Crítica de Redención (Hummingbird)

Está empezando a cambiar el estatus de Steven Knight para imponerse con una cierta fuerza entre los ambientes de aficionados al cine más o menos negruzco venido desde Gran Bretaña. El camino que emprendemos por aquí los interesados probablemente fuera fijarnos de verdad en él gracias a su guión brillante para Promesas de el Este y rescatarlo recientemente con la notable teleficción Peaky Blinders. Pero por lo visto ahora lo que toca es empezarlo a tener en consideración como director con esta Redención que se estrena ahora, a la espera de que llegue la mejor ponderada Locke. Y a la vista de algunos de sus libretos y con el buen sabor de la serie de la BBC aún coleteando en el paladar, hay que decir que con Redención nos llevamos un chasco. Una decepción, un jarro de agua fría que hace que ya no veamos con tan buenos ojos o que no esperemos con tantas ganas el futuro estreno de su segundo asalto cinematográfico. Espero equivocarme, claro, y que lo titubeante del debut de Knight a la dirección se deba justo a eso, a una falta de experiencia o a una voluntad de simple fogueo en el terreno. Pero la verdad es que esta suerte de neonoir pasado por el tamiz del drama psicológico y tintado por algo así como una crítica a la actualidad desde el punto de vista del intervencionismo militar le deja a uno bastante gélido. Necesitado de mayor profundidad en los términos psicológicos, morales y puramente narrativos o bien todo lo contrario, de más elevadas dosis de acción visceral desatada. Pero ni lo uno ni lo otro. Y al final la película termina pareciendo otro de esos intentos de Jason Statham por redimensionar su carrera hacia cotas más elevadas sin perder su idiosincrasia matona.

Y es que esto es un papel hecho a la medida de un Statham que parece justo eso, quererse dedicar a otros menesteres más allá de asegurar el trabajo al gremio de traumatólogos maxilofaciales: un papel salvaje, físico, pero alejado de la action movie pura y dura, con hostias generosas pero también una carga introspectiva de fondo, a medio camino del justiciero expeditivo y el bagaje trágico del héroe que ha cometido un error imperdonable. Ni que decir tiene que el inglés logra su objetivo a medias, pero ello no se debe necesariamente a su menguada capacidad interpretativa, o no tanto a eso como a lo limitado de los planteamientos de su personaje: un exmilitar que sobre el campo de batalla emprendió una acción ejecutiva cuyos daños colaterales siguen persiguiéndolo una vez reinsertado en la vida cotidiana. Y que ya en Londres ha decidido ejercer de brazo ejecutor en encargos turbios con una hipotética monja polaca como único contacto con la realidad más humana. El problema, que su pasado retorna para morderle el culo, y los remordimientos cada vez deterioran más su manera de actuar y su percepción de la realidad. Y el auténtico problema, que apenas se logra una empatía del espectador hacia el personaje. Y que el fondo moral de la historia aparece poco definido y menos potente, ni siquiera con la coartada de la actualidad bélica más inmediata ni con esa puesta en paralelo entre las grabaciones de acciones militares y las cámaras de seguridad de la vía pública en una gran urbe.


Knight contextualiza su historia en un Londres urbano a medio camino de la sequedad y lo alucinatorio: neones, contrastes de colores en la oscuridad, cosas así. Y se sitúa en unas coordenadas cercanas al hardboiled y al drama criminal british, pero no ajenas al thriller urbano facturado en Hong Kong. Un posicionamiento ético que de entrada podría llevarnos a pensar en la sequedad expositiva del thriller de acción canónico, pero que sin embargo vira hacia terrenos un poco más escurridizos. El director y guionista subraya la volatilidad de su protagonista con puntadas oníricas y escapes simbólicos que buscan casi un acercamiento lírico a esa visión trágica del justiciero o del vengador. Es como si Knight pretendiera dar una cierta pátina de calidad autoral al producto; y ciertamente se agradece esa voluntad esteticista y ese intento por escapar de la parquedad formal del género. Pero lo cierto es que algunas de sus propuestas visuales, sus ideas compositivas, en ocasiones terminan cayendo en saco roto por una cierta inconsistencia en el discurso o, simplemente, por lo descabellado de algunos de su recursos argumentales. En concreto la historia parece, en el fondo, demasiado vulgar. Los dramas de los personajes son un poco pacotillescos, henchidos de trascendencia hueca. La subtrama romántica está metida con calzador. Los toques de humor no sobrepasan el desconcierto mientras que la comedia involuntaria tampoco tarda en aparecer. Y para colmo la faena se remata con un plano evocador de la Piedad un tanto sonrojante.

Esperaremos a que Knight nos regale todo lo que intuimos que puede regalarnos en un futuro no muy lejano. Desearemos que Jason Statham alguna vez encuentre ese papel sólido, poderoso y relevante que siempre se muestra desesperado por encontrar. Disfrutaremos con productos de serie B que sean conscientes de serlo y que exploten su condición de pulp con dignidad kamikaze. Pero no con esto. Esto es entretenido y medianamente difrutable, pero en el fondo no es más que una mona vestida de seda.

5/10

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