Crítica de Viajo sola (Viaggio sola)

Viajo sola (Viaggio sola)
Marchando una de esas. Pero de esas, de esas: comedieta ligera tirando a romántica con puntito emotivo a golpe de melodías de piano; argumento que es más una excusa que otra cosa para pegarse unas vacaciones de aúpa; personajes amables que si tienen alguna sombra éstas quedan lejos, muy lejos de acabar oscureciéndolos; éxito de público de público en su país de origen y estreno por aquí en verano, a modo de Calippo para las temperaturas más elevadas. ¿Más? Es italiana. Es decir: marchando una de esas películas del país de la bota (aunque sus confines podrían extenderse sin problemas, hasta abarcar la geografía francesa como mínimo) de puro relleno, agradable por su convencional simplicidad y condenada al olvido inmediato y por tanto a la confusión de sus escenas con las de otros tantos productos prácticamente idénticos. En concreto, aquí la cosa va de una señora (Margherita Buy) que se dedica a analizar hoteles de lujo en secreto, y que es la mejor en su trabajo por no tener vida; a lo sumo un amigo (Stefano Accorsi) que se lía con una chica que busca algo más, una hermana casada y con dos hijas moderadamente infeliz, y poco más. Oh, va conociendo a gente en sus viajes, que teóricamente le marcan de un modo u otro... pero nada que se pase de profundo y pueda poner en entredicho su absoluta, ocasionalmente irritante, superficialidad. Ni mucho menos su evidente moraleja final.

Y a uno ya, la verdad, se le acaban las ideas. Cómo hablar de nuevo de la misma película vista una y cien veces, cuando ni la propia película parece dispuesta a ofrecer arenga alguna para ello. Insisto, Viajo sola es exactamente lo que cualquier espectador mínimamente interesado en ella pueda esperar. Y claro, a su favor tiene que en una liga de tales características funciona a la perfección. O tan bien, al menos, como cualquier otra: los personajes se hacen medio entrañables, su espíritu 100% amable se contagia sin problemas, y dura tan poquito (apenas una hora y cuarto) que no se hace molesta. Sus lugares comunes son los de siempre, su planteamiento formal ya lo conocemos de memoria (ahora el piloto automático que hace las veces de director lleva por nombre Maria Sole Tognazzi), y la banda sonora podríamos tararearla. Lo dicho, cumplidora pero esperable, amena pero básica, no irritante pero mucho menos nutritiva. Y esa es la mayor de las penas: uno puede participar de esta guía turística por hoteles que seguramente nunca pisará, y puede interesarse por la evolución de sus personajes queriendo saber adónde irán a parar. Y entonces se encenderán las luces de la sala y descubrirá que no han ido a parar a ningún sitio.

Viajo sola (Viaggio sola)

Es el mal endémico de esta suerte de saga de cine mayoritariamente europeo: rara es la vez en que alguna de sus integrantes tiene algo que aportar, pero en el caso de Viajo sola quizá el desaprovechamiento sepa peor de lo habitual puesto que su premisa podría haber dado para algo más. Un retrato social, el estudio de un personaje muy particular. Curioso que se hayan necesitado hasta tres guionistas (Ivan Cotroneo, Francesca Marciano y la propia directora, Maria Sole Tognazzi) para tan poquita cosa, rematada para mayor inri con una voz en off que remarca la poquita chicha de su mensaje final. En fin, pretensiones con tendencia a cero, nulo interés por sorprender lo más mínimo, y fórmula perfecta para convencer a miles de espectadores; de aquellos que no le piden absolutamente nada al cine, que ni siquiera lo consideran como arte, sino como mero consumo con el que pasar el rato. Pues vale, si sois de esos...
5/10

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