Crítica de Prisioneros (Prisoners)

Prisioneros (Prisoners)
Si es que no podía fallar. Por la sencilla razón de que estas estrategias, basadas en la acumulación de cineastas de primer orden para contar un thriller de corte más o menos policíaco con mucho de estudio de personajes, nunca fallan. Ahí está Zodiac, caza al asesino que se alarga durante décadas y que reunía a David Fincher con Mark Ruffalo, Robert Downey Jr. y Jake Gyllenhaal entre otros; Mystic River, de Clint Eastwood y con Sean Penn, Tim Robbins y Kevin Bacon; o El topo (Tomas Alfredson, Gary Oldman, Benedict Cumberbatch, Colin Firth…) más centrada en el espionaje que en el polis y cacos, pero cortada más o menos por el mismo patrón con que se presenta ahora Prisioneros: un par de familias amigas sufren la desaparición de sus respectivas hijas menores, lo que da pie a una investigación policial de eficiencia cuestionable. Motivo por el que entra en juego la posibilidad de tomarse la justicia por su mano por parte de los afectados, por más que ello acarree decisiones en caliente aún más cuestionables y moralidades francamente dudosas. Hugh Jackman, Jake Gyllenhaal (de nuevo), Viola Davis, Terrence Howard, Maria Bello, Melissa Leo y Paul Dano es el apabullante reparto de la película, escrita por Aaron Guzikowski y rodada, con la mayor frialdad y contención posibles, no exentas de cierta grandilocuencia, por Denis Villeneuve (Incendies).

Precisamente eso, una personalidad sumamente gélida, también acerca posturas de toda la ristra de películas citada hace un momento (hay más: Millennium, The Town…). Al igual que en esos casos, la que nos ocupa pretende extraer emociones próximas al horror puro, palpable, mediante un tempo y desarrollo sumamente estudiados, evitando en todo momento cualquier atisbo de floritura más vistosa en pos de una evolución con la cotidianidad más absoluta como punto de partida para ir escalando, peldaño a peldaño, de matera terroríficamente real. De manera que Villeneuve, en realidad, se dedica a recoger con puntilloso academicismo lo que sucede ante la cámara sin anteponer jamás su figura a la producción que se trae entre manos… De hecho, quizá peque de demasiada corrección e impersonalidad (en uno de los no pocos pasos en falso de la cinta), si bien ello no evite la existencia de un buen puñado de pasajes para el recuerdo, alguno de ellos concluido con imperiosos fundidos a negro. Y lo que sucede en pantalla huye de grandes persecuciones o tiroteos, de crímenes vistosos o de personajes semi-heroicos. En vez de eso, apuesta por lo que se diría un retrato social de la América profunda, clase media para abajo, hilvanando personalidades y reacciones sumamente creíbles para que, a la postre, acaben generando la misma aprensión que cualquier thriller de grandes asesinos. Vamos, que Prisioneros asusta desde el nivel de tierra, apuntando con el dedo al espectador y preguntándole qué haría él en su lugar. Desde luego, la decisión que toman los protagonistas acojona.

Prisioneros (Prisoners)

Ese inesperado a la par que bienvenido estudio social centra el interés de la primera mitad (algo así como una hora y cuarto), en la que casi se desprecia la investigación policial de la misma manera que los propios agentes lo hacen en ficción para desespero de un muy convincente Hugh Jackman. Material de sobras para un largometraje entero, que sin embargo pega un vuelco desde el momento en que hace acto de presencia un giro a medio metraje para desmontar todo el puzle construido por el espectador hasta entonces, haciéndole coger nuevas piezas con las que empezar prácticamente de cero otra vez. A su favor cabe decir que el tono general de la película no varía: el director sigue firme en su postura entre la frialdad y lo impersonal, y el guion se toma su tiempo, sin alterar ni un ápice sus ritmos, para disponer el nuevo terreno de juego; consigue, en definitiva, evitar la sensación de haberse ido de las manos a base de una progresión continua y uniforme. Pero a su contra juega cierta dispersión tanto argumental (se abren demasiados frentes, siendo alguno de ellos muy difícil de casar con el hiperrealismo previo) como emocional. Es como si ahora, lo que empezara a despreciar Prisioneros fuese el castillo que había construido con sumo cuidado hasta entonces: el retrato emocional, sumamente acongojante, de un padre herido en medio de una sociedad gris, deprimida y enferma. Bueno, en su lugar opta por potenciar el hasta entonces latente espíritu de serie B.

Prisioneros (Prisoners)

Lejos de nosotros tildar de errónea una decisión (porque eso es lo que es a fin de cuentas) totalmente lícita. Pero a título personal, somos de preferir una película que se hubiera mantenido del lado del desarrollo de los personajes. Que hubiera seguido creciendo en base a la construcción profunda de un marco que se acaba haciendo claustrofóbico y pesadillesco (esas secuencias de lluvia y nieve, sus oscuros, el baño de la casa abandonada…) casi de manera natural. Aunque con ello se hubiera perdido el esforzadísimo factor sorpresa con que se busca llamar la atención del otro público, el que busca antes un entramado plagado de giros que una historia de personajes. Sea como sea, qué duda cabe, Prisioneros tiene más que de sobras para convencer a unos y a otros. Quizá no alcance las cotas de las obras maestras recientes del género a las que aludíamos al principio, pero su solidez emocional, el elegante empaque audiovisual con que se presenta y, last but not least, sus portentosas interpretaciones, siguen colocándola en un lugar muy próximo al podio. Con algo más de humildad (y un final algo menos evidente), quizá lo hubiera alcanzado y todo…
7/10
Por Carlos Giacomelli

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1 comentario:

  1. José Luis García-Calvo Jaime18 de octubre de 2013, 2:22

    Totalmente de acuerdo con crítica y nota. Me ha parecido de las mejores películas de este año, con unas interpretaciones de la leche, sobre todo Jackman y Gyllenhaal (en la secuencia del "interrogatorio" lo borda) y con una atmósfera que no veía yo desde "Zodiac" o "Seven".
    E incluso deja el mismo sabor agridulce en el sentido de que somos prisioneros todos de nuestra ética, ya sea para bien o para mal. Prisioneros de nuestros sentimientos y de la motivación que nos empuja a partir de ellos. Prisioneros de una moral que está por encima de nosotros (el mensaje moralista-cristiano-de-doble-cara está muy presente a lo largo de todo el largo metraje), pero que no dudamos en corromper si con ello defendemos a quién queremos.

    Aunque de hecho yo le veo un punto flojo en algún sentido y creo que lo mencionas en la crítica, y es que hay momentos en los que parece que la película no tiene personalidad propia y trata de beber de esas dos mencionadas, sobre todo al final SPOILER con esas secuencias finales en la casa de la "secuestradora", por parte de Gyllenhaal que parece copiada, incluso con algunos planos similares, a todo lo que ocurre al final en la casa de Zodiac FIN SPOILER.

    Pero vamos, que me ha congratulado bastante.
    Espero que lo estéis pasando bien por Sitges, yo mañana veré ese experimento raruno de Josh Whedon a ver si me convence más que la aburrida serie de Agentes de Shield.

    Saludos!!

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