Crítica de Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)

Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)Ver cómo el nacimiento de un hijo cambia la vida de sus progenitores es un tema recurrente en el cine. Sobre todo, cuando el niño enferma. Es el primer revés que nos asesta Felix Van Groeningen: su nominada y ya multipremiada Alabama Monroe (qué manía más fea están adoptando las traducciones españolas por revelar cosas trascendentales de las películas en cuestión) se abre con un tema country cantado en directo por un grupo de músicos belgas entre los que está el protagonista masculino, Johan Heldenbergh. Banjo, violín, ritmo, pelanas y camisas de cuadros. Buen rollo por las nubes. Pero inmediatamente después se pasa a una niña, su hija, enferma de cáncer. Jarro de agua fría y pistoletazo de salida a un entramado que a partir de entonces se acomoda en una senda doble de luz y oscuridad; dos vías por las que va saltando mientras desarrolla la que, a la postre, resulta ser una historia de amor. La que enarbolan él y una profesional de los tatuajes, interpretada por una deslumbrante y muy convincente Veerle Baetens, desde el momento en que se conocen y llevan a cabo su primera cita. De ahí es de donde sale la niña que a los seis años se debate entre la vida y la muerte a base de bestiales sesiones de quimioterapia. Y si parece que esté yendo demasiado rápido y desvelando más de lo necesario, nada más lejos, que ahí está el mayor interés del film: en su curiosa ruptura de la línea temporal.

Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)

Porque más que de contar un drama romántico, de lo que va la película es de pulsaciones emocionales, por así decirlo. Alabama Monroe no se construye de manera lineal, sino en base a los estímulos que en ese momento requiera su estado anímico, el de sus protagonistas, o el de sus espectadores (tres elementos que en realidad conviven en perfecta simbiosis). A la hora de la verdad, este galimatías en el que me estoy metiendo se traduce en un vaivén en el tiempo: primero conocemos el presente de la pareja, y luego descubrimos cómo se conocieron; volvemos a las dificultades de su día a día, y luego otra vez al pasado. Y por el camino, elipsis de los lugares más comunes de esta clase de cintas, en pos de una especial atención por los detalles: un gesto aparentemente vulgar importa más que todo el proceso de enfermedad de la niña; unos minutos de más de la intimidad de la pareja son más relevantes que los habituales intercambios embarazosos de una primera quedada romántica. De este modo se van dibujando con suma sutilidad dos personajes cercanos y creíbles pese a lo rocambolesco de sus puntos de partida (y al hecho de que pese a ser marcadamente belga y puntualmente crítica con los USA, no deja de ser una suerte de cine country que bien podría haberse ubicado en la América profunda). Y si el espectador se cree a los protagonistas, el drama le empapa por dentro, sin necesidad por parte de Van Groeningen de torcer hacia el burdo melodrama.

Al contrario, y pese a una estética cuidadísima y posibilitadora de pasajes que entran por la vista, la cinta no escatima en momentos aprensivos, desnudando al drama de cualquier tipo de embellecimiento (más allá del que los padres busquen de cara a maquillarle la realidad a la niña), y siendo incluso más explícita de lo acostumbrado. De nuevo, doble rasero: si a nivel emocional está buscando constantemente el enfrentamiento entre los momentos más brillantes y los más oscuros de la vida de la pareja, a nivel formal propone un intercambio de golpes entre un retrato bicéfalo de la realidad: crudo y gris por un lado, colorista y onírico por el otro. Lo único constante es la música, hilo conductor y protagonista pasivo al suponer, en no pocas ocasiones, el único clavo al que aferrarse, el único paréntesis de un drama del que Nanni Moretti se sentiría orgulloso. El country provoca el primer encuentro entre él y ella; está ahí, desgarrador por vía de la voz de Baetens, cuando el guion emprende su primer gran giro dramático; es el último foco de esperanza (esos gestos en el concierto pre-clímax) para una pareja derruida, y es la redención, la perdurabilidad. Demonios, es el único lenguaje que son capaces de emplear entre ellos.

Alabama Monroe (The Broken Circle Breakdown)

La pena es que una película tan sutil y cuidadosa, tan respetuosa con el espectador y con sus personajes, vaya de más a menos. Y es que si bien Alabama Monroe sea un alarde de guion, no puede evitar decantarse hacia lo facilón conforme progresa, pecando además de querer abarcar demasiado sin necesidad, ni armas, para ello. Así, ese fantasma del melodrama que al principio decía que se quiere evitar por todos los medios, acaba por asomar la cabeza, encontrando inesperados aliados en una crítica innecesaria a las obvias carencias del sistema sanitario por el que se rige el mundo en general, o a la religión. Y rebaja algún ápice su intensidad emocional, jugando en contra de unos minutos finales que debían ser el acabose. Males menores, si bien evidentes en todo caso, de una propuesta notable pero que debía haber sido excelente.
7,5/10

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