Crítica de La ladrona de libros (The Book Thief)

La ladrona de libros (The Book Thief)
Aunque a muchos no les suene el nombre de Brian Percival, este director se ha ido haciendo un hueco entre las producciones televisivas de la BBC, desde la tantas veces premiada Downtown Abbey; pasando por la miniserie Norte y Sur, adaptación de la novela de la época victoriana escrita por Elisabeth Gaskell y en la que Richard Armitage (Thorin, el rey enano de El hobbit) interpreta a un clásico caballero inglés; y hasta títulos como Mucho ruido y pocas nueces, una modernizada adaptación en forma de telefilm de la comedia de Shakespeare, protagonizada por Damian Lewis (Brody de Homeland). Como sea, poco le ha costado a Percival acomodarse a las producciones de Hollywood, o mejor dicho co-producciones estadounidense-alemanas, como La ladrona de libros, una adaptación del libro de Markus Zusak con el mismo título. Evitando meterme en terrenos pantanosos sobre si es una buena adaptación o no, ya que sin haberme leído el libro, poco puedo decir, es innegable que era la apuesta fuerte por parte de la Fox para llevarse un Oscar al bolsillo.

Pero vayamos por partes, la película sigue la historia de Liesel, una niña que se ve obligada a aceptar su nueva vida después de que su madre (comunista que huye del régimen de Hitler) la deje con un matrimonio humilde y cariñoso, correctamente interpretado por Geoffrey Rush y Emily Watson. En un ambiente gris y pobre, donde su padre adoptivo le enseña a leer, Liesel descubre todo un mundo en los libros. Y en esto reside el encanto de la película, en cómo consigue encontrar el lado positivo de su entorno, infectado por la sombra del nazismo, dentro de sus libros. Aunque La ladrona de libros no deja de ser otro film sobre la época del III Reich, se aleja de otros títulos como El niño con el pijama de rayas gracias a una cantidad doble de azúcar que la deja a medias entre el retrato de la sociedad de la Alemania nazi y una entrañable historia de una niña valiente e inteligente a la que no hay nada que le guste más que un buen libro. Y aunque esto último resulta lo más interesante de la película, el escenario de la II Guerra Mundial resulta lejano y retratado con retazos dispersos, sin resultar muy relevante hasta el final del metraje.

La ladrona de libros (The Book Thief)

A pesar de que Percival realiza un buen trabajo detrás de la cámara, y se encarga de dar una visión un poco más optimista (dentro de lo optimista que se puede ser frente a una época tan oscura) de lo que nos tienen acostumbrados, la propuesta que nos ocupa no es más que otra cinta que poco aporta al subgénero de la II Guerra Mundial, conformándose con el mero entretenimiento y sentimentalismo que tanto se molesta en maquillar. No es un secreto que la película pida a gritos alguna nominación a los Oscar, pero poco puede aportar aparte de su banda sonora (por la cual es candidata a la estatuilla) y las interpretaciones de Geoffrey Rush y Emily Watson, tan correctas como siempre. Así pues, La ladrona de libros es otro ejemplo de ésta horrible moda de adaptar obras literarias como si fueran churros, con fines explícitamente económicos. Sin embargo, la película ofrece lo que promete su título, la historia de una adorable ladrona de libros
5,5/10
Por Maria Bustos

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