SPLASH PAGE. Los cómics actuales que no te puedes perder (vol. 18: marzo/abril 2014)


Impresionante Splash Page el que tenemos entre manos en esta ocasión, una concentración de títulos de una calidad incuestionable y en una abundancia inaudita. Tanto es así que por primera vez hemos destacado hasta cuatro de todos ellos. Entendednos, todo los reseñado aquí es destacable, superior a la media de publicaciones regulares (de hecho esa es la razón por la que figuran en esta sección), pero es que resulta que nos encontramos ante cuatro libros imprescindibles, algunos de ellos no sólo por lo que cuentan, sino por cómo lo cuentan. Se da la casualidad de que se coinciden en el mercado español un par de títulos que elevan al cómic como formato a cotas superiores, que plantean nuevos medios de expresión y ensanchan los límites de la narración secuenciada. Dos obras maestras venidas, cómo no, de dos maestros del cómic contemporáneo y que -a pesar de sus, lo admitimos, precios elevados- nadie, nadie debería dejar pasar.
Pero hay más y además no nos gusta adelantar acontecimientos, así que con vuestro permiso vamos entrando ya en materia...

Stephen Collins - La gigantesca barba que era el mal

Impagable sorpresa la que nos brindan los amigos de La Cúpula, la primera novela gráfica larga del británico Stephen Collins (tras sus colaboraciones en el Wall Street Journal, The Guardian o Wired) resulta ser una de las experiencias más deliciosas y magnéticas de los últimos meses. Una historia muy, muy alegórica situada en un punto intermedio entre el cuento, la pesadilla kafkiana, la fábula surrealista y la comedia costumbrista. Esta sátira de la vida contemporánea, tan llena de miedos irracionales y prejuicios absurdos, nos habla sobre las supersticiones, la auto-limitación de la libertad y la auto-represión en la historia de un pueblo que teme a lo que hay más allá (el "Allí" que se extiende justo tras el mar) mientras vive reprimido y acoquinado en el "Aquí". En semejante sociedad, a un pobre tipo lampiño empieza a crecerle, sin demasiada explicación, una hirsuta barba cuyas medidas se extenderán hasta más allá donde llega la vista. Mundano y profundamente lírico al mismo tiempo, evocador y tenebroso, profundamente imaginativo pero extrañamente familiar, La gigantesca barba que era el mal se lee de un tirón porque ella misma se resiste a caerse de las manos del lector, y deja un poso de agradable incomodidad y de amarga emotividad que se alargan semanas, y semanas, y semanas… hasta más allá de donde llega la barba. Precioso de verdad.




     

Paul Dini y J.H. Williams III - Batman: Detective, núm. 1

Corría 2006 cuando Paul Dini (uno de los tipos más importantes en la construcción reciente del mito Batman) iba a parar a la cabecera Detective Comics y decidía devolver el sentido al título. Justo eso, esa división debía dar cobijo de nuevo a las historias detectivescas que caracterizaron tantas épocas gloriosas del murciélago. El modus operandi, el más sencillo de todos: Dini construiría un sistema de episodios independientes centrados en crímenes pergeñados por la fauna clásica de Gotham, todos esos criminales pintorescos que toda la vida han complicado la existencia de Bats. Y el resultado no pudo ser mejor. Acompañado de varios artistas solventes (alguno de relumbrón, como J.H. Williams III) Dini escribió historias intemporales, todas rozando un nivel elevado, algunas francamente memorables (como Masacre sobre ruedas) que terminaron acompañando, en nuestro país, la primera etapa Morrison. Feliz idea ahora de los amigos de ECC la de recopilar ese material disperso en tomos que, leídos del tirón, garantizan un rato de cómic batmanero sólido, entretenidísimo y con un regusto clásico, en el mejor de los sentidos: Dini es un escritor excelente y sus historias, sin afectar la continuidad troncal, siempre logran ser, a su manera, trascendentes de algún modo u otro. Obligado rescate.


Beto Hernández - Tiempo de canicas

Nueva entrega de la factoría Hernandez, esta vez de mano de Beto, quien facturara una de las mejores obras salidas de la familia: Palomar. O sea que genuflexión ya de entrada y sin necesidad de preguntar nada antes. Aquí el californiano vuelve a echar mano del recuerdo y de esa suerte de costumbrismo mágico que tan bien se le da y construye lo que podría ser algo parecido a una obra autobiográfica. Las vivencias callejeras de un chaval y sus dos hermanos, cuya máxima ambición durante los 60 era coleccionar cromos, canicas y tebeos y mientras tanto ir viendo pasar la existencia por delante de los ojos. Contado así no parece gran cosa, pero lo cierto es que el autor logra conferir una callada épica existencialista a su relato, imbuyéndolo de una serena profundidad de emociones. Beto nunca alcanzó el perfeccionismo gráfico de su hermano Xaime, pero da un poco igual: a medio camino de Archie y Carlitos, los personajes de Tiempo de canicas resultan de una expresividad profundamente sincera. Ellos van acumulando esas vivencias que el autor nos transmite con un tempo extraño, casi construido a base de retales, poniendo en crisis la narración causal más tradicional y dando la sensación de que, al fin y al cabo, nos estamos quedando con lo esencial, sin aditivos ni adornos. Decir que esto es uno de los tebeos más importantes de Beto es apuntar muy alto. Pero es que, sí, así de bueno es.


Shintaro Kago - Cuaderno de masacres: Los extraños incidentes de Tengai

Cinco son ya los álbumes que ha editado EDT dedicados a Shintaro Kago y, si no recuerdo mal, cinco han sido las veces que ha formado parte de esta sección. Da igual, seguiremos incluyéndolo por aquí siempre que haga falta, por lo menos mientras siga perturbándonos, divirtiéndonos y asqueándonos (en un término aglutinador: removiéndonos) como lo hace. Y cuidado que en esta segunda entrega del Cuaderno de masacres -como en el volumen anterior, no un recopilatorio de historias independientes, sino algo parecido a una historia con continuidad- casi parece venir más perverso, más enfermizo, más incorrecto y más bestia que nunca. Bueno, casi, que nunca se sabe, a Kago le hemos leído cosas muy hardcore. Esta personal visión de la lucha de clases se presenta como una especie de cuento negro entorno a los habitantes de Tengai y su joven, malvada y caprichosa princesa, empeñada en vivir de lo que le entreguen sus súbditos y al mismo tiempo en explorar los límites de la crueldad física: juntad las dos ambiciones y zas, bomba revulsiva. Los ingredientes son los acostumbrados: humor negro que busca salvajes catarsis, escatología sin límites, niveles de perturbación insospechados y una estructura narrativa cimentada en pequeñas teorías que llevan a grandes conclusiones encadenadas; absolutamente absurdas, pero delirantes e hilarantes. Una narración sin grandes alardes, pero libérrima en la articulación de sus sistemas de causa-efecto, por así decirlo.


Peer Meter y Gerda Raidt - Espíritu maligno

Pequeña miniatura emocional la que pergeña el alemán Peer Meter -ayudado por el arte en lápiz de Gerda Raidt-, que aquí deja de lado la crónica de sucesos que caracterizó algunas de sus más celebradas obras para ponerse en un plano un tanto más alegórico. En forma de gran retorno al pasado, Meter evoca los recuerdos de un anciano que vuelve a su antiguo barrio, el que lo vio crecer y que ahora se encuentra a punto de ser derruido, y recupera esas sensaciones pretéritas marcadas por la inocencia infantil, la fascinación por lo macabro y la creencia en lo mágico. Un tiempo que no volverá, poblado por figuras cuyo recuerdo es sólo una fantasmagoría que, sin embargo, puede alargarse hasta el presente. Los autores construyen una atmósfera a medio camino entre la nostalgia y el cuento puramente terrorífico para mostrar los peligros, reales o imaginarios, que guarda el trastear con la muerte, el pretender devolver a la vida aquello que ya traspasó. Todo es una gran metáfora del recuerdo, de las zonas oscuras que quedan guardadas en la intimidad de las personas y de cómo la crueldad puede pervivir en el corazón de las personas. Un cuento de fantasmas entorno a los peores de todos ellos: los del pasado.


Peter Milligan y Mike Allred - Fuerza-X. Integral

No sé a quién se le ocurrió la idea en su momento (sí, en realidad fue a Joe Quesada) de poner al frente de la cabecera X-Force a Peter Milligan, británico chiflado que puso patas arriba el cotarro con su llegada. Acompañado de Mike Allred, dibujante pop imprescindible, el autor tomó a ese grupo paralelo de mutantes y transgredió todo lo transgredible, orquestando muertes sonadas hiperviolentas, líos de faldas deliciosamente absurdos, aventuras metatodo, salvajadas iconoclastas y una visión de la condición superheroica inédita por los pagos Marvel: en esencia, su Fuerza-X era una panda de irresponsables únicamente preocupados por el poder, la fama y el dinero. Esto es un cómic de súpers apto para indies, una animalada que chifló a adeptos pero que soliviantó a ejecutivos, un tebeo loco y desafiante, descacharrantemente divertido, cuyos primeros números fueron los mejores pero que supo aguantar el nivel admirablemente. Así fue incluso cuando el grupo tuvo que abandonar su nombre original para no deteriorar más la franquicia. De Fuerza-X pasaron a ser X-Statix, pero su poder iconoclasta y tocapelotas aguantó bien y convirtió el de Milligan en un nombre hot entre los que buscaban un algo más en el género pijamero. Estos no vieron calmada su sed (el autor no ha superado esas cotas de excelencia desde entonces) pero se llevaron a la boca una serie de culto que sigue aguantando el envite de los años. La prueba: este "Colección Extra Superhéroes" absolutamente imprescindible.




     

Michael Avon Oeming - The Victories

Nuevo título como autor completo de Michael Avon Oeming, corresponsable de la siempre recomendable Powers, The Victories es si no un tebeo de súpers muy original, por lo menos sí una serie chispeante y divertida. Incluso superior a la media, diría. Y ya es. Este nuevo virado hacia la oscuridad de los grupos de pijamas a lo JLA supone una ración de tortas, carreras y vuelos bien orquestada, pero especialmente una visión más negra y derrotista de la condición del héroe. The Victories, serie abierta que en nuestro país empieza aquí y ahora, con este volumen que recopila los 5 primeros números, supone una visión macarra, violenta, pesimista, más adulta y llena de aristas que la del mainstream (estamos hablando de un producto Dark Horse, cuidado). Protagonizada por personajes con un pasado siniestro, o muy siniestro en algún caso, heridos, marcados por terribles secretos y que llevan la historia a terrenos moralmente más ambiguos y, claro, éticamente ambiciosos. Una historia con chicha que viene respaldada en lo gráfico por la visión cartoonesca del autor, no exento de algunos defectos suplidos, sin embargo, por toneladas de dinamismo y planificaciones cinéticas. Buen chuletón de supers para una cena opípara.


Joe Sacco - La gran guerra

La guerra como tema capital de la obra de Sacco. Uno de los autores más importantes de la historia del cómic a la hora de retratar conflictos bélicos (suyas son las monumentales Gorazde: Zona protegida, Notas al pie de Gaza o Palestina) incide una vez más en el tema, se desplaza hacia 1916 para relatar el día exacto en que empezaba la batalla del Somme -1 de julio- y factura su obra más original y formalmente interesante. La gran guerra no tiene páginas (o tiene una sola), no tiene viñetas (o por lo menos no delimitadas físicamente) y desde luego no se lee como un tebeo convencional. Porque esto es un enorme desplegable de más de siete metros, un gigantesco, precioso, alucinante panorama que relata con sensación de temporalidad el estallido de dicha batalla. Congela ese momento en un único segundo, pero al mismo tiempo ofrece sensación cronológica, que termina de decidir el lector con el ritmo de su "lectura", despojada de cualquier tipo de texto de apoyo. Y aquí aparece, con puntillista detallismo y una brutal capacidad expositiva, todos los elementos humanos y paisajísticos que marcaron la relevancia de dicho momento: el conocido "Carnicero del Somme" (el General Douglas Haig), los interminables ejércitos de soldados anónimos que terminaban, en su mayoría, heridos o muertos, las abarrotadas e infectas trincheras, los morteros escupiendo fuego hacia el aire. Una experiencia alucinante en un cómic único. Impresionante es poco.




     


Arnau Sanz - Nacatamal / Camille Vannier - Tuerca y tornillo

Qué bonitos son los libricos estos que edita Apa-Apa en su colección "Grapa-Grapa", caramba. Y este, adecuadamente subtitulado "Sexo issue", no es excepción. Ración doble de tebeo de autor, compuesta por dos breves historietas: Nacatamal, de Arnau Sanz (una de las revelaciones nacionales del año pasado, más que recomendable su Albert contra Albert) y Tuerca y tronillo, de Camille Vannier. Dos aproximaciones al sexo totalmente distintas y con lenguajes narrativos (que no tanto formales: los dos parten de un estilo muy naïf) claramente diferentes. Ambas son minimalistas, apenas una idea simple desarrollada hacia dentro, en lugar de expandida, pero donde Sanz busca una extraña melancolía marcada por el peso de un recuerdo, Vannier nos lleva a la inmediatez del polvo de una noche. Nacatamal nos traslada a Nicaragua para contarnos en flashback una historia de amor sencilla y directa que en cambio se intuye eterna e inmortal, resonando aún en el presente. Tuerca y tornillo es un ligoteo fugaz que sin embargo habla de la difícil convivencia del hedonismo con las preocupaciones universales relacionadas con el sexo. Ambas son historias altamente expresivas marcadas por un estilo engañosamente desgarbado, muy cuidado, falsamente inocente. Todo por menos de diez euros. Nada mal. Y a esperar al siguiente.


Olivier Schrauwen - Arsène Schrauwen

Después de ponernos la cabeza patas arriba con la magistrales Mi pequeño y El hombre que se dejó crecer la barba, el belga Olivier Schrawuen da lo que podría entenderse como un paso hacia un terreno más convencional de la expresión comiquera. Ni de lejos, vamos, porque aunque esto de buenas a primeras invite a la tranquilidad, poco tienen en realidad su páginas de domesticación. Arsène Schrawuen es una historia de vida en tres partes (Fulgencio Pimentel nos brinda ahora la primera) en forma de biografía. La del abuelo del autor que, en los años 40, emigró a las colonias. Lo que nos propone este autor es un viaje febril, enigmático y fascinante a un mundo real a través de una visión deconstruida, puramente expresiva. Una especie de aventura desconcertante que estalla ante nuestros ojos en bitono (azul y naranja) para dibujos que beben de las vanguardias de principios del siglo XX y que, como siempre, forman parte de un gran plan de experimentación formal. Entre lo retro y lo audaz, Schrauwen juega con fondos y formas, da tanta importancia al qué como al cómo y captura al lector en una espiral de atmósferas y sensaciones extrañas, febriles, desasosegantes pero, lo dicho, absorventes.


Chris Ware - Fabricar historias

Reducir la importancia de esto a un texto tan escueto no es sólo imprudente, es directamente inmoral. Pero en fin, es el formato que nos hemos impuesto. De hecho ningún formato posible hará justicia a la aparición de material de Chris Ware, y tampoco a este Fabricar historias, más que un cómic una caja de sorpresas. Literalmente: en su permanente desafío a las formas tradicionales de edición, Ware se ha inventado una enorme caja de robusto cartón que contiene su última obra, dispersa en distintos tebeos de variados formatos. Uno abre la caja y da con un puñado de historias en forma de periódico, de tira cómica, de libro encuadernado, de póster. Y cuando se zambulle en ello se encuentra con narrativa secuenciada tradicional, dibujos con estética de recortable, diagramas y planos… Viñetas de todo tipo y tamaño en planificaciones libérrimas, espacios donde convive el minimalismo más absoluto con el horror vacui, la sobreverbalización con el silencio, lo pequeño con lo cósmico. Todo constituye un enorme tapiz por el que se mueven los personajes, dos de ellos con un papel especialmente relevante: una mujer coja, inquilina de un piso en Chicago, y Branford, la mejor abeja del mundo. De la primera conocemos toda su vida como madre y como hija, con la segunda compartimos aventuras metafísicas y crisis de fe en una cotidianía diminutamente gigantesca. Alrededor de ambos se arremolinan unos personajes secundarios que permiten a Ware profundizar en sus grandes temáticas: la soledad, la diferencia, el paso del tiempo, el peso del pasado, la búsqueda de la felicidad de personajes con corazones rotos, los conflictos generacionales (padres que se encuentran entre sus hijos y sus propios padres), la resignación lacónica y la imborrabilidad de las heridas, físicas y espirituales. Además de todo ello, Fabricar historias (traducción insuficiente del mucho más rico en dobles y triples sentidos Building Stories) es un tratado de existencialismo, formalmente a medio camino de lo popular y el arte de museo, que constituye una profunda indagación en la psique femenina, tan condicionada por el sacrificio a la familia, y una reflexión sobre la crisis de fe, la búsqueda de Dios y la pequeñez del ser frente al universo en un mundo plenamente contemporáneo. Todo eso y, claro, una reivindicación del continente al mismo nivel que el contenido, un nostálgico homenaje a las artes gráficas, a la tipografía y a la singularidad de la obra artesanal. Sin lugar a dudas, esta es la publicación más relevante del año en materia de narrativa gráfica, una nueva prueba irrefutable de que no existe nadie como Chris Ware ni nada como lo que él hace. Una experiencia deslumbrante, en todos los aspectos infinita.




     

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