DVD-Crítica de 10.000 Km

10.000 Km
Relaciones a distancia. El mal. Aunque ahora quizá puedan llevarse mejor, habida cuenta de lo hiperconectada que está la sociedad. Es una duda sobre la que da vueltas 10.000 Km, y motivos para ello tiene de sobra puesto que su responsable, el director y co-guionista Carlos Marqués-Marcet, afirma haber pasado por una situación similar a la que expone con su película: la de una pareja de Barcelona que debe afrontar la estancia, por parte de ella, de un año en Los Ángeles. Prueba de fuego para la solidez de un tándem hasta el momento indisoluble, que tratará de superar con la ayuda de armas de doble filo conocidas por todos: Skype, Google Maps, o el temido Facebook. De nuevo, cine e Internet de la mano y combinados por medio de uno de los géneros, temáticas, más universales; con tal de seguir ahondando en la afección de las nuevas tecnologías en el día a día de una persona; con tal de ver si eso de que estemos tan conectados es real, y en su caso, si es beneficioso o no para nosotros. Claro que esta es sólo la premisa, la punta de un iceberg que Marqués-Marcet moldea a su gusto yendo a hilvanar un más que estimulante ejercicio formal mediante el que narrar una historia mínima, tratada con el mayor de los realismos (y de las sutilezas) como para que pocos espectadores queden en la sala (o en el salón) que puedan evitar sentirse bien tocados, bien directamente identificados. Cercana, en definitiva, por muchos kilómetros que haya.

Bondades de un film que apuesta desde el principio por desnudar a sus dos protagonistas en fondo y forma, llevándolos a un terreno de total intimidad conocido por todos, y acotado en el interior de las cuatro paredes de su casa. Por tan pequeñita geografía deambula, casi excusándose de la intromisión, la cámara, recogiendo la cotidianidad total de una pareja mediante largos planos secuencia por cuyos protagonistas, excelentes Natalia Tena y David Verdaguer, se desenvuelven con toda naturalidad y entrega. Salta la bomba, ella se va, y a partir de ahí todo el dechado de cine, digamos clásico, del que estaba fardando Marqués-Marcet cede su paso a un discurso que bebe de esas nuevas formas de comunicación de que disponemos (y que centran buena parte del interés argumental de la película), aprovechándolas como herramientas narrativas en una mutación formal igualmente estimulante por, entre otras cosas, estar siempre al servicio de la historia. Que es, a la postre, lo que acaba quedando en el recuerdo del espectador. Y no es para menos. Con puntillosa plausibilidad, el guión de 10.000 Km recorre todas las fases por las que una relación a distancia puede pasar, sin precipitación y remarcando las elipsis temporales con indicaciones por escrito del tiempo transcurrido. Y con el agravante de las redes sociales como árbitros de la partida.

10.000 Km

A un lado de la cancha están las emociones, los sentimientos, las tribulaciones que pueden sobrevenirle a una pareja a la que de golpe separen miles de kilómetros. Al otro lado, ya lo decíamos, el bien o mal que pueden hacerle las fórmulas hodiernas de comunicación/espionaje tanto a una pareja como a cada uno de sus integrantes. Nervios, fotografías subidas quizá sin demasiada gracia, celos, últimas conexiones a altas horas de la noche, desconfianza, etiquetas y menciones que pueden dar pie a dobles lecturas, afectarán por lo menos a ese 50% de la pareja al que más seguimos (quizá demasiado del lado de él, el débil de la relación, tienda a colocarse Marqués-Marcet aquí y allá) y de nuevo, con quien el espectador puede empatizar a la perfección. Otra cosa es que elija posicionarse de su lado o del de ella, cuyo personaje, el fuerte, queda en segundo plano sólo en apariencia.

Sea como sea, mediante videoconferencias y chats, mediante silencios y esperas frente al monitor, van recorriéndose estos 10.000 Km a priori amables y despreocupados, pero que a poco a poco se van convirtiendo en una escalada desasosegante, conforme los días pasan y la soledad y la añoranza se van adueñando de unos y otros. Incluyendo, claro, a un espectador condenado a sucumbir a las órdenes de una película sumamente cuidada, que no pasa por alto el menor de los detalles que puedan hacer mella en los dos protagonistas aun a costa de perder algunos enteros en lo que a ritmo se refiere. Nada que afecte en demasía a una excelente propuesta capaz de dar calor a una relación vista desde 13 míseras pulgadas; de apuntar a la más creíble de las cotidianidades para narrar con un detalle casi enfermizo una relación a distancia según los días que corren; de hacer de un apartamento de Barcelona una prisión con una pantalla de portátil como única ventana hacia una libertad inalcanzable. De hacer, en definitiva, que el espectador sea capaz de tocar con sus dedos, prácticamente, la separación de Tena y Verdaguer. Dos actores sin cuyo excelente trabajo, ni que decir tiene, tamaño éxito no hubiera sido posible porque, entre otras cosas, no hubieran sido posibles sus apoteósicos minutos finales.
8/10

Y en el DVD...
Cameo lanza para el mercado doméstico 10.000 Km en una única edición en DVD que le basta y le sobra en cuanto a exigencias audiovisuales se refiere. Nada que decir de la calidad de la imagen, más allá de las habituales limitaciones del formato (en los oscuros, la imagen tiende a sufrir un poco más de lo debido), ni mucho menos de su audio, un 5.1. castellano con la opción de cambiar a audiodescripción, y de incluir subtítulos tanto en castellano como en inglés. Una lástima que un escueto making of, un tráiler y las habituales fichas técnica y artística sean los únicos extras de una película de culto, ya convertida en lo más destacado del año a nivel nacional, y de la que hubiera sido interesante poder saber más.

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