Crítica de Honeymoon

El matrimonio tiene esa broma recurrente. Nada es lo mismo después de pasar por el altar. Con la vida conyugal caen los velos y los dos miembros se revelan tal y como son: él es un gañán que bebe cerveza todo el día y suelta ventosidades de tres melodías. Ella es una attention whore demasiado apegada a su madre y se tira pedos de una sola melodía pero mucho más letales. Lo que sea. Ja-ja, una soplapollez como cualquier otra. El problema es que a veces el tópico se hace real. Y a veces la experiencia real muta en horror. Convivir a diario con una persona que de repente se destapa como casi un extraño, un desconocido con el que jamás te habrías casado puede resultar, supongo, muy jodido. Y como el género del terror suele en sus mejores exponentes reflejar o poner en crisis algunos de los más comunes males psicosociales, el de "durmiendo con su enemigo" siempre ha resultado un subgénero socorrido. Es un poco de donde parte Leigh Janiak para su debut, imperfecto, fallido, pero bien intencionado en sus intenciones psicologistas: quien crea que esto no es más que es un mero exploit (un poco sí lo es, pero no sólo) andará desencaminado. El sistema alegórico de Honeymoon no es muy complejo, pero por lo menos está ahí, y ya es más de lo que podemos decir de gran parte del cine fantástico mainstream actual.

Bea y Paul son dos jóvenes que acaban de casarse y deciden trasladarse, a modo de luna de miel hipster, a la cabaña del lago donde Bea pasó parte de su infancia. Se aman mucho, quieren follar a todas horas, se comunican sólo a base de bromas privadas y actúan, en general, de esa forma según la que suelen actuar todas las parejas heterosexualmente activas que están a punto de ser pasto de un estropicio paranatural. Efectivamente, tras dejar claro su amor eterno durante aproximadamente media película, Bea parece ser atacada por algún tipo de entidad no humana y empieza a comportarse de manera extraña, como si hubiera sido poseída. Bea parece otra persona. Paul deja de reconocerla. Y ahí entra el aparato metafórico. Honeymoon debe entenderse como un nuevo estudio de la oscuridad, física y psicológica, como símbolo de la relación de pareja y del salto sin red que supone. Los bosques, los pantanos anegados de ranas y liquen, las propias habitaciones mohosas de la casa, la sensación de aislamiento que podría romperse con esos vecinos que en ralidad son esquivos… todo ello ejerce de escenario mental con un peso específico tan potente como los mismos personajes. Un no-lugar que toma protagonismo por si mismo para escenificar la pesadilla de la desconfianza, la mentira y la crisis de la personalidad y la individualidad.


Janiak practica un acabado visual de inequívoca factura indie para envolver una historia que a partir de su segunda mitad (empieza jugando con el terror psicológico y el drama esquizo, y termina tendiendo más hacia los efectos y efectismos propios del género) toma aire para ya no perder fuelle. Pero que inevitablemente es demasiado deudora de sus propios referentes: hay ecos de El cementerio viviente por aquí, conceptos de Posesión infernal por allá, una pizca de thriller redneck a lo Perros de paja, un guiño a Vinieron de dentro de, un aire a Encuentros en la tercera fase… Y por supuesto se nutre bastante del espíritu de La invasión de los ladrones de cuerpos, quizá su referente más evidente y cabeza visible de todo un enfoque conspiranoico de la ciencia ficción durante los años 50, de la que Honeymoon parece bastante deudora. Ello hace de la película un rato agradable, digno, bien sostenido por dos interpretaciones correctas (los televisivos Rose Juego de Tronos Leslie y Harry Penny Dreadful Treadway), pero con una capacidad de sorpresa más bien limitada. Excepto quizá por un par de destellos de chifladura contenida francamente malrrollantes, especialmente durante un tercer acto que termina cristalizando en un final que tiene tanto de genuinamente perturbador como de francamente disparatado.

En definitiva, a pesar de que pueda parecerlo por su uso de unos elementos narrativos y escénicos excesivamente codificados, Honeymoon es algo más que un entretenimiento vacuo y descerebrado. Algo más que un simple aparato de terror que pretenda sofisticar los impulsos primarios de un género en permanente diálogo con el tedio. El problema es que ese algo más tampoco resulta especialmente rompedor o audaz, está encorsetado en una estructura climática eficaz pero un tanto esquemática y, en fin, apela de la mejor y más atractiva manera posible a cosas que hemos visto ya una y mil veces. En su primera batalla -esperemos que vengan más- Janiak vence pero no convence.

6/10

2 comentarios:

  1. Excelente crítica, bien escrita, apoyada en referencias y dejando personalismos.
    Yo le daría un punto más a la película. La atmósfera insana me atrapó y el mensaje, pese a ser demasiado básico, lo capté enseguida. Para ser un debut deja a una directora a la que seguir.

    Un saludo y a seguir leyendo y escribiendo,
    Rafa

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  2. Amables palabras, amigo Rafa :)

    Muchas gracias por ello!

    Un abrazo

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