Crítica de La jungla (The Jungle)

La jungla (The Jungle)
A vueltas con el found footage y su maldita bipolaridad. Si hace nada hablábamos de esconder el hacha de guerra por obra y gracia de Europa Report, toca volver a cargar la bayoneta para arremeter sin remisión contra la otra cara de este subgénero. Lo peor de lo peor, lo que hace que cada vez más espectadores renieguen, directamente, de todo lo que huela a esto no es una película, es el material encontrado después de una desgracia X. Bienvenidos a The Jungle. Desde Australia y de la mano de un experto en cine con animales salvajes y/o naturaleza amenazante (suyas son Black Water, El arrecife y la letra G de The ABCs of Death) como es Andrew Traucki, llega esta grabación que hace las veces de explicación para la desaparición de dos hermanos que se adentran en la selva de Indonesia en busca de un leopardo en peligro de extinción. Una premisa prácticamente idéntica a todas las demás, para una película cuya mayor sorpresa es lo salvaje que llega a ser su repetición de una fórmula extinta allá por El proyecto de la bruja de Blair (the one and only), re-explotada en infinidad de ocasiones posteriores con idéntico y desalentador resultado, y que cuya lección dábamos por aprendida: que para tirar de found footage, hay que ofrecer algún plus alternativo. Nada, Traucki debe de ser especialmente duro de mollera.

The Jungle empieza como todas: un rótulo avisa de que esto es todo lo que nos ha llegado de la expedición, y a partir de ahí, arranca la habitual sucesión de pruebas de cámara, b-roll mientras se prepara el viaje... de manera que volvemos a conocer a los protagonistas y el marco en que sucederá la acción tirando de la misma estructura cansina que apuesta por la total intrascendencia. Como si su único propósito fuese quemar minutos para pasar del cortometraje al largo. Normalmente, motivos más que de sobras para abandonar la sala, sólo que se le concede cierto margen extra porqueparece que vaya bastante a piñón con este aparentemente peaje obligatorio del género. Por eso y porque, claro, no es lo mismo presentar el interior de una casa que una selva de escándalo en Indonesia. De manera que sí, se prosigue con el visionado y para tener la conciencia tranquila, se acude a esas pequeñas migajas de mal rollo que con que la película intenta sembrar su camino: que si información de ataques misteriosos, que si la creencia popular de la existencia de maldiciones etc. Aunque quien más quien menos, todos reconocemos que esos pequeños conatos de tensión no valen para nada: esto progresa con ritmo firme hacia el fracaso por repetición.

La jungla (The Jungle)

Y peor aún es la total ausencia de miedo real (o incapacidad por generarlo). Porque al final, esto va de un documental sobre la búsqueda de un felino salvaje. Y así es muy difícil generar terror al descubrir los restos de un animal medio devorado, heces aún calientes (sic), o pisadas. Demonios, ¡para eso han ido! La gracia en propuestas idénticas (El proyecto de la bruja de Blair, The Bay) reside en que por encima de todo, está la amenaza/búsqueda de algo desconocido, literalmente inimaginable para el espectador. Aquí, el habitual juego de pistas y pausas, de declaraciones sorprendidas y respiraciones agitadas… el no pasa nada acostumbrado, en otras palabras, sirve para generar ¿qué? ¿Respeto hacia un animal salvaje? El espectador ya sabe que no debe meter la mano dentro de la jaula del zoo, digo yo. Para esto, mejor quedarse con un episodio cualquiera de El cazador de cocodrilos o Frank de la jungla, que por lo menos son más divertidos y duran menos. Oh, luego, ya muy entrados en materia, la cosa cambia: hay algún elemento de magia negra metido con calzador, algún efecto paranormal que casa igual de mal… y en definitiva se pretende, deprisa y corriendo y sin preocuparse por preparar el terreno, que el espectador viva con intensidad los inesperados descubrimientos de sus protagonistas. Cuyos actores, para mayor desgracia, en ningún momento son capaces de hacer creíble el teórico asombro de sus álter egos.

El resto es historia. Cuando en teoría suceden los momentos más dramáticos del film, The Jungle se torna ininteligible por sus frenéticos movimientos de cámara, carreras a oscuras y pixelaciones; ahora la linterna falla cuándo pasa algo importante, ahora es la imagen, el sonido… todos los recursos que pueda uno esperar (y odiar) del género. Y que Ya. No. Cuelan. Para todo ello hay que esperar hasta la hora y cuarto, de la hora y media de metraje total, en un último y burdo plagio de Blair que significa además una vuelta de tuerca final al ridículo que acaba siendo esta fotocopia de fotocopia de fotocopia. Qué final, señoras y señores, qué final. En fin, con sus más y sus menos, a The Jungle se le podría haber sacado mucho partido; podría haberse enarbolado una pesadilla moderadamente entretenida… si alguien se hubiera preocupado por buscar algo de dinamismo, tensión o simplemente, justificaciones que fueran más allá de querer estirar un chicle que hace tiempo que se rompió.
1/10
Por Carlos Giacomelli

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