Crítica de Occidente es Occidente (West is West)

Occidente es Occidente (West is West)
Allá por 1999, Damien ODonnell (Bailo por dentro) presentaba su peculiar Oriente es Oriente, un retrato en clave de comedia de la sociedad pakistaní en el Manchester de los años 70, a través de una familia marcada por el fuerte tradicionalismo del progenitor. Reavivaba así la llama del género de la emigración y retrato social, consiguiendo una cálida acogida por parte de la crítica y el público, mientras recogía varios premios por el camino (entre ellos el BAFTA a mejor película). Diez años después, aparecía su secuela Occidente es Occidente (West is West), con los mismos protagonistas y repitiendo los mismos problemas que arrastraba la primera entrega: el padre inflexible, los hijos desentendidos de sus raíces orientales y los intentos, con poco éxito, por parte de sus mayores para cambiar sus comportamientos más occidentalizados, valga la redundancia.

Ésta vez con otro director detrás del objetivo, de lo que se resiente en cierta medida, en su formalidad y consistencia: Occidente es Occidente se vuelve más corriente y descuidada que su predecesora. En ésta ocasión cobra más protagonismo Sayid, el hijo menor de los Khan, un inadaptado en su propia familia (en la que no llega a encajar por su actitud rebelde y su rechazo a la cultura del padre) como también en la escuela, dónde sufre de bullying por parte de sus compañeros. A diferencia de Oriente es Oriente, el escenario cambia totalmente y pasa de las calles más austeras de Manchester a las empobrecidas y calurosas calles de Pakistán, cuando George (nombre británico que adopta el padre después de empezar residir en Inglaterra) arrastra a su hijo a Oriente para que aprenda por la fuerza los valores de la cultura de la que tanto reniega. Con semejante premisa, tampoco se puede esperar nada nuevo, ni sorprendente. Y es que el guion es principalmente la pata por la que más cojea la mesa, al descubrirse esquemático, predecible y un poco acartonado en ocasiones. Se limita a narrar una historia que huele a producto enlatado a unos cuantos metros de distancia, con sus clichés y sus personajes estereotipados y planos.

Occidente es Occidente (West is West)

Occidente es Occidente se queda en lo superficial, sí, pero puede resultar simpática, e incluso entretenida y emotiva a ratos. Lástima que, además de su guion tradicional y sin mucha iniciativa por impresionar, cuente con un montaje torpe y nada acertado, que tampoco ayuda al desarrollo de la narración, llegando incluso a desbaratar tomas y secuencias –incluido el final. En definitiva, el filme es un claro ejemplo de que las secuelas hechas con el piloto automático poco tienen que decir. Y aunque podría haber llegado a ser una película correcta, se conforma con ser un desganado intento de completar a su predecesora, resignándose a la irrelevancia y puerilidad. Y eso, repetimos, siendo en todo caso una película bonachona a pesar de sus faltas y su gusto insulso en su realización. Y es que así las cosas, lo que queda es un argumento que pretende acercarse al retrato social, pero que se asemeja más a una peli de domingo de Antena 3. No le llegan a salvar sus buenas intenciones, pero tampoco se empeña mucho en conseguirlo.
4,5/10
Por Maria Bustos

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