Crítica de Grand Piano

Grand Piano
Eugenio Mira no venció, ni convenció, con su anterior propuesta, Agnosia. Pero si algo tenía aquella era una ambición de aúpa. Por lo que sorprende hasta cierto punto que ahora, aunque a priori se traiga entre manos una película mucho más sencilla tanto de fondo como de forma, Grand Piano esconda en el interior de sus engranajes unas metas aún mayores. A simple vista y por muchos (quizá demasiados) aspectos, se trata de un thriller de serie B o más abajo. Un argumento que hemos visto en infinidad de ocasiones y de todas las maneras: un hombre solo, amenazado de muerte en un escenario ínfimo y perfectamente delineado, con apenas un par de recursos a su alcance para tratar de salvar el pellejo. Hace nada, Rodrigo Cortés (aquí en tascas de producción, por cierto) metía a Ryan Reynolds en una caja, le daba una Blackberry y un mechero, y hala. No demasiado tiempo atrás, Joel Schumacher obligaba a Colin Farrell a responder la llamada de una cabina telefónica, y del aparato sonaba una muy amenazante voz de Kiefer Sutherland. Ahora es Elijah Wood quien es acosado por John Cusack, y el escenario es un piano. En concreto, Wood es un famoso músico que años ha sufrió un estrepitoso fracaso en un concierto; cinco años después vuelve a ofrecer un espectáculo, pero con la presión añadida de tener un arma apuntándole. O toca a la perfección la partitura maldita, o muere. Por estos derroteros discurre un argumento increíble, una chorrada como, jeh, un piano. Pero ya avisábamos que aquí hay ambición y de qué manera. Porque con esta, Eugenio Mira quiere disfrazarse de Alfred Hitchcock, nada más y nada menos.

Y lo cierto es que lo consigue, oigan. O mejor, le rinde un homenaje de lo más acertado. Es evidente que el entramado de Grand Piano no tiene ni pies ni cabeza. Es más: a medida que avanza, la cinta va tornándose más y más inverosímil hasta provocar, en no pocas ocasiones, la carcajada. Seguramente sea buscado, y es que tampoco parece mostrar demasiada preocupación por esconder ese espíritu tan abiertamente bañado por la caspa. De manera que quien quiera buscarle cierto realismo al asunto, algún atisbo de plausibilidad (por mucho que ya haya tenido que hacer la vista gorda al hecho de que cualquiera pueda colarse por las bambalinas de un teatro, meter armas enormes destrangis y apuntar con su puntero rojo al centro de atención del escenario sin que nadie se percate de ello) puede salir escaldado. Un absurdo tras otro cuya concatenación está pidiendo a gritos lo contrario: por favor, que todo el mundo se tome esto como un divertimento sin pensar demasiado en ello. Acordados los pormenores del contrato, queda un producto quizá no tan aprensivo como Buried (Enterrado) ni tan frenético como Última llamada, pero en todo caso entretenido y engrescador. Y es que sin detenerse más de lo necesario en material de relleno, a la que pisa el acelerador lo hace a fondo y el público lo agradece.

Grand Piano

Y aquí es donde hace acto de presencia la figura de Mira, dinamizador de lujo para la propuesta. Cambiando los grandes marcos de su anterior trabajo por poco más que un escenario y un palco, se descubre deliciosamente artesano detrás de la cámara, alternando travellings con planos detalle, dando vueltas alrededor de su protagonista humano y correteando por arriba, abajo, dentro y fuera del (no tan) pasivo secundario, el enorme piano de cola que suena sin pausa durante prácticamente todo el metraje y que parece tomar vida. Y en el proceso, regala infinidad de momentos para deleite del cinéfago curtido en thrillers clásicos del maestro del suspense (atención a esa secuencia entre plásticos y espejos que culmina en el primer plano del cuello de una mujer, y la fugaz transición a un violoncelo; o a la sensación de ver a Wood colgando de los hilos de un titiritero...). Porque es lo que decíamos hace un momento, como mejor funciona Grand Piano es como sentido y sincero homenaje al de Psicosis. A él y a todos sus alumnos, claro está; peligroso sería no citar siquiera a De Palma, sin ir más lejos, o a Roeg o incluso Argento. Pero lo cierto es que mezclando el sensacional gusto de Mira, con el toque cromático basado en rojos, blancos y negros, con la música que sube y baja de intensidad acorde al compás del devenir, e incluso con sus alargados títulos de entrada, por momentos la cinta traslada al universo de Hitchcock con sentida reverencia.

O sea que no, Grand Piano no es perfecta porque tampoco lo pretende. Lo que busca es entretener por todo lo alto y eso sí lo consigue a las mil maravillas, mediante un entramado tan inverosímil como disfrutable, cargado de piruetas y de patilladas, pero adictivo. Y sobre todo, lo que logra con ella Mira es lamer heridas con un trabajo notable, cuidado y estudiado. Haciendo de la suya una propuesta tan honesta y sencilla a priori como vehículo excelente para desplegar, definitiva y firmemente, sus armas como narrador de películas. Y no son pocas. Delicioso cine de antaño trasladado a la actualidad.
7/10
Por Carlos Giacomelli

Y en el Blu-Ray...
No era demasiado fácil traspasar a la pequeña pantalla las sensaciones que desprende, a nivel audiovisual, la película de Mira. Cambiante, con colores saturados que dan paso a escenas oscurísimas, con un planteamiento voluntariamente retro en ocasiones minilaista, en otras barroco... Una tarea compleja que los 50Gb del disco en alta defición que propone Paramount cumple sobradamente. A niveles globales seguramente no vaya a ser la de Grand Piano una edición top en lo que a calidad de vídeo se refiere, pero sabe atender a las exigencias del film de manera notable. Lástima de algunos momentos de evidente bajón de calidad de imagen, que sin embargo en ningún momento empañan el cómputo total.
Harina de otro costal es el audio, que es brillante en su master en versión original DTS-HD 5.1., seguido muy de cerca por los doblajes en similares características técnicas.
Remata la faena un surtido de extras escueto pero de agradecer:
  • Featurettes: un total de siete minidocumentales en los que se suceden declaraciones de los responsables del film (tanto de Mira como de Cortés o de Víctor Reyes, compositor), momentos del rodaje, etcétera. A destacar "El plano Wayne": 4 minutos dedicados a una de las escenas más complejas del film; y "Banda sonora", de unos 3 minutos (el resto de capítulos llevan por título Especialistas, Siguiendo a Eugenio, Coaches, Efectos especiales y Desglose de los efectos especiales).
  • Making of: 17 minutos de Cómo se hizo, con algunos momentos recuperados de las featurettes.
  • Entrevistas a Elijah Wood, John Cusack y Eugenio Mira (7 minutos).

1 comentario:

  1. Una gran película! La vi ayer en Sitges y me resultó una obra maestra! Y si que es verdad que tiene un aire a "Buried". Pero si me tuviera que quedar con una de las dos, sin duda seria "Gran Piano.

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