Crítica de The Double

The Double
Que Richard Ayoade sea un tipo curioso a estas alturas ya no debe de ponerlo en duda nadie. Sus pintas estrafalarias (las mismas, ya sea haciendo de informático como de vecino de barrio enfrascado en una pelea contra alienígenas), su voz, su pose, sus videoclips... y encima una carrera como director que ahora arranca y que de hecho descubre, con la que nos ocupa, la segunda película en su haber, cuanto menos peculiar. Antes había llegado Submarine, adaptación de la novela homónima de Joe Dunthorne, suerte de El guardián entre el centeno gafapástico y todo un dechado de referentes pop tan notable en su condición de cine indie como carente de algo: de una personalidad más marcada, más acorde con su mundo interior, que se intuye de traca. Con The Double tales sensaciones se alivian, si bien sólo en parte: su nueva propuesta vuelve a ser un listado de referencias y un compendio de homenajes a todos los niveles, pero ya con una selección de autores y títulos mucho más, en apariencia al menos, personal; amén de un estilo mucho más marcado (si bien siempre deudor). Ahora adapta libremente a Dostoievski, metiendo en la mezcla nombres como los de Kafka, Lynch, Lem o K. Dick. Un universo mucho más acotado, por así decirlo, que si bien siga acusando cierta falta de personalidad, lleva hacia una película que tranquilamente puede ir considerándose como de lo más destacado de la temporada...

Y es que el salto hacia delante es inapelable. Ayoade (junto a la co-guionista Avi Korine) redefine con un par la novela homónima, y la lleva hacia un universo alternativo de futuro pasado, algo así como ver una película de ciencia-ficción de los años cincuenta, sin por ello perder la esencia prima, ese discurso que es más bien un reto para el espectador, sobre un hombre que se topa con otro exactamente igual que él. Sólo que el otro pasa a ser adorado por todo el mundo mientras que el primero queda relegado a un segundo plano, como si nadie fuera siquiera capaz de reconocerle. Hipérbole sobre la esquizofrenia, claro, que a su vez sirve para que aflore un buen puñado de discursos paralelos que se van entrelazando en un lienzo, pese a todo, compacto, uniforme y puntillosamente estudiado. The Double es un drama sobre un hombre enfermo, pero también una sátira sobre la sociedad, así como directamente una esperpéntica crítica hacia el mundo laboral (retratado casi como un organismo totalitario siguiendo la estela de Orwell, Huxley o Lang) del que el protagonista es esclavo y principal receptor de todos los reveses y explotaciones imaginables. Y también tiene algo de humor negro, cuando no directamente surrealista, que mezclado al delirante universo fantacientífico en que todo ocurre (atención a los anuncios y programas televisivos), constituiría el único afloramiento para esa personalidad que le pedimos a gritos a Ayoade, parida de Garth Marenghi’s Darkplace y de The IT Crowd, y que por algún motivo sigue conteniendo.

The Double

Vale, aquí la contiene en pos de un proyecto que se antoja en todo caso personalísimo, una apuesta toda suya, cuidada al detalle y traducida en impecable ejemplo de savoir faire cinematográfico. Demonios, que aunque nos joda porque no sea el Ayoade más molón, The Double es una Gran Película. Construida a base de silencios y colores parduzcos, efectos sonoros extraños y momentos de oscuridad que ceden su paso a fondos monocromáticos casi viciados (portentosas colaboraciones las de Erik Wilson a la fotografía y Andrew Hewitt a la BSO), la cinta se hace de manera inmediata con un halo misterioso y hermético, remozado por una cámara que se mueve ora suntuosa, ora lenta, alargando planos hasta lo incómodo y en definitiva buscando, de nuevo, retar al respetable. Entre sus mil detalles rarunos y sus tempos imposibles acaba sumiendo al espectador en una claustrofóbica espiral de posibilidades y lecturas entre líneas, mientras el de Los amos del barrio campa a sus anchas por universos que basculan entre Carretera perdida, La dimensión desconocida y El hombre en el castillo. Y claro, todo ello desemboca en pasajes de escándalo: atención a ese plano de Jesse Eisenberg corriendo por el pasillo multicolor antes del batacazo, a la residencia de ancianos, o al homenaje a caballo entre La ventana indiscreta y El apartamento. La pena, como decíamos (creo), es que de todo ello sea demasiado fácil extraer la fuente original.

Y es que The Double lo tiene todo. Está bien escrita, bien dirigida y también sumamente bien interpretada (los actores logran rebajar los conatos de exceso de indie-dependencia del film con labores ajustadas y humanas pese a su condición de grotescos). Es una película personal, capaz de generar de inmediato un universo con sus propias normas, en el que uno se adentra sin problemas para tratar de adelantarse a su intriga. Broche de oro en forma de no dejar indiferente incluido. Pero su problema radica en que todo lo que cuenta y la forma en que lo cuenta, suena demasiado (ojo a Enemy, estrenada hace apenas unos meses). Batiburrillo demasiado evidente de referencias que restan enteros a la labor de Richard Ayoade sin por ello desmerecer su poco menos que excelente segundo largometraje. Y oíd, lo mismo dijeron de Dostoievski cuando se editó el libro en cuestión...
8/10

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