Crítica de Retornados (The Returned)

Retornados insiste en desmarcarse, ya desde su mismo título, del sobresaturadísimo subgénero zombi, de un tiempo a esta parte hiperexplotado, banalizado hasta el hastío, convertido en carne de mainstream, en moda ya de carácter hasta familiar. Véase sin ir más lejos la inocuidad de producto multisala family-friendly de Guerra Mundial Z. Un terreno que conviene ya ir evitando en pos de la originalidad y diferencialidad. Nadie debería llevarse a engaño pues ante la propuesta de Manuel Carvallo, joven realizador que ya nos sorprendió con La posesión de Emma Evans, alejada de los cánones: aunque visualmente idénticos a los no-muertos, estos retornados prefiguran algo distinto; esto no es una película de zombis y anda bastante lejos de serlo. Porque a tenor de que a priori la parte más interesante del subgénero siempre fueron, o deberían haber sido, las relaciones entre las personas vivas, la película versa íntegramente entorno a ellas minimizando la presencia de caminantes y se construye, casi desde el principio, como un melodrama límite en un entorno pseudoapocalíptico. En el fondo, una película de amor. Con rivetes de thriller médico, apuntes de crítica social (eso sí lo ha heredado del género) y motivos del cine de terror. Pero en esencia, un drama de pareja.

La pareja en cuestión, Kate y Alex, centro del relato, está formada por una médica y un retornado. Un tipo infectado por la epidemia que, sin embargo, es capaz de controlar su degradación inoculándose un agente de contención de manera periódica. La sociedad ha asimilado a los retornados, pero sigue desconfiando de ellos, en una suerte de apartheid moral que recuerda al que nos colaba Alan Ball al principio de True Blood: viven entre nosotros pero, a ojos de intransigentes y supremacistas, son bombas de relojería a punto de estallar en cuanto el suministro de antídoto se agote. Se agota, y los ataques a retornados se suceden en una caza de brujas sangrienta que obliga a Kate y Alex a huir. Y a ella a tratar de conseguir como sea más dosis. A partir de aquí, la trama de thriller se trenza con el drama humano de manera un tanto rutinaria y no exenta de trampas. Tampoco de sobreexplicaciones y enfatizados en un guión que no parece creer demasiado en si mismo, o quizá en la capacidad del espectador como ser inteligente y capaz.

retornados

Reconozco desconocer hasta qué punto la película toma consciencia de su propio carácter de serie B (tiene elementos visuales al respecto, como esa tienda de antigüedades, y momentos buscadamente populistas, como el final digno de The Twilight Zone) y autojustifica el catálogo de inverosimilitudes que se traen consigo las acciones y el dibujo psicológico de los personajes. Unos personajes que parecen actuar por cómo se espera que lo hagan en una historia de estas características que por una lógica interna. Más por una conveniencia del guión que por una conducta plausible. Retornados queda en ese aspecto como una especie de ejercicio de reduccionismo conceptual y de dilución de la espesura ética y moral de aquel logro mayor que fue la televisiva serie francesa Les revenants.

Así que lo bueno de Retornados, más que en su guión mecánico y a ratos mortecino (hay demasiados tramos llanos y demasiados motivos cercanos al telefilm adaptación de Robin Cook) está en su entramado visual. Carballo crece como director día a día, y aquí no sólo nos regala una realización sólida y convencida en una película con una factura innegablemente potente sino que también se permite generosos detalles de buen gusto y pericia escénica. El director planifica estupendamente, no se limita a ilustrar el texto sino que lo enriquece, le da soltura y rotundidad al mismo tiempo y de paso deja para el recuerdo alguna que otra idea potente. Claro, cuando debe ponerse contundente lo hace (es aplastante la escena del retornado, ya convertido, encadenado a la pared), cuando quiere ponerse explicativo, logra transmitir una narración clara y fluida, pero tampoco olvida ese buen gusto compositivo puramente visual: esa otra escena de personaje encadenándose a la pared. Con todo, el director logra dotar de peso específico y hacer creíbles esas interpretaciones un tanto deslucidas y rubricar una película a medio camino entre el exploit y la apuesta personal seria que no encontrará un público en los aficionados al gran guiñol pero igual sí entre los que busquen un buen drama ácrata de terror bien contado.

6/10



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