Crítica de Carrie (2013)

Carrie (2013)
De verdad que es para aplaudirles. Por su rematada inoperancia a la hora de afrontar el remake de uno u otro film de terror de los ochenta para atrás. Que sí, que algunos salen bien, pero demonios, cuántos salen mal por el camino. Y el problema se agrava, vaya si lo hace, cuando se pone en evidencia que además, y por encima de todo, no han entendido nada del original. Que si el Carrie de Brian de Palma puede verse hoy en día sin pasar vergüenza ajena se debe a las formas más que al fondo, y a la esencia más que al argumento. Sissy Spacek no daba miedo por ser una niña paliducha y malrollante que movía cosas, sino porque llegabas a comprender el infierno en que vivía mediante las sutilezas de una cámara atrevida, un tempo estudiado al detalle, acontecimientos creíbles (por la época en que sucedían)... y sobre todo por el desconocimiento de lo que estaba por suceder. Y acojonaba definitivamente porque cuando todo se desmadraba, De Palma era el primero, convirtiéndose en un Hitchcock pasado de rosca que partía la pantalla por la mitad cuando no abusaba de planos aberrantes. Y en esta nueva Carrie ni lo uno ni lo otro. Valiente forma de ponerse en evidencia.

Algo falla desde el principio: no tanto con un muy enervante y muy gratuito prólogo que parecería burlarse de sí mismo, sino con esa mojigatería a la hora de desnudar a las chicas del gimnasio, y un inesperado miedo a la hora de recrearse con la ducha de la niña, ahora Chloë Grace Moretz, fundamental para empezar a comprenderla por dentro. Pero también por querer sacar de cualquier lugar una escena de terror, ya sea una ducha abriéndose o una mujer pariendo. No, algo se ha perdido en la traducción, a temerse lo peor tocan. Arranca a partir de aquí un film incapaz de posicionarse: pretende ejercer cierta denuncia social acerca del bullying, pero también acerca de los fanatismos religiosos, pero también quiere ser un imposible retrato de una niña en su problemático salto a la madurez, y a la vez erigirse como cine de terror serio con independencia de la letra que se le imponga después. ¿Como la primera? Sí, pero no. De nuevo, la hermana mayor sabía las cartas que debía jugar en todo momento, escondía la telequinesia todo lo posible y se detenía a estudiar sin prisas la psicología de la dichosa Carrie. Y a su manera, conseguía que todo tuviese sentido en una cinta que de otro modo bien hubiese podido caer en el ridículo.

Carrie (2013)

Pensada para el público americano masivo de hoy en día, la revisión de Kimberly Peirce lo hace, en este sentido, todo del revés. Confunde sutileza con exposición y a través de ella, pretende justificar hasta la última de las decisiones de los personajes que, simple y llanamente, no tienen sentido: porque en pleno 2013, por muy malvada que sea la juventud de la América profunda, una niña pija y su novio con pintas de chulo incipiente no van a entrar en una pocilga. Si pretendes que así sea, no apuestes por la carta del realismo. Y porque una mujer, quince años atrás y por muy retrógrada que sea, sabe distinguir un cáncer de un embarazo de nuevo benditos meses. Si quieres que no sea consciente de ello, de nuevo, no busques justificarlo. De lo contrario, tan sólo se potencia la sensación de sinsentido, de chorrada… y de vergüenza ajena. Muy a su pesar, Carrie se convierte en una comedia de primera. Manda narices, con lo mucho que se esfuerza por crear escenas de terror.

Lo que, por cierto, también se descubre como una decisión errónea. Ya no es que la carta del miedo sea incompatible con el retrato personal, es que la única forma de generar pasajes de género pasa por repetir una y otra vez el mismo recurso, que a la primera de cambio está más que sobado. Una apatía que se va a juntar al desinterés general en relación a un entramado que no avanza, y que cuando avanza no le interesa a nadie porque o ya lo conoce de la anterior, o no está recibiendo los inputs necesarios para involucrarse con la cinta. Visto lo visto, ya no sorprende tanto que la famosa secuencia del baile de fin de curso, único lugar en que sí podía haberse recreado la cineasta en relación a De Palma, se descubra tan mojigata en gore como lo era al principio en desnudos. Esta Carrie mola más porque tiene efectos digitales a su alrededor, pero si no los emplea para cargar a todo quisqui, de poco sirve. Y de nuevo, justificaciones absurdas, búsquedas de una humanidad en la niña que distorsionan totalmente el significado de lo que ocurre en pantalla, y que al concluir la vorágine de destrucción deja demasiadas preguntas en el aire. Un desastre.

Carrie (2013)

Desastre, esa es la mejor manera de describir la propuesta que nos ocupa. La nueva Carrie podría haber aportado mucho a la original y, de hecho, lo tenía todo para mejorarla: actrices de primera (suerte de la presencia de la Moretz y de Julianne Moore), tecnología digital, y temáticas sociales que llevadas según sus respectivas problemáticas actuales, dan mucho juego. Sin embargo, opta por cargarse de un plumazo todo lo bueno que tenía la de 1976 para rellenar los vacíos resultantes de una paja digna de denuncia, que deja a todos sus protagonistas como unos rematados gilipollas, y a los espectadores con cara de pasmarote. Oh, por supuesto que algunas escenas son bonitas de ver; en general, la factura es correcta por lo que de la vulgaridad de esas decenas de subproductos directos a vídeo no baja. Pero francamente, no está el horno como para contentarse con semejantes tomaduras de pelo. Menos mal que en vez de cabrearse, uno puede pararse a pensar en ese último diálogo de Carrie con Sue (redefine la telequinesia, ojo), o bien en los segundos finales en que parece que Bruce Campbell vaya a hacer acto de presencia después de los títulos de crédito. Mejor reírse de ella que tomársela demasiado en serio…
3,5/10
 
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2 comentarios:

  1. Efectivamente,un clásico de finales de los setenta,que como otros se pretende "actualizar",como se hizo con otros,por ejemplo,El Exorcista,Sabrina,Grandes Esperanzas,con escaso resultado,(Jane Eyre no quedó del todo mal y si que puede considerarse un buen homenaje).Sobre Carrie,podía haberse remasterizado,recuperando el que en su día fue un boom,para que pueda gozar de él,el público de hoy en día.

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  2. Coincido con la crítica y con la nota, más cuando el día del estreno tuve que acompañar a mi prima quinceañera y su grupo de amigas (ésto de tener que hacer favores a la familia a veces obliga a ver bastantes películas malas) y tuve que soportar una avalancha de críticas, solo porque se me ocurrió decir que ésto no era Carrie, era una especie de spin-off de los X-Men, con niñatos de última generación y sus tablets y móviles de última generación.

    Y eso que de primeras SPOILER ese plano secuencia que sube la escalera y se detiene sobre una Biblia sobre la que alguien ha roto aguas FIN SPOILER parece indicar que estamos ante una propuesta ofensivamente light de terrorcejo entretenil, pero nada más lejos de la realidad. Es más, con los tiempos que corren y esos lamentables sucesos en los institutos y colegios acerca del acoso escolar, podrían haber utilizado la película para hablar de ello un poco mejor (cómo en la original). Pero no, esta cosa está hecha para los chavales de ahora que no exigen nada más que caras bonitas, garrulos enseñando torso, efectos especiales y sangre de pega.

    Y a Chloë Grace Moretz le veo un grave problema, y es que no transmite esa fragilidad que sí transmitía Sissy Spacek. De hecho parece que estemos viendo de nuevo a Hit-Girl intentando adaptarse a la vida en el colegio, pero sin katanas (que hubieran venido muy bien en esta ocasión para animar el cotarro).

    En fin... otra para olvidar.

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