Crítica de Filth, el sucio (Filth)

Filth, el sucio
Irvine Welsh. Autor de Trainspotting, Acid House o Col recalentada. Tipo siempre vinculado al séptimo arte ya sea de manera más directa (ha escrito algún guión) o indirecta (se le ha adaptado para la gran pantalla en varias ocasiones). Vamos, todo el mundo debería saber quién es, porque todo el mundo ha visto Trainspotting; y por mucho que pueda gustarle o no al escritor escocés, la película de Boyle es la que marca su estilo (y ojo, de ella bebe descaradamente, que esto viene a ser algo así como una sinergia que le va como anillo al dedo). Y luego está Boyle como cineasta en sí, y sobre todo alguno de sus pseudo-discípulos nivel Guy Ritchie, que se adueñan de un estilo más o menos similar y alargan la sombra de la generacional película protagonizada por Ewan McGregor y compañía. Imposible no ver a un Boyle vitaminado, y por tanto el espíritu de Welsh en Snatch: Cerdos y diamantes, ¿no? Así las cosas, si toca hablar de una nueva adaptación cinematográfica de alguna de sus novelas (en concreto, la que se editó aquí con el nombre de Escoria), no será difícil intuir por dónde irán los tiros. Y en efecto, Filth, el sucio da exactamente lo que de ella se espera. Para bien, y para mal.

En esta ocasión, la atención se centra en un policía corrupto y adicto a todo, centro de un universo viciado y con la necesidad imperiosa de profundo saneamiento: sus compañeros de trabajo son igualmente amigos de los excesos, los ascensos en su departamento funcionan a ritmo de favores sexuales, y su mujer farda de las perversiones más obscenas. A lo largo de la película el tipo debe resolver un par de casos y ganar puntos de cara a sus superiores, pero su vida personal afecta demasiado la profesional, acabando por copar toda la atención al tiempo que va descubriendo sus rincones más oscuros. La gracia por tanto, reside en lo segundo, y de hecho las titubeantes investigaciones policiales son más un impedimento que otra cosa para el correcto desarrollo de una película que en ningún momento se sale de los raíles esperados por todos. A saber: a caballo entre los cineastas ya mentados, Jon S. Baird tira de planos breves y montajes hipervitaminados para seguir a un personaje circa el de Fassbender en Shame y el de Dicaprio en El lobo de Wall Street pero con el desparpajo y el colocón del de McGregor. A ese y a los que le rodean, todos ellos llevados al extremo, teóricamente escandalosos... pero ni que decir tiene que Filth, el sucio ni por asomo se acerca a la obra maestra de Steve McQueen por mucho que lo intente. ¿Armas? Las de siempre: abuso de la voz en off que se suma a una mucho más directa ruptura del cuarto muro, banda sonora plagada de canciones reconocibles (atención a la revisión de Creep al final de la película), fotografía colorista...

Filth, el sucio

Todo ello da como resultado una cinta desigual de sensaciones harto negativas al principio: se la ve venir de lejos, y encima parece no saber hacia dónde ir entre investigaciones policiales y estudios de personaje. Sin embargo, a medida que se va centrando en las idas de olla del protagonista, y de la mano de un James McAvoy sensacional, el film va ganando enteros, acabando por conquistar al espectador y llevarlo hacia un tercio final de aúpa. Eso sí: jamás llega a suponer revolución alguna, ni a implicar al respetable más de lo estrictamente necesario. Pero es que el principal problema de Filth, el sucio es que poco importa lo bien hecha y mejor interpretada que esté: se trata de una película que ya hemos visto antes y así, divertirnos sí, pero calarnos es misión imposible.
6/10

1 comentario:

  1. ..."y de la mano de un James McAvoy sensacional,"
    No he leído más. Enough for me.

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