Crítica de Burying the Ex

Burying the Ex
Para Joe Dante, el tiempo pasa y no pasa. No pasa, en cuanto a que sigue siendo ese niño travieso dado a las bromas terroríficas, a los juguetes infantiles con los que en verdad disfrutan más los adultos, a los géneros de siempre. Burying the Ex recoge el legado de Miedos 3D y mira ahora desde el pitorreo al género zombi, más bien de la zom com, con una historia de amores y desamores, promesas de fidelidad eterna (literalmente) e intentonas fallidas de rupturas. A un tipo se le pone todo de cara cuando quiere dejar a su pareja sin saber cómo ni tener el valor para hacerlo: la chica muere. Sólo que se levanta de la tumba dispuesta a seguir una historia de amor que para ella es perfecta y que en más de una ocasión ha sido tildada de infinita por parte de ambos miembros. Lo dicho, pesadillesca broma con el buen humor por bandera y cierta reverencia postmucho a un universo cinematográfico del que Dante es una suerte de figura paternal. Pero no todo es eterno y para él, el tiempo también pasa y se nota en un desgaste que deja huella con cada vez mayor ahínco. Y es que la factura de su última propuesta expone demasiado sus costuras, y no sólo por un presupuesto de intuible tendencia a cero.

El responsable de Gremlins sabe cómo generar sinergias casi inmediatas con el público, en parte benevolente de entrada por el respeto máximo hacia su figura. Y la que nos ocupa no iba a ser menos: personajes idiotas pero entrañables, pósters de películas de serie B para abajo poblando todos los escenarios, sabores de helado con hilarantes juegos de palabras, y una tienda de frikadas a la que entra un mensajero con un paquete que nadie ha pedido y que contiene un objeto que huele a maldito a kilómetros de distancia. Imposible no entrar en el juego de manera inmediata y mantenerse activo conforme progresa esta alocada alegoría sobre las relaciones amorosas que jamás abandona su condición de comedia-homenaje: por supuesto, aquí hay guiños a los no muertos para parar un tren (icónica salida de la tumba y descacharrante degradación física a la cabeza), pero sin ir más lejos, también se respira un nada desagradable aroma de La muerte os sienta también conforme Anton Yelchin, Ashley Greene y Alexandra Daddario construyen el peculiar triángulo amoroso interdimensional que centra el interés del guión (de un Alan Trezza que debuta en largos adaptando su cortometraje homónimo, por cierto). En definitiva, lo que siempre cabe esperar cuando un histórico vuelve a ponerse tras la cámara.

Burying the Ex

Puede, por tanto, decirse sin pudor que Burying the Ex funciona tranquilamente como el pasarratos de 90 minutos que es, al dar punto por punto lo que se espera de ella. Sin embargo, una mirada más distanciada a nivel emocional (o así) no permite pasar por alto las evidentes carencias de una serie Z en toda regla tanto a nivel económico como creativo. Y es que la pobreza general de su puesta en escena se contagia también a una dirección entre vulgar y directamente fallida, que se antoja torpe y casi desganada. Joe Dante nunca ha sido un referente como narrador de historias, cierto, pero los años parecen pesarle en demasía a raíz de una propuesta que esconde lo mejor de la misma en algo (el libreto) que le es totalmente ajeno si bien beba descaradamente su universo cinematográfico. Y claro, así las cosas, el divertimento está garantizado, sí, pero se descubre un punto más descafeinado de lo que ya cabía esperar a priori.
5,5/10

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