Crítica de X-Men: Días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past)

Más allá de una operación comercial intachable. Más allá de una cita ineludible para fans y casuales. Del nuevo paso firme que supone para la explotación casi transmedia de las franquicias comiqueras. X-Men: Días del futuro pasado es varias cosas, sentimentales y materiales, pero la más relevante de ellas probalemente sea que supone una película de retornos. A unas esencias cinematográficas muy concretas, a una particular sensibilidad hacia el espectáculo, hacia un tiempo pretérito en la historia del tebeo superheroico. Pero, ante todo, X-Men: Días del futuro pasado supone el regreso de Bryan Singer hacia un mundo que conoce, que le ayuda a crecer como cineasta y con el que siempre establece sinergias de mutuo enriquecimiento. Muy lejos ya el Singer "autor", el de Sospechosos habituales, Verano de corrupción o Valkiria, el Singer director de blockbusters no es el mismo sin sus superhéroes (ahí está la más bien fofa Jack el caza gigantes). Y el Singer director de superhéroes no es el mismo sin Marvel (la prueba, una Superman Returns descolorida y repelente). El resultado lo certifica esta respuesta más que digna a la superlativa X-Men: Primera generación que, en realidad, representa en esencia una prolongación del universo mutante que ya construyó el realizador en las dos primeras entregas de la serie. Así que de entrada lo que más sorprende y se agradece es que Bryan Singer haya logrado hacernos olvidar las dos entregas de Lobezno en solitario para evocar directamente la textura narrativa de sus propios precedentes. Y la idea que sustenta este concepto es directamente brillante: partir del arco homónimo pensado por Chris Claremont y edificado por John Byrne para, de una sola vez, aunar los dos casts mutantes conocidos.

En aquella saga, el equipo creativo más fértil de la historia muti orquestaba una gran aventura a lo largo de dos números que colocaba a la Kitty Pride del siglo XXI como viajera temporal: en 2013 el futuro pinta muy mal para mutantes y humanos: los primeros viven en una sociedad subyugada por el terror y los segundos han sido cazados progresivamente hasta el exterminio por un ejército de los llamados Centinelas, gigantes soldados mecánicos armados por el científico experto en robótica Bolivar Trask. La idea de los tipos X era proyectar la mente de Kitty al pasado (1980, el presente de la publicación del tebeo en cuestión) para atajar el problema de raíz, antes de que se generara. Con semejante premisa, tan apegada a los cánones de la ciencia ficción y tan proclive de paso a paradojas temporales, Singer y el guionista Simon Kinberg se lanzan a esa especie de reunión (falsa, apenas coinciden en pantalla) del elenco conformado por los jóvenes Profesor X, Magneto, Bestia y Mística con el reparto que integran Kitty, Tormenta, Coloso, el Hombre de Hielo y las versiones adultas de Xavier y Magneto. Es decir, James McAvoy, Michael Fassbender, Nicholas Hoult y Jennifer Lawrence versus Ellen Page, Halle Berry, Patrick Stewart, Ian McKellen y compañía. Por su parte, Lobezno funciona en esta ocasión como nexo de unión y además se añaden algunas caras nuevas, como Mercurio en la línea temporal del pasado (concretamente 1973) o Bishop, Blink y alguno más en la del futuro. Ensalada mutante con un ajustado control de los personajes, una calculada habilidad para ponerlos a trabajar a todos juntos y una marcada intención por primar el guión sobre la parte puramente física... que resulta funcionar de manera desigual.


Y es así principalmente porque se aprecia un cierto desequilibrio dramático entre las dos líneas temporales. Tanto que a pesar de esa conexión tan potente que indicaba con las dos primeras X-Men, al final esto se presenta más como una secuela de la anterior película que como un auténtico crossover entre dos mundos: si la parte de 1973 es la que concentra todo el capital emotivo, la del futuro parece, salvo contados momentos, simplemente limitada a un escenario de batallas hiperbólicas, estupendamente montadas y coreografiadas, pero a las que les falta un algo de espesura dramática. Por su lado, la aventura de las versiones jóvenes de los protagonistas potencia de manera inteligente, pero un tanto por debajo del rendimiento esperable, el triángulo Profesor X / Mística / Magneto y los carga (a ellos más que al cuarto en discordia, Bestia) de un peso existencial y emocional que se intuye más que se demuestra con precisión. El resultado es una película que -con el armatoste digital asegurado- apela esencialmente a la emoción y a la inteligencia, pero que tiene en su desarrollo algunos trompicones que generan un ritmo general un tanto descompensado e irregular, en algunos momentos una narración que divaga entre sucesiones de set-pieces engarzadas no siempre con fluidez. Episodios de distinto interés marcados por una mayor o menor originalidad en la idea y un éxito más patente o menos en su puesta en escena. La secuencia de la extracción de Magneto es un perfecto ejemplo: sirve como gran actuación de uno de los peores personajes de la película (Mercurio), plantea elementos no especialmente bien resueltos pero al mismo tiempo guarda en su seno una de las mejores escenas, relacionada con una suspensión del tiempo.

Contradicciones que distancian a la película de algo parecido a la perfección y que pueden llegar a incomodar al espectador más analítico. Sin embargo, por lo demás, los ingredientes que han hecho de la franquicia mutante un éxito creativo notable siguen presentes. La elegancia de la puesta en escena aún está ahí, marcada por la aparición de otras caras con pedigrí (Peter Dinklage compone un notable Trask) y por un look setentero que se guarda de derrochar efectos especiales y saturar el ambiente de atmósferas futuristas. La marca X-Men sigue siendo sinónimo de gozoso espectáculo old school, mera cáscara de un corazón palpitante. Esa alma que forman personajes con fondo y de los que conocemos en todo momento sus rasgos más definitorios y sus motivaciones internas, especialmente en las versiones jóvenes de los mismos: el bien contra el mal ya se perfila en la lucha de poder de los dos principales protagonistas y con el bagaje de lo visto anteriormente, las feroces batallas entre facciones mutantes enfrentadas, el espectador los redimensiona en un lienzo mayor y más trágico que muestra su primer fleco en el clímax de la película. A eso súmensele unas cuantas referencias culturales que funcionan de manera orgánica o no con la trama, esta vez localizadas en pleno gobierno de Nixon y donde JFK se granjea un par de gags a costa de su asesinato. Más el obvio carrusel de guiños para fans, delirante fiesta referencial que culmina en una escena post-créditos tan decepcionante como, en el fondo, llena de posibilidades futuras.


Buena película de mutantes, en definitiva, y secuela a la altura, superior a cualquier quinta entrega de cualquier franquicia posible gracias a su sentido aglutinador con el que liga todo su universo cinematográfico, a pesar de un desenlace un tanto cuestionable. Un éxito casi a la altura de las dos primeras propuestas de Singer que, a pesar de todo, no logra igualar a su predecesora, en la que bullía una emoción, un sentido de la aventura y una profusión de ideas emocionantes que en este caso aparecen un tanto mermadas.

7/10



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3 comentarios:

  1. Bueeeno, un 7 y ya entiendo lo que falta. Pero espero disfrutarla igual. Me muero de ganas.

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  2. Yo insisto. Está bien, pero me dejó bastante frío. MUY lejos de los niveles de emoción y atención al detalle de la anterior.
    Dicho esto... tú la vas a disfrutar por otros obvios motivos ;)

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  3. Ante todo buenas días, amigos de la casa más querida de todo internet. Y ahora voy al grano, que se me caen las lagrimillas ainssss, que placer volver a hablaros.
    Esta película yo la disfruté como un enano, no como la de Primera Generación, eso sí, pero la disfrute como un enano. La trama del futuro me pareció le leche en verso(básicamente era lo que esperaba) por esos magníficos centinelas. Y lo mejor sin duda alguna esa relación Patrick Stewart/Ian Mckellen. Maravillosos los dos. Y que decir del triángulo McAvoy/Lawrence/Fassbender que lo clavan y de que manera. También noté una cierto desequilibrio entre las dos partes cosa que hizo que no me llenara del todo. En fin, cosa que obviando algunas maneras me gustó muchísimo.

    P.D.: ¿Que harán Stewart y McKellen para parecer tan jovenes? En fin, que tarde muchos años en llevárselos la parca.
    P.D.2: A mi novia no la gustó nada básicamente porque no ha visto ninguna de las anteriores. Si es que soy un burro. Y he aprendido de mis errores. Esta noche le he dado la peli El Origen del Planeta de los Simios. ¿Adivináis cual quiero llevarla a ver no?

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