Crítica de Non-Stop (Sin escalas)

A menudo uno encuentra su dosis de placer cinematográfico en esos derroches de originalidad, en esas apuestas por la renovación del sentido de la maravilla y lo nunca visto. Otras veces, sin embargo, la recompensa proviene de una zona más primaria y menos intelectualizada, esa que ocupan los tipos que sin pretender trascender nada hacen lo mejor que saben hacer y lo hacen bien, independientemente del prestigio que pueda reportarles la cosa. Y ¿quién va a negarle a Jaume Collet-Serra su oficio a la hora de montar entretenimientos tensos e hipercomerciales que se justifican solamente en la medida de lo que son (y ya está)? ¿Quién le echará a la irlandesa cara de Liam Neeson que últimamente se encuentre tan cómodo ejerciendo de héroe talludito y bofetada más descollante que muchos de sus compañeros de profesión más jóvenes? Y, en fin, ¿quién puede negar que cuando estos dos hombres se ponen a trabajar en pareja la cosa sale, dentro de sus márgenes, estupendamente bien?

Ocurrió con Sin identidad, ocurre con Non-Stop y volverá a ocurrir, estoy convencido, con la próxima Run All night: que facturarán, cada uno desde su campo y con su radio de acción, un buen chuletón de acción y suspense aderezado con especias de innegable aroma comercial y nadie que vaya a probar su plato quedará con hambre. Igual con bastantes ganas de irse otra noche a un local más fino, pero desde luego no con el estómago vacío. Así que sí, volvemos a estar ante uno de esos casos en los que aplicar criterios excesivamente analíticos y raseros demasiado selectivos quedaría fuera de lugar. Porque que tal y como están las cosas que una película apele tanto al cine de acción de los 80 (¿no tiene un algo de Jungla de cristal esto?) como al catastrofista de los 70 (otro tanto de Aeropuerto) y esté regado todo de suspense con aroma a mindgame perverso de serie B (Plan de vuelo) debería ser ya indicativo de que aquí uno sólo puede rendirse y disfrutar.


La historia en si misma deja poco lugar a dudas: Bill Marks es un veterano air marshall alcohólico y con un pasado que lo atormenta que se ve envuelto en un delicado caso. El avión en el que acaba de embarcarse va a ser víctima de un secuestro: una serie de mensajes de texto en su móvil aseguran que si no logra que que 150 millones de dólares sean ingresados en cierta cuenta bancaria un pasajero morirá cada 20 minutos. Esto prende la paranoia y convierte el avión en un ataúd con alas, posible escenario de una masacre de la que cualquiera puede ser responsable. Y me refiero a cualquiera. No hay que olvidar que estamos ante una premisa moderadamente descabellada que parte del principio del whodunit y se desarrolla básicamente gracias a una necesaria suspensión de la credulidad por parte del espectador. Puro thriller con pinta de superproducción pero alma de serie B. Aquí no falta ni un diseño de personajes superficial -el proceso de redención del héroe es casi insultante en su obviedad-, ni unos diálogos llenos de oneliners absurdos ni tampoco unas gotitas simplistas de paranoia y psicosis terrorista.

Pero ya comentaba al principio que esto no va de eso. Non-Stop va de ofrecer un producto bien compactado que juega al voluntario despiste de sus propios errores mediante la administración directa a la vena de adrenalina. Y en este sentido, los ingredientes que nos quiere ofrecer nos los ofrece con seguridad y profesionalidad. Collet-Serra se mueve en el género con empaque visual, rotundidad, seguridad impecable y casi, casi una sutil elegancia. Maneja estupendamente el suspense hitchcockiano y lo conjuga con el repentino estallido espectacular con milimétrica pericia: cuando se pone tenso, nos hace pensar en las barrabasadas conspiranoicas de Jack Bauer; cuando le da más al actioner evoca las macarradas de los héroes vitalmente jodidos de los 90. Y de este modo enriquece la relativa necedad de un guión armado a base de consecutivas contrarrelojes y carreras contra el tiempo condicionadas por el espacio. Al final, lo mejor y más logrado de esta película es su apuesta por una escenificación arriesgada en la que la cámara está encerrada con sus personajes, sin salir del avión en todo el viaje (hasta que no ha terminado el conflicto, Collet-Serra no le pone rostro a esa voz presente en el teléfono de Neeson).


El resultado añade claustrofobia y sensación de encierro, aumenta las apuestas de la premisa (el director planifica en todo momento jugando con la idea de que todos los pasajeros son sospechosos) y termina encerrando la película en el tamaño que le corresponde: pocas pretensiones, pocas posibilidades de facturar un producto legítimamente bueno… pero innegable éxito en sus propósitos. Gozo sin complicaciones.

6’5/10

3 comentarios:

  1. "Maneja estupendamente el suspense hitchcockiano y lo conjuga con el repentino estallido espectacular con milimétrica pericia: cuando se pone tenso, nos hace pensar en las barrabasadas conspiranoicas de Jack Bauer; cuando le da más al actioner evoca las macarradas de los héroes vitalmente jodidos de los 90."

    Boom. La has clavado. (Entre otras cosas, vamos. Pero es que esa frase es perfecta)

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  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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  3. ¿Quién dijo esa frase?

    Ah, ¿yo?

    Pues tú has clavado lo de

    <<"Maneja estupendamente el suspense hitchcockiano y lo conjuga con el repentino estallido espectacular con milimétrica pericia: cuando se pone tenso, nos hace pensar en las barrabasadas conspiranoicas de Jack Bauer; cuando le da más al actioner evoca las macarradas de los héroes vitalmente jodidos de los 90."

    Boom. La has clavado. (Entre otras cosas, vamos. Pero es que esa frase es perfecta)>>

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