Crítica de Carmina y amén

Carmina y amén
Pues vaya si ca(r)minó. Notable y más que merecido éxito se granjeó Paco León con su meta-experimento, juguetito a medio camino entre el biopic, el documental, la sátira y el Cine (en mayúsculas, sí), de rompedora campaña mediática que sumando estrenos simultáneos en taquilla, DVD y streaming, se saldó con una importante recaudación (habida cuenta de la limitación de sus horizontes económicos, ojo) que ahora, dos años después, permite la existencia de una continuación. A lo que se debe sumar, claro, una nueva ruptura de moldes de lo que se entiende como distribución cinematográfica. Carmina y amén comparte con la predecesora Carmina o revienta un espíritu revolucionario en muchos aspectos y de entrada, el día antes de su estreno multiformato, varios cines ofrecían la posibilidad de pasar por taquilla como Pedro por su casa y solicitar una entrada totalmente gratuita. Confiando en un boca-oreja que a tenor de lo vivido en la sala, debería funcionar a las mil maravillas. Es un experimento, veremos. Y un riesgo, bienvenido sea.

Claro que esta vez, la experiencia marca el terreno. Ahora León sabe perfectamente que cuenta con un buen puñado de seguidores y por eso, se abre de miras a la par que acude directamente a ellos nada más comenzar. Dos pájaros de un tiro. Carmina y amén arranca en un lugar de sobras conocido y una vez más, el tabaco y el sevillano más malsonante (por los tacos, Dios me libre) marcan el territorio, amén de algún que otro exabrupto visual. Es Carmina, definitivamente. Pero a su vez, el argumento se descubre sin relación con la anterior entrega (una anécdota: se le muere el marido dos días antes de cobrar un plus del seguro) y de hecho, la propia esencia del film es igual... pero diferente a la vez. De nuevo tanto detrás de la cámara como a manos del guión, el Luisma se mantiene constante en su empeño a la vez descriptivo de una sociedad muy concreta (no sin cierto esperpento, claro), y explorador del lenguaje cinematográfico. Pero ahora se va vislumbrando un discurso bien distinto: liberado de esa dependencia de la anterior entrega por el propio experimento, y por más que aquí se siga apostando por la comedia (que de tan hiperrealista se hace surrealista), Carmina y amén se adentra en un terreno mucho más personal y dramático. Casi parecería la carta abierta de un hijo a una madre, hablándole de sus miedos, sus dudas. Mamá no fumes; mamá qué pasa si falta papá.

Carmina y amén

De ahí que a su vez, y repito que manteniendo siempre la misma y desfachatada esencia con un puntito entre Tarantino y Torrente (o así), Carmina mire hacia otros lados. Sin ir más lejos, por momentos se convierte en la Menchu de Cinco horas con Mario. Y es ahí donde descubrimos finalmente a la verdadera mujer detrás de esa fachada de madre coraje, de mujer de armas tomar; vestimenta necesaria para lidiar con los problemas de la vida que la rodea, claro. Y que aquí vuelven a aparecer, quizá de manera algo más episódica (intrascendente acaso) si se compara a lo compacto de la película precedente, en lo que podría achacarse como único defecto de una continuación que por lo demás crece en todos sus sentidos. Más humana, más sentida, y con sus principales rasgos de personalidad más acentuados, Carmina y amén lleva al extremo su encuentro entre cine inesperado y planificado, y no sólo por su semi-improvisado guión. Desenfoques y correcciones constantes de planos se intercalan continuamente con momentos llamados a convertirse en iconos: la vuelta en moto (a ritmo de Pony Bravo) y su antológica respuesta al comentario de un curioso (después de haber jugado inesperadamente con el recurso de la voz en off); la única pausa para tomar aire, a cámara lenta y con Espaldamaceta levantando hasta el último vello del cuerpo de los espectadores, y mientras Paco León hace acto de presencia evidenciando que en realidad, todo esto va de él y de sus tribulaciones personales...

Carmina y amén

En definitiva, el experimento sigue, y quizá pierda en chispa o sorpresa, pero gana en cuerpo y madurez. Carmina o revienta fue un brillante soplo de aire fresco, y Carmina y amén confirma las buenas vibraciones y asienta la polvareda, constituyendo simple y llanamente uno de los títulos importantes de nuestra industria, sin complejos. Todo un ejemplo de inteligencia hecha película, de gusto y respeto por el cine y por el espectador, por mucha escatología que haya. Y un último apunte: Yolanda Ramos, la catalana; lo que le faltaba a la fórmula para que el resultado fuera redondo.
7,5/10
 
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1 comentario:

  1. Estoy buscando una grabacion en audio o video de Carmiña, la criada imposible. mi correo es javierumca@yahoo.com, si alguien tiene algo relacionado lo agradecere.

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