Crítica de 009 Re:Cyborg

009 Re:Cyborg
La cosa va así: allá por año 1963, Shotaro Ishimori creó un manga titulado Cyborg 009, en el que nueve personas eran secuestradas y reconvertidas a cyborgs por una sociedad maligna, de la que escapaban para unir fuerzas a posteriori, y eliminar malos, salvar el mundo o lo que se terciara. Ahora, con Ishimori fallecido años ha, llega Kenji Kamiyama y recupera a esos héroes para 009 Re:Cyborg. Deben reunirse una vez más, si bien algunos ni siquiera sean conscientes de su condición robótica, para hacer frente a un ataque terrorista mundial que está acabando con los rascacielos de todo el mundo. Aunque se juguetee con diversas opciones (¿qué hacen los estadounidenses disparando bombas contra Japón?) el némesis a quien hacer frente es una misteriosa Voz con la que deberán dar para, ya de paso, resolver algunas cuestiones sobre su existencia y demás. ¿Y quién es Kenji Kamiyama? El responsable de las sagas Blood y Ghost in the Shell: Stan Alone Complex. Lo cual debería ser de gran ayuda para ver esta nueva propuesta suya con algo de preparación previa.

O para pasar completamente de su visionado, opción a la que desde aquí nos acogeríamos de no ser por su participación en el festival de Sitges. Y es que si hay algo que brille por su ausencia en la filmografía del cineasta es el concepto de entretenimiento puro y simple. Todo lo que hemos visto hasta ahora de él está bañado de un aura de dramática prepotencia y seriedad, como si se avergonzara de estar haciendo dibujos animados y por ello, restara de la ecuación todo atisbo de divertimento por temor al ridículo. Y el caso de 009 Re:Cyborg no es la excepción: arranca divinamente, con una explosión muy a lo 11-S tirando de efectos digitales, lo que puede dar pie a un estupendo anime de acción por todo lo alto. Pero en seguida se olvida de lo espectacular para perderse en infinidad de reflexiones y monólogos con un innecesario punto metafísico, tornándose rápidamente en un peñazo con todas sus letras. Peñazo por voluntad propia, pues Kamiyama sigue en su línea cargando las tintas de una trascendencia y relevancia que ni existen, ni tenían razón de ser. Son los pasajes en los que se empiezan a presentar a los personajes, lo cual por si fuera poco se acompaña de otro gran problema, como es un diseño de los mismos de lo más pobre, casi llevado a cabo con dejadez. Se genera (y no es poco común en la animación japonesa) un contraste inmediato entre lo cuidado de los escenarios y los efectos creados por ordenador, y la parte clásica, artesanal de la animación. Y se le suma un problema extra: la clara afectación del 3D que, vista la película con una dimensión menos, distorsiona muchas escenas hasta lo grotesco.

009 Re:Cyborg

Pero la nave va, toca hacer de tripas corazón y desear que la maquinaria se reactive. Cosa que sucede sólo a fogonazos. Incapaz de darle ritmo a su trama de atentados (y repetimos, los atentados molan), la cinta se asienta definitivamente en su carácter excesivamente dialogado, progresa a velocidad de crucero en su apartado metafísico de andar por casa, hasta acabar en el ridículo más absoluto (precisamente lo que quería evitar el cineasta); y reserva a la acción un rol mucho más secundario de lo deseado. Pena, porque si bien muchas de las decisiones que se toman de cara a las coreografías de las mismas sean discutibles (esos ralentíes, esos puñetazos en la lluvia tipo Neo), siguen suponiendo escenas vistosas.

Fiel a su estilo, Kamiyama recupera un gran clásico de los cómics japoneses para reconvertirlo en un galimatías tan aparentemente lioso como simple y vacío, con un tufillo post-Matrix que le hace un flaco favor al espectáculo que podía haber ofrecido esta historia de terrorismo versus cyborg. Aunque quizá sus ansias de Importancia (así en mayúscula) se deban, en verdad, a una evidente falta de originalidad: por muy ambiciosa que pueda parecer, 009 Re:Cyborg no deja de ser un mash-up de conceptos vistos por Evangelion, por Akira, o por la propia Ghost in the Shell… Cosas del anime, supongo.
4,5/10
Por Carlos Giacomelli

2 comentarios:

  1. Me lo parece a mi o en Sitges la selección de las películas de animación está cada vez menos currada?
    O sea, tan malo es lo que hay disponible en animacion? (Aparte The Wind Rises, que es garantia absoluta, y el Captain Harlock, que ya veremos...)

    Hareis un articulo general de películas que HAY que ver y las que precisan de sugerencias de cuarentena?

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  2. Ah, que estuvo currada alguna vez? Yo odio que pongan películas de animación, aunque me daría igual si lo dejaran todo en la sección "Anima't". Cuando las cuelan (como esta) en la Scción oficial me hierve la sangre. Y luego: para esta dos o tres pases, venga, toma... y para The Wind Rises sólo uno, un fin de semana y por la noche (o sea, la sala a petar). Están locos.

    Sobre el especial... más que por falta de tiempo, que también, no podemos hacerlo este año simple y llanamente porque no tenemos ni idea de qué vale la pena y qué no. En serio, luego esperamos equivocarnos, pero a priori, el cartel nos parece una patillada, ni siquiera se han molestado por buscar películas de género fantástico o de terror... na de na.

    Tío, de las últimas que vimos, Prince Avalanche, es una comedia indie con Paul Rudd, del director de Superfumados. Que la peli mola un huevo, eh? Pero... ¿Sitges, hola?

    Así que me temo que eso no lo haremos. Quizá un listado con todas las películas y estrellitas conforme las vayamos viendo, eso sí xD

    En todo caso, con esta ya son 20 las pelis que hemos criticado ya del festival, eh? No te nos quejarás (hay como 10 críticas más ya en la parrilla de salida. Pista: A field in England es la mayor locura jamás existida en Sitges. Vale, tanto no, pero vamos...)

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