Crítica de Rush

Rush
Con permiso de Spielberg, Ron Howard es el mezclador de historias épico-reales por excelencia. No se contenta con adaptar un caso cualquiera de superación personal, no. El director, actor y guionista pelirrojo lo convierte todo en una epopeya dramática nivel Apolo 13. Hasta lo más contenido que se le recuerda, ese reciente y celebrado encuentro dialogado entre Frost y Nixon, adoptaba ciertos dejes de Gran Drama. Y ojo, que se le podrán recriminar muchas cosas (un servidor es el primero que no puede soportar Una mente maravillosa), pero la habilidad del responsable de Cocoon por contar pequeñas historias a lo grande es innegable y eso, acudiendo a la sala de proyección con mentalidad cien por cien hollywoodiense, es de agradecer. Vamos, que Howard sabe lo que se hace, sabe contar historias de forma envidiable, y otra cosa es que luego las historias en sí respondan al mismo nivel en que se presentan (y el díptico basado en las novelas de Dan Brown es el mejor ejemplo de este contraste). Por eso se antojaba francamente golosa una adaptación de la vida de Nikki Lauda y James Hunt de la mano de un cineasta tan dado a la espectacularidad formal. Y no andábamos desencaminados quienes albergábamos esas esperanzas: Rush es, ante todo, una producción absolutamente espléndida. Tanto, que hasta el habitual desencanto argumental pasa desapercibido.

Porque no nos engañemos, la rivalidad que se estableció entre sendos pilotos allá por mediados de los años 70 dio para momentos de pura gloria, pero su dramatización peliculera no deja de ser una muy habitual historia de superación personal, de grandes metas y mayores evoluciones de personajes. El guion, de Peter Morgan, es en esencia casi un calco de otras cintas del director de Cinderella Man: El hombre que no se dejó tumbar (o similares: inclúyase cualquier ejemplo de género deportivo), con un cambio de marco y poco más. Quizá con la diferencia de otorgar una mayor relevancia a los compases previos al gran accidente que dejó a Lauda hecho unos zorros, para estudiar personalidades al límite y acrecentar de manera natural el deseo de superación de uno y otro pilotos en todos los aspectos de sus respectivas, si bien vinculadas hasta que casi carezca de sentido la una sin la otra, vidas. Eso, traducido en drama norteamericano actual, es equivalente a personajes previsibles y demasiado condicionados por sus rasgos antagónicos, explicados y masticados hasta la saciedad y sin apenas matices que inviten a una lectura más profunda. Hay un mensaje que se quiere transmitir, y sólo importa, a la postre, que quede bien claro y sin posibilidad alguna de duda.

Rush

Sólo que esta vez la decepción acostumbrada queda aliviada y de qué manera. Apuntábamos al principio la importancia del envoltorio, y es que Ron Howard se desmarca con una producción relamida y manierista hasta la médula, pero a su vez espectacular y plagada de planos, y momentos en general, para el recuerdo. Como si de una carrera real se tratara, Rush empieza mostrando todas sus bazas: una salida tan fulgurante como efímera, apenas unos segundos de efectos digitales, ralentíes y fotografía alterada, bañada con voz en off de un convincente Daniel Brühl para dar buena cuenta del nivel de gravedad que calzarán los 120 minutos largos que están por venir. Después se asienta la polvareda y (como en todo gran premio) el ritmo baja un poco las revoluciones, o más bien se adapta a un tipo de película diferente de lo esperado, donde las carreras pasan a un segundísimo plano y son casi maltratadas por el cineasta en pos de un mucho más trabajado seguimiento de los personajes y sus múltiples anécdotas, amoríos, fiestas o evoluciones profesionales. Maltratadas, sí, porque diríanse metidas con calzador; sus apariciones son fugaces y abruptas, montadas a golpe de videoclip hasta resultar mareantes, descolocando al espectador amoldado a los tempos de las tramas personales. Como un adelantamiento a 250 por hora.

Pero de nuevo, todo parece responder a un plan maestro. O si se prefiere, estar calculado para culminar con el arreón final de las últimas vueltas, hacia las que Rush se ha ido acercando a ritmo creciente, con pulso firme, y con autoridad. De manera que casi sin darse cuenta, el espectador se descubre a sí mismo vibrando con un clímax de traca (con independencia de saber o no la conclusión real de la historia) que esta vez sí despliega, para el famoso GP de Tokio de 1976, un arsenal técnico y audiovisual que desborda la pantalla. Hans Zimmer, pletórico a los mandos de la banda sonora, acompaña a un Ron Howard sumamente esforzado, que abusa de cámaras hiperlentas para luego acelerar a velocidades de vértigo; de la comunión de ambos, y de todo el poso generado previamente, salen veinte de los minutos más espectaculares que probablemente hayamos visto en la presente campaña.

Rush

A Rush, en definitiva, se le pueden achacar muchas cosas. Es irregular y peca de limitación de horizontes en lo que a argumento y descripción de personajes en general se refiere. Pero demonios, qué pedazo de espectáculo se nos ha brindado: pasajes para el recuerdo, intérpretes más que acertados (hablábamos antes de Brühl como Lauda, pero mucho ojo a Chris Hemsworth como Hunt) que compensan con personalidad y encanto las carencias antes citadas, y sobre todo, sobre todo, una salida de la sala con el corazón a mil. La odiarán los anti-Hollywood, pero quienes puedan dejarse de prejuicios, puede que se den de bruces con una de las Grandes de la temporada. Ojo.
7,5/10
Por Carlos Giacomelli
 
Enlaces relacionados
Trailer de Rush

1 comentario:



  1. Howard ha sabido captar el genuino espíritu de la competición, y nos ha transportado al pasado en un viaje inolvidable. Sus imágenes son adrenalina pura...

    He escrito una reseña sobre la película en mi blog de cine:

    http://macguffin007.wordpress....

    ¡Espero que os guste!

    ResponderEliminar

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías