Crítica de El protector (Homefront)

El protector (Homefront)
En el cine siempre ha habido máximas, por lo que no es de extrañar que en la actualidad se sigan dando casos como el que nos ocupa: que una película con Jason Statham no forma parte de ningún género en concreto, puesto que Statham es un género en sí mismo. Si sale él, uno no va a ver una película de acción, un policíaco o un thriller; va a ver una película de Statham y como tal, el género, tiene su propia liga en la que ir posicionando cada nueva muestra, por arriba o por abajo según el nivel de adrenalina alopécica que desprenda. Dejando fuera de la competición únicamente a sus colaboraciones con Guy Ritchie (porque en este caso el ego del cineasta gana y se trata por tanto de películas de Guy Ritchie), por aquí somos de colocar más o menos en las posiciones de arriba Los mercenarios 2, The Italian Job y algunos pasajes de la saga Transporter; por las de media tabla The Mechanic o Blitz; y de ahí para abajo Asesinos de élite (se salva del descenso por los pelos), En el nombre del rey... y la que ahora nos ocupa, El protector. Y es que sólo hay una cosa, una, en la que una película de Statham no puede fallar, y es un generoso repartimiento de tortas. Si traiciona al espectador en esta única condición sine qua non... apaga y vámonos.

Y es que el problema de El protector es el mismo fantasma que suele rondar a todas las películas de acción, cuando éstas se ven ante la inexplicable necesidad de apuntar a objetivos más elevados que el del mero entretenimiento. Aquí la cosa empieza bien, y tiene mil y un valores prometedores: un Statham con peluca a lo Nicolas Cage de Con Air, se enfrasca en un tiroteo entre polis y pandilla de traficantes moteros. Por supuesto, él empieza en la banda de los malos. Pero por supuesto, es un agente infiltrado. En sólo cinco minutos se han descargado más tiros que muchas películas de acción al uso, pero claro, después toca arrancar el piloto automático. El que lleva a dos años después (ya con el calvo calvo), y que sustituye la acción por el habitual ritual de presentación de personajes con heridas del pasado abiertas, descripción del paisaje (siempre es la América profunda) y nuevos malotes que con total seguridad acabarán vinculados a lo visto en el prólogo. Todo muy de piñón fijo, nada que destacar ni que conservar de la quema inmediata de la memoria, mientras se espera a la siguiente oleada de castañazos. Lo de siempre, vamos. Sólo que aquí, algo se empieza a torcer bien pronto. El guión (con la firma de Sylvester Stallone) se lía en un discurso que si bien sea el mismo de siempre, se tiñe de una pretenciosidad que a la postre, se ve venir, jugará en su contra.

El protector (Homefront)

No falta a la fiesta la hija pequeña que aún echa de menos a su madre, por supuesto fallecida antaño para dibujar ¿mejor? al personaje principal; los rednecks que buscan problemas evitando así el letargo al que pretendía sumirse el bueno de Statham; la crítica a una sociedad movida por la sed de sangre, etc. Ya no es que todo sea intercambiable por cualquier otro film similar, y tan lamentable como de costumbre; es que es peor: aquí y allá, miradas a cámara lenta, frases para la eternidad y palabras malsonantes van poniendo en evidencia las intenciones de Stallone por trascender desde el libreto. Sí, Stallone. Pero en fin, el espectador que siga la carrera del de Crank: Veneno en la sangre sabe que a estas pausas debe atenerse hasta que el reloj marque los treinta minutos, en cuyo caso la paciencia obtendrá su recompensa en forma de reparto de puñetazos. Aquí el timing es perfecto: exactamente a la media hora un par de golpazos alivian las ansias del respetable e invitan, por su violencia física (que sumar a la cantidad de fucks que salen de la boca de unos y otros a lo largo de todo el metraje), a esperar de ahí en adelante un torbellino en ascenso. Pues no.

El protector (Homefront)

El torbellino brilla por su ausencia. Apenas un par de segundos de acción se supone que deben compensar una nueva vomitona de dramas de andar por casa y desarrollos de personajes unidimensionales, de algo que debería parecerse a la cocción de un poso de mal rollo que en verdad no despierta el menor de los intereses por muy pasado de rosca que esté James Franco, inesperado malote de la función. Matices de vergüenza ajena, argumento que vendría a ser la respuesta mongoloide de Breaking Bad pasada por un filtro de padre coraje, y cuando se cumplen cuarenta y cinco minutos resulta que empieza el argumento real del film. Un desastre, vamos. Pero de nuevo, la matemática vuelve a salvar la función: a la hora exacta de metraje vuelve a desatarse la acción de manera igualmente fugaz que hace media hora, sólo que esta vez sí significa una antesala de lo que ocurrirá unos quince minutos después, clímax definitivo y logrado (todo hay que decirlo), pero rematadamente insuficiente para compensar el auténtico sinsentido que nos han colado con todo el descaro del mundo. Para una tarde tonta amorrado a la tele y gracias. Y mirando al farolillo rojo de la liga Statham...
4/10

1 comentario:

  1. Cómo mola la Casita nueva!! Bendito buscador. No me la bajo ni jarta vino y eso que tenía ganas de acción y punto. Thanks Caps!

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