BD-Críticas: Pulp Fiction y Kill Bill

Tarantino
A estas alturas de la película hablar de la relevancia de Quentin Tarantino en el devenir del cine norteamericano del Siglo XXI se antoja un poco baladí. Al margen de la cantidad de adoradores ciegos y detractores apocalípticos que el director y guionista acumula a sus espaldas desde su fundacional Reservoir Dogs, su sombra ha condicionado los últimos años de la cinefilia más o menos mainstream, más o menos autoral. Y a la luz de ello, como decimos, se ha debatido ya todo lo debatible. A día de hoy sólo nos queda esperar nuevas (y, visto lo visto en sus últimas dos propuestas, más que excitantes) aventuras del de Knoxville mientras intentamos descifrar los infinitos códigos de su ideario, revisando sus obras pretéritas que, aún hoy, revelan nuevas capas. Ahora, Emon Home Entertainment pone a nuestra disposición nuevas ediciones de dos (¿o son tres?) de sus más rotundas propuestas, el gran homenaje que el realizador le dedicó a su musa Uma Thurman, en tres ediciones que ponen de manifiesto la vigencia de la obra tarantiniana. Habemus rescate de Pulp Fiction y de la bipartita Kill Bill, a día de hoy aún inédito aquel montaje que aunaba ambas partes bajo el explícito título The Whole Bloody Affair. Y, como digo, no vamos a entrar en un excesivamente profundo análisis fílmico de las películas, puesto que sería hablar sobre lo ya explicado en mil y una ocasiones, en todos los ambientes cinéfilos posibles. Pero sí conviene hacernos eco de la noticia en lo que concierne al ámbito de cinefilia doméstica, la aparición en el mercado de estos títulos en formato BluRay.

Rescatamos por un lado, pues, la primera obra magna del director tras su sonado debut. La historia de un puñado de seres casi arquetípicos en una Los Angeles -probablemente- contemporánea pero de apariencia intemporal, escenario perfecto para los escapes casi surrealistas hacia una evocación de unos años 50 idealizados. Pulp Fiction certificaba en 1994 la postmodernidad mainstream homenajeando la idiosincrasia de la novela negra barata (esto es, el pulp) mientras desplegaba un habilidoso y resultón guión narrativamente desestructurado, atractivo-pero-no-tan-complejo (el guionista Daniel Tubau(1) apunta juguetón que Tarantino sigue el consejo de Godard reestructurando planteamiento, nudo y desenlace) y, a pesar de todo, no tan nuevo, como asegura el mismo autor(2). Al fin y al cabo, Pulp Fiction es un producto de pura creación autoral, pero no conviene olvidar que su responsable se caracterizaría desde ese momento por la demostración de una vasta cinefagia que regurgitaría en sus propias películas en forma de referencias y guiños constantes, primero hacia las ficciones más populares y posteriormente hacia otras formas de expresión fílmica más -digamos- especializadas (de Fassbinder a Lubitsch pasando por John Ford). El director apela a ciertos códigos reconocibles, pues, y con ellos arma una película casi polifónica, basada en la coralidad de su elenco de personajes y en la multiplicaidad de puntos de vista, esa ruptura de la mirada narrativa única de la que habla el crítico Jordi Revert en su estudio El nuevo guión cinematográfico: vanguardias narrativas y rebelión creativa para el cine del S XXI(3). Una ruptura que, para colmo, contribuye a jugar con la percepción del espectador ofreciéndole los picos climáticos en un orden no natural pero con una lógica dramática más emocional: cuando Vincent y Jules abandonan triunfantes ese restaurante, al final de la película, poco nos importa que la muerte espere al primero tras la puerta de un retrete donde será cosido a tiros. De nuevo, es el autor quien decide qué quiere contar decidiendo cómo lo quiere contar, sin atenerse a la lógica estructural convencional.

Pilp Fiction

Tarantino repetiría la jugada, aumentándola y potenciándola, con la posterior a su siguiente película. Primero rendiría tributo a la blaxploitation de los 70 con la mucho más sobria Jackie Brown y después rubricaría, en 2004, su conocido díptico-homenaje al cine de kung fu, las películas orientales de tríadas, la modernidad de Seijun Suzuki y los wuxia. Una operación prevista para ser proyectada como una epopeya cercana a las cuatro horas que, sin embargo, tuvo que ser re-montada a dos pases de dos horas por cuestiones puramente comerciales. Unos Volumen 1 y Volumen 2 que, pese a todo, serían publicitados como La cuarta película de Quentin Tarantino y, al final, terminarían teniendo entidad propia; un gran todo formado por dos partes con personalidades únicas. Kill Bill se convertía en la más iconoclasta, la más estilísticamente juguetona, la más hiperreferencial de todas sus propuestas hasta ese momento (recordemos también otros productos de la marca Tarantino como su segmento, el mejor de los cuatro, para la colectiva Four Rooms o sus guiones para Amor a Quemarropa o Abierto hasta el amanecer). Y llevaba las filias del director hacia el infinito: la violencia llegaba a cotas de paroxismo (y, con ello, de extrañamiento casi paródico); la multiplicidad de texturas formales se disparaba (incorporando no sólo escenas en blanco y negro sino incluso una secuencia en anime); la selección musical, ecléctica y con carácter entre aglutinador y arqueológico, tomaba un peso específico brutal; la fragmentación narrativa alcanzaba mayores cotas de complejidad, de nuevo al servicio del impacto emotivo más que de la lógica interna. Y, por supuesto, como apuntábamos, el arsenal de referencias, guiños y homenajes se desplegaba más suntuoso que nunca.

Kill Bill 1

Quim Casas calificaba la película en ocasión del estreno de la primera entrega de film-turmix con evidente veneración por el cine de artes marciales y por los films exploitation, las series de televisión, los relatos de samurais, los de yakuzas, el spaghetti-western, el manga y el cómic japonés. El mismo crítico habla de una operación de vaciado temático, la demostración clara de que Tarantino puede concebir el más alambicado de los relatos sin que pase nada en el mismo. Y finalmente indica con acierto el relato de William Irish y su adaptación a la gran pantalla (por François Truffaut) como influencia directa en la película(4). Todo ello, no obstante, no ahoga el díptico en un torbellino de comentarios, jocosos o atinados, sin sentido ni final. Al contrario, la emoción -pura, bastarda, sentimental o simplemente catárquica- suele aflorar a lo largo del metraje de ambas películas. Al fin y al cabo si algo es Kill Bill además de un divertimento anfetamínico, cómplice y sustancioso de su director a expensas de todo lo que le ha marcado su experiencia cinéfila, es un sincero homenaje a la maternidad. El juego de venganza -tema capital en la obra tarantiniana, presente en todas sus obras sin excepción- que emprende la Novia (Thurman) para liquidar a los responsables de la muerte de su futuro esposo termina conduciendo hacia el descubrimiento de la hija y la conclusión final de su arco de transformación psicológica y física. Y ahí es donde realmente el director encuentra su lugar y el gran propósito de esta propuesta doble deliciosa, mucho más profunda y compleja de lo que muchos se lanzaron a catalogar en su día.

Kill Bill 2

En cuanto a las especificaciones técnicas de la presentación en BluRay, las tres películas cumplen con los requisitos mínimos, tanto de vídeo (1080p alta definición) como de audio (versiones original y doblada en DTS-HD 5.1), con posibilidad de subtítulos en castellano. En lo tocante al contenido extra es donde las ediciones quedan más raquíticas. En el caso de Pulp Fiction, tan solo un trailer y un breve making of de 7 minutos, para colmo doblado al castellano, en formato 4:3 y con una calidad de video más que cuestionable. Kill Bill, Volumen 1 cuenta con un making of más extenso (poco más de 20 minutos), en versión original subtitulada, más tres trailers y dos clips en los que el grupo de j-pop surfero The 5, 6, 7, 8's interpretan los temas I Walk Like Jayne Mansfield y I'm Blue. Finalmente, para el Volumen 2 podemos encontrarnos una escena eliminada del montaje final en la que Bill y la Novia se cruzan con una banda de matones, a los que el primero neutraliza. Y un clip que recoge la actuación de Chingón en el estreno del segundo volumen, donde interpretaron el tema Malagueña Salerosa. Todo ello más bien poquita cosa, pero el visionado de las tres películas en alta definición nos debería servir para ir calmando las ansias de que llegue a nuestro mercado (si es que alguna vez lo hace) esa The Whole Bloody Affair que debería formar parte de una estantería privilegiada en la filmoteca de cualquier tarantinófilo. Crucemos los dedos y, entre tanto, disfrutemos.


                                                                   
(1) Las paradojas del guionista. Alba Editorial, Barcelona, 2010, p. 154
(2) ibíd., p. 81
(3) En The Searchers 1 (diciembre de 2012): Páginas pasaderas. Estudios contemporáneos sobre la escritura de guión. L'Atalante, p. 56.
(4) Quentin Tarantino. La puesta en escena del reciclaje. En Dirigido por... núm. 330 (enero de 2004), p. 48-49

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