripoff animado de El atlas de las nubes con La fuente de la vida de por medio.

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Claro, es un problema. Porque ni los referentes tienen mucha chicha de por si (parecerse a 300 en algunas escenas de batalla es otra de las aparentes intenciones de la película) ni los resultados brillan especialmente. Al contrario, a pesar del exoticismo de la propuesta argumental (¿a quién podría no interesarle la historia de Brasil?) todo lo que se narra en la película lo hemos visto ya, y no pocas veces, en otros lados. Más ejemplos: el drama de espíritu revolucionario evoca las reconstrucciones de los episodios turbios de los 70 en la línea de Carlos. La distopía tecnopunk está demasiado pendiente de Animatrix. Y así. A resultas, todos los fragmentos remiten a esas otras obras de manera un tanto torpe, diluida, como si se contentaran con simplemente evocar, como si se conformaran con ser "sucedáneos de".

Pero no sólo es así en lo tocante al guión. A pesar de su aparente empaque, a pesar de su cuidado visual en algún aspecto aislado (básicamente el diseño de los fondos), Rio 2096 adolece de un apartado técnico más pobre de lo que parece estar dispuesta a reconocer. Es de suponer que el director y sus animadores se las han intentado manejar -combinando animación tradicional con acabados en 3D- para que sus imágenes resulten impactantes, competitivas en un mercado en el que lo visual parece ir borrando a cada paso lo logrado en el anterior. Pero lo cierto es que tanto el movimiento (torpe, rudimentario) como un diseño de personajes excesivamente condicionado por el modelo Disney de mediados de los años 90 ponen en evidencia las escasas posibilidades. Uno se pregunta si quizá a Bolognesi le habría convenido más una apuesta técnica más austera y menos espectacularizante para un mayor cuidado de los diseños. Quizá, digo yo, debería tomar nota de los logros en este terreno de autores como Ari Folman.

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Como sea, terminan de lastrar el conjunto una amalgama desafortunada e histérica de músicas, una voz en off un tanto obvia que carga las tintas de lo discursivo y una extraña sensación final. La de haber asistido a un producto muy evidente en intenciones pero totalmente inconsciente de sus propios resultados e incluso desnortado en algunas de sus tesis: excepto en casos de ucronía, no se puede hacer historia y ciencia ficción al mismo tiempo; dicho de otra manera, ¿no despoja de seriedad y rigor histórico la convivecnia en una misma película de unos hechos reales y terribles con una colección de meras suposiciones pesimistas entorno a un futuro que, de momento, es pura fantasía?

No sé si por todo ello a esto se lo puede tachar tanto de mala película -objetivamente tiene tan pocas cosas buenas como realmente malas- como de película fallida. Pero como sea, si Rio 2096 pasa a la historia del arte será por cuestiones más sociales y por logros más colaterales que por méritos propiamente cinematográficos.

5/10

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