Crítica de Lore

Lore
Será por cuentos sobre la maduración y/o el final de la etapa infantil (ya sea por vía natural o forzosa). Este año se han estrenado numerosas películas que han abordado temáticas similares desde cualquier punto de vista: desde Holanda llegaba en forma de Kauwboy la historia de un niño que debía lidiar con su padre con la ayuda de un grajo; desde Francia Tomboy indagaba en las sensaciones de una niña que se hacía pasar por niño; y desde Italia todo un Bertolucci proponía en Tú y yo la íntima historia de dos hermanos que se fugaban al sótano de un bloque de apartamentos para afrontar los problemas de su pubertad. Tan sólo son algunos ejemplos recientes, pero la lista podría continuar (Nana, Spring Breakers...). Y a la misma toca incluir ahora Lore, cambio geográfico de la australiana Cate Shortland, que se muda a Alemania para seguir a cinco hermanos (menores todos ellos) durante su periplo por tierras alemanas desde la antigua casa de sus padres hasta la de su abuela, a centenares de kilómetros de distancia. Con una pequeña dificultad añadida: estamos en 1945, el ejército nazi está a punto de ser definitivamente destruido, y de hecho es por eso que los padres de la familia, implicados activamente en la guerra por parte del bando perdedor, no pueden acompañar a sus hijos. Estimulante y temeraria propuesta, la de Shortland, al buscar la combinación de estos dos jardines de cuidado... y salir airosa.

Qué duda cabe, lo más interesante de todo ello reside en el punto de vista desde el que se coloca la cineasta para tocar el sinfín de teclas que tiene a su alcance: sin que la cámara se aparte ni un ápice de los niños en general y de Lore, la hermana mayor, en particular, la australiana hilvana un apabullante discurso sobre las consecuencias de la guerra, que cala tan hondo como cualquier otro pese a no mostrar nada. A la de Sommersault le interesa buscar esos siniestros generales entre los intercambios de apesadumbradas miradas de los cinco protagonistas, en lo que no se dicen, sus decisiones en según qué circunstancias, o sus manías; y va más allá incluso, criticando corrientes de pensamiento tan identificables con el nazismo como extrapolables incluso a la actualidad. De modo que la cinta es un drama bélico en toda regla, sí, pero pasado por el filtro de lo mentado en el párrafo anterior: a su vez, Lore es un drama tipo coming-of-age de lo más intenso. Sin caer en demasiados giros efectistas y apostando prácticamente en todo momento por la contención emocional, consigue crear un poso gélido por el que ir dando forma a la situación al límite por la que pasa una quinceañera (o por ahí) obligada de la noche a la mañana a hacerse cargo de sus cuatro hermanos menores. Y encima del bando que no toca.

Lore

Todo ello retratado con un estilo cuya presencia quiere hacerse patente. Es decir, que lejos de acercarse desde un plano más secundario, hiperrealista si se quiere, la cinta busca generar un contraste entre la palpable cotidianidad de la situación (más allá de su premisa, los actos y las emociones de la protagonista son inmediatamente identificables) por un lado, y los recursos de que dispone hoy en día un artista desde detrás de una cámara, en la sala de montaje o a los mandos de la partitura (a cargo de Max Richter, por cierto) por el otro. Y es que por encima de todo, por la edad que corresponde a los personajes principales asistimos en verdad una fábula, narrada con plenas facultades de lenguaje cinematográfico. Esa es la idea (al menos a juicio de quien esto escribe) y su propósito bien que lo consigue, cargando además a la mezcla de grandes dosis de lirismo. Pero algo se tuerce por el camino: tanta alteración artística, tanta música en excesivo conductora de emociones, restan algunos enteros al impacto general de su discurso, provocando incluso algún traspiés rítmico debido a un sentimiento de apatía mayor de lo esperado. Se trata del único punto en que la fusión de conceptos a priori bien distantes entre sí, preciosismo visual versus crudeza real, no es perfecta.

En todo caso, de poco sirve ejercer de abogado del diablo ante una cinta fresca, estimulante e igualmente intensa. Cate Shortland domina a la perfección los tempos de su propuesta y por lo tanto dosifica de manera loable tanto la información como las bombas emocionales que nos va sirviendo en un crescendo continuo esta Lore que, si bien no en lo más alto de la lista, no debería extrañar verla entre los destacados del año. Muy recomendable.
7,5/10

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