Crítica de La mecánica del corazón (Jack et la mécanique du coeur)

No deja de ser un poco una lástima, y espero no estar sobreinterpretando intenciones, que un proyecto tan aparentemente personal como La mecánica del corazón termine resultando en un producto tan carente de alma propia. Y no es que sea una película terrible, y mucho menos un intento fútil (al contrario, como tal es encomiable), pero es que la traducción de Mathias Balzieu de su propia y muy exitosa novela al cine (y puesta en imágenes de su disco La Mécanique du cœur) al final se revela un tanto fallida. Balzieu codirige con Stéphane Berla, pone la música a través de su propia banda Dionysos y, además, presta la voz al protagonista principal. Pero al final esto tiene más pinta de producto estandarizado que de proyecto de vida. Número 9, se me ocurre como posible ejemplo, también resultaba a su manera una película fallida y del mismo modo bebía de unas fuentes estéticas parecidas a la del caso que nos ocupa, pero al final no era difícil detectar una personalidad propia detrás de todo ello, un universo inquieto y, supongo, característico de su director. Y claro, siempre podemos recurrir al socorrido "a los niños les va a gustar y no se interrogarán por cuestiones de estilo y puesta en escena", lo cual es una falta de respeto hacia ellos y una putada desinformativa hacia los que vayan a acompañarlos.

La mecánica del corazón respira, piensa, habla y se expresa en términos de universo Tim Burton. En el mejor de los casos en homenajes, reconocidos o (más bien) no, al gran Henry Selick, cuya deliciosa stop motion parece haber sido llevada aquí al terreno del 3D donde, eso sí, cabe algún homenaje y guiño puntual a la animación fotograma a fotograma. El fantasma de Pesadilla antes de Navidad, La novia cadáver o, en menor medida James y el melocotón gigante planea sobre esta fábula, presentada como un cuento de hadas un pelín macabro (más que, pongamos, Frozen) y una historia invernal sobre la fatalidad y le poder redentor del amor. Jack, el protagonista, nació un día tan frío que su corazón se congeló y tuvo que ser reemplazado in extremis por un reloj de cuco. Un cachivache mecánico cuyas reestricciones (las hay: un relojero y un cirujano cardiotorácico no son lo mismo, precisamente) incluían no entrar en cólera y, uh-oh, no enamorarse jamás. Obviamente Jack caerá enamorado de una joven a la que seguirá por media Europa, empeñado en conquistar su amor sea como sea. Por el camino -viaje iniciático con ecos de Pinocho- hay canciones, una banda sonora que apela con desvergüenza al Danny Elfman más rock, personajes que parecen diseñados usando a Johnny Depp como molde, una cierta sublimación de un (falso) steampunk ligerito, imaginería gótica de baja inventiva y una conexión facilona con el Hugo de Scorsese, vía la aparición de Georges Méliès, que probablemente vuelva a provocar en algunos adultos eufóricos la desgastada y hueca reacción habitual: "¡es un homenaje al cine!" (sic). En resumen, nada, absolutamente nada nuevo.


Asumido todo ello, queda sin embargo una película correctita, anodina en general pero agradable en algunas de sus facetas concretas. Primero, que a pesar del modelo americano respira un aire inequívocamente francés. La música de Dionysos, que también interpretan unas canciones en general más o menos logradas, cumple su función holgadamente y con cierto encanto de chanson moderna, como la que encarna (presente asimismo en un par de temas) la siempre seductora Emily Loizeau. Placer auditivo, no en todo momento, pero por lo menos sí en algunos de los pasajes musicales. Y solvencia en las voces, encarnadas por un curioso reparto: Malzieu como Jack, Olivia Ruiz (intérprete surgida del homólogo galo de "Operación Triunfo") cantando en francés y español, y Jean Rochefort como Méliès, además de una Rossy de Palma más que correcta. Por otro lado, y a pesar de que las texturas son mejorables, las expresiones faciales escasamente emotivas y los movimientos poco sofisticados, técnicamente La mecánica del corazón no está del todo mal. Algunos diseños son inventivos, como el tren acordeón, y las atmósferas, si bien reconocibles, están logradas y dan apoyo a esos momentos (tan de manual, sí, pero) tan necesitados de un clima muy concreto que las sostenga. Un clima, en general, de tristeza y melancolía que pretende dar cabida a esa alegoría del amor, de los corazones rotos y la búsqueda de la eternidad romántica.

Visto lo visto hasta ahora en el ámbito de la animación 3D, la verdad es que La mecánica del corazón está aún muy lejos de ser un logro mayor y aún más de hacer sombra, por lo menos en lo técnico y en lo creativo (ya veremos si en lo comercial), a los gigantes de Pixar y compañía. Pero siendo un producto (a su pesar) ajeno a los grandes estudios por lo menos puede presumir de, si no ser una buena película, por lo menos sí ser una eficiente y agradable copia. Poca cosa, pero en lo suyo cumplidora.

6/10

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