Crítica de El viento se levanta (Kaze tachinu)

The Wind Rises (Kaze tachinu)
Que Hayao Miyazaki anunciara (y parece que esta vez sea la definitiva1) su retirada, generó enseguida una expectación desmesurada de cara al estreno de su última película. Mayor de la que normalmente despertaba cada trabajo suyo de por sí. The Wind Rises debía ser la mayor obra maestra jamás hecha, la culminación de la animación clásica, la mejor producción de los estudios Ghibli. Y lo cierto es que hacia ahí apuntaban los tiros cuando empezó a saberse más de ella: aglutinando los intereses personales del cineasta con un argumento histórico y plagado tanto de controversia como de elementos autobiográficos, desde el principio quedó claro que el broche de la carrera del de Mi vecino Totoro iba a ser una de sus películas más personales y sentidas. Lo cual elevó aún más el hype. En conjunto, una acumulación de elementos que, a la postre, le han hecho flaco favor a este drama sobre un ingeniero aeronáutico apasionado del diseño de sus aviones como respuesta a las serias carencias de su vista, que le impidieron cumplir el sueño de ser piloto; obsesión que marca su vida, su perspectiva sobre diversos de los acontecimientos que van teniendo lugar (el terremoto de Kanto, la Segunda Guerra Mundial…) y sus relaciones personales. Mucha chicha, y una pena que el espectador vaya tan condicionado a verla, pues puede llevarse sensaciones más amargas de lo deseado de manera totalmente injustificada. Porque Brillante, sin duda y en mayúscula, es la palabra que mejor define el último trabajo de Miyazaki… sólo que reluce más tarde, después del visionado incluso.

Como de costumbre, el japonés sube un peldaño más en esa escalada personal hacia la esplendorosa perfección de los dibujos animados (a la que llegó desde el primer momento por otra parte), por lo que de entrada, vuelve a tener justificación eso que decimos siempre que toca hablar de él: que ha acometido lo nunca visto a nivel visual. Los dibujos de inconfundibles rasgos infantilones, la frondosa naturaleza que siempre hace las veces de protagonista pasivo de sus historias, y el imaginario del cineasta en general casan a la perfección con un universo más terrenal que de costumbre (con más de Porco Rosso que de Ponyo en el acantilado), rico en detalles palpables y de rigor histórico que sólo ceden terreno a lo onírico cuando, justamente, el protagonista se sume en profundos sueños reveladores. Miyazaki dibuja con su estilo animoso y familiar de siempre pero narra un cuento en que las hadas se sustituyen por un poso mucho más dramático, por cercano, que de costumbre: sin que el espectador pierda la sonrisa de complicidad que provocan los ojos saltones y las bocas que se estiran desproporcionadamente marca de la casa, va cayendo en las sutiles garras de un relato tremebundo que habla con menos concesiones de lo esperado de la muerte, de la desgracia, del ser humano como destructor de la vida. No olvidemos que se nos obliga a emocionarnos conforme el personaje principal va perfilando el diseño de un avión de guerra.

The Wind Rises (Kaze tachinu)

Quizá por eso, por ser una película de ánimo más oscuro de lo acostumbrado, The Wind Rises cueste algo más de digerir; pero aun así, la única definición posible acaba pasando, también a nivel argumental, por el término del que nos apropiábamos al principio. Porque Brillante es Miyazaki tanto a los dibujos como a la composición de una historia que se antoja no sólo sutil y cargada de matices emocionales, sino totalmente personal e individualizable; ha hecho suya la adaptación de un manga que a su vez se basa en Jiro Horikoshi, creador del modelo Mitsubishi A5M. Y le ha salido un retrato intenso, profundo, sincero y adulto de un personaje y de una vida, la de Japón de hace unas décadas, tan llena de luces como de sombras. Ahora bien, toca partir una lanza (la única) en favor de los detractores del film: si en algo sí puede que falle este lienzo sobre el ser humano que nos propone Miyazaki, es en lo referente a una relación amorosa cuya incomodidad para sus protagonistas parece haberse contagiado a su autor. Una subtrama no exenta de momentos cumbres para la patata, a priori, que sin embargo pasan muy por bajini para un global que incluso llega a resentirse de la falta de ritmo que provoca. Extraño borrón, por inesperado, que sumado a su condición mundana y a su tempo lento, meloso y voluntariamente parco en reversos de guion, le da a la película ese aura de semidecepción, de obra maestra pero menor, o mejor dicho sin magia. Sin la magia de las grandes ocasiones.

The Wind Rises (Kaze tachinu)

Puede que sea cierto que The Wind Rises no esté a la altura de Mi vecino Totoro ni de El viaje de Chihiro. En este sentido, el sabor que deja sí es más amargo de lo que cabía esperar... Pero es que las mejores mejores de Miyazaki son insuperables. La que nos ocupa, su despedida, se instaura en su segundo grupo de obras maestras, por lo que sigue significando que toca regocijarse ante una nueva maravilla. Y eso se descubre, se agradece, se disfruta a posteriori, cuando uno vuelve a pensar en ella y recuerda escenas y sobre todo sensaciones. Entonces empieza sacarle brillo a todas las lecturas y dimensiones que se esconden en una cinta que es ya un nuevo clásico de la animación. Qué decepción, ¿eh?
8,5/10

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1 Ahora se ha desdicho sólo en parte, hablando de la adaptación de un manda en forma de un formato no cinematográfico. 

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