DVD-Crítica de Todas las mujeres

Todas las mujeres
Mariano Barroso y Alejandro Hernández ya habían escrito (y dirigido, en caso del primero) Todas las mujeres. Fue hace unos años, en forma de serie para la cadena TNT. Por lo que lo que llega ahora es un remake de la misma, contando incluso con el mismo reparto. Para que luego digan que los cineastas españoles están a merced de la industria y no se aferran a sus proyectos más sentidos. Lo cierto es que si algo destaca por encima de todo en la versión cinematográfica es justamente eso: pasión. La pasión por la obra que nos ocupa por parte de sus responsables es la que explica un guión tan cuidado, así como la presencia de un reparto de primera y sumamente entregado, o un planteamiento inteligente por estudiado, no obstante la escasez de medios con que se cuenta. De hecho, pasión es también esfuerzo, voluntad por trabajar a fondo en lo que se tiene entre manos, lo que explica a su vez la gran dirección y sumo cuidado que ostenta Todas las mujeres pese a contar con una cámara de andar por casa, una casa, y un par de coches para las escenas en que puntualmente se sale de la misma. Y es que cuando el arte pide paso a gritos, los grandes medios están de más. Sí, de nuevo toca hablar de una película española minúscula, con apenas un puñado de actores (aunque cuidado a sus nombres: Eduard Fernández, Michelle Jenner…) y medios tendientes a cero. De nuevo, de una propuesta estimulante como pocas, pues la de Barroso va a engordar ese saco de cine español alternativo que es, a la postre, la última esperanza si no comercial, cuanto menos artística.

Tirando de una premisa no exenta de cierto surrealismo, inesperada parábola sobre la situación económica y los valores sobre los que se rige la sociedad a día de hoy, Fernández hace aquí de un hombre atribulado que debe hacer frente, por capítulos, a las mujeres más importantes de su vida. Un proceso mediante el que tanto el espectador como el propio personaje van descubriendo de la mano, retazos de una personalidad labrada a base de hostias. La de un anti Don Giovanni de pueblo, en plena crisis de los 40 ya pasados y con el rumbo perdido. Se instaura, a su vez, un desarrollo basado en la repetición de la misma estructura de partida, que después se va deformando a cada encuentro, concluyendo en puntos tan distantes como, en esencia, próximos entre sí: cada una de las mujeres acaba aportando una nueva pincelada a ese retrato de la miseria, mucho más extrema de lo que parece, por donde la esperanza se deja ver sólo a ratos. Y eso que si a algo se parece Todas las mujeres, es más a una comedia que a otra cosa.

Todas las mujeres

O se parece de la misma manera, al menos, en que los dramas representados en el teatro tienen forma de comedias a simple vista. Y es que el film encuentra en las tablas un aliado de lujo: los actores (excelentes) se entregan a sus respectivos personajes como si estuvieran en lo alto de un escenario, con largos intercambios de diálogos sentidos, y llevados a cabo con una o dos tomas, no mucho más. Y por su parte, el interior de la casa en que (casi) todo sucede adopta las formas del marco de una obra, potenciando descripciones y sentimientos. Tan sólo rompe esa confusión entre artes un montaje ágil y la cámara, ojo avizor, en mano, ora inquieta ora casi avergonzada de recoger las imágenes que recoge. Excelente la labor del Barroso director, y en conjunto, comunión de valores cinematográficos prácticamente perfecta. Vaya, que en Todas las mujeres, todo funciona a las mil maravillas. Es lo que decíamos al principio: un ejemplo más de aquellos que se van proliferando por estas latitudes, en que priman (por obligación) las ideas por encima de los medios.

Queda, en resumen, una película extraña, diferente, única. Con un argumento de fondo que mezcla a Hitchcock con El Koala (!) para luego suponer una mera excusa con la que dar rienda suelta a lo que de verdad importa: un personaje, que es a la vez una sociedad, y que pide a gritos aire para no ahogarse en su propia penuria. Divertida y desalentadora, arenga y decepcionante reflejo de nuestras vidas, si nada de todo esto le importa al lector, que se quede al menos con la portentosa labor (una más) de Eduard Fernández. Un monstruo de la interpretación.
7,5/10

Y en el DVD...
Cameo nos trae la flamante ganadora del Goya al mejor guión adaptado en una única edición en forma de DVD porque, la verdad, tampoco es que necesite mucho más: Barroso dirige con una cámara digital emulando un estilo totalmente amateur, y el disco permite disfrutar de su trabajo a las mil maravillas. Además, incluye unos 17 minutos de extras, traducidos en escenas eliminadas y/o ampliadas(amén de un trailer y las habituales fichas técnica y artística). Más que de sobras, oigan.

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