Crítica de Perdida (Gone Girl)

Ahorrémonos las presentaciones. Obviemos el proceso habitual, que ya no hace falta. El hombre es David Fincher, esto es la adaptación de un bestseller que destrozó estantes de las librerías de medio mundo. Fin. Alguno podría llegar a dudar de que de aquí saliera una buena película, habiéndole funcionado ya una vez la estrategia, con Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres hace tres años. Pero, claro, se equivocaría. Rotundamente. Porque aunque esta es porbablemente la película más festiva de su director desde La habitación del pánico, este no da su brazo a torcer. Y si de entrada Perdida parece que vaya a ser un simple divertimento bien montado pero inane al final, nada está más lejos de la realidad. La realidad es: Fincher perfila, matiza y añade nuevas capas, posibilidades y ámbitos de influencia a su magno estudio sobre la condición del hombre moderno en todos los estratos de su vida íntima y social. Esa especie de megaparábola perversa y (deliciosamente) agriada que empezó a trazar con El club de la lucha, que tuvo en La red social su cumbre (sigue siendo la mejor película norteamericana del siglo) y que ahora con las dos posteriores ha ido terminando de perfilar. Y vaya por delante que no soy lector de la novela original, que no sé más que por lo que he podido leer cuánto de ella se ha repetido en la pantalla, cuánto se ha acentuado y cuánto se ha atenuado. Pero en cualquier caso, la esencia debe permanecer intacta, habida cuenta de que la guionista es Gillian Flynn, la autora del libro y, al parecer, mente de inquietudes similares a las del realizador.

Perdida cuenta el día a día de una desaparición, la de la amante esposa Amy, vecina perfecta que parece haber sido secuestrada de su casa tras un forcejeo violento. Pronto las sospechas recaerán en su esposo Nick, que empezará a recibir el acoso de los medios, sedientos de la Historia del Siglo de esta semana. Y no vamos a desvelar absolutamente nada más del argumento, puesto que cada uno de los detalles y giros son esenciales para el desarrollo emotivo de la trama. Baste decir que, obviamente, las cosas nunca son lo que parecen. Especialmente para un Nick que pronto se ve abducido a un infierno surrealista, a un clima de juicios populares, de malentendidos y de resquemores. La lata está llena de gusanos y la vida matrimonial apacible quizá no lo es tanto. En general nada es tan idílico, en realidad. Los tentáculos venenosos de la historia se extienden hacia otros ámbitos de nuestra existencia cotidiana para, básicamente, recordarnos que la vida en si es bastante perra y que la gente que nos cruzamos en ella es peor. De modo que Perdida es en esencia un thriller de serie B (pero clase A) y un melodrama conyugal de alto voltaje, pero también un retrato ácido y salvaje de la mediatización de la sociedad, de los intereses de los líderes de opinión, de las manipulaciones periodísticas y los juicios públicos, de la telebasura sentimentaloide en general. Y una visión cáustica del matrimonio más como institución que como prolongación del hecho romántico.


Una visión no exenta de humor, por supuesto. Esto tiene los elementos propios del cine de suspense canónico pero también salvajes instintos de comedia negra, negrísima, sobre la estupidez y la mezquindad. Una visión sardónica que plantea una guerra sin cuartel y pronto se adscribe a la clásica guerra de sexos y se convierte en una especie de variante elíptica del modelo La guerra de los Rose. Tiene muchísima coña su inicio propio de un melodrama televisivo de Hallmark, una especie de parodia sangrante que va oscureciéndose hacia el mismo terreno que pisaba Twin Peaks en su visión retorcida de los presuntamente idílicos años 50. Apunta también al negro clásico norteamericano con sus planes siniestros y sus femmes fatales, y plantea una lectura misógina, irónica, y muy malparida. Y en esencia se da la vuelta a si misma constantemente, basando su estructura en un sistema de giros de guión a cuál más loco. A partir de una premisa inicial aparentemente asentada en el esquema del whodunit la cosa paulatinamente va virando hacia lo que podría calificarse más bien de, con perdón, whatthefuckhappened. Todo ello un planteamiento casi pulp que busca la ruptura iconoclasta en medio de su incorruptible rigor escénico.

Porque pensar que Perdida es una película construida sólo con material de derribo sería insensato. Ni mucho menos, la propuesta de Fincher es de una sofisticación absoluta, no deja nada al azar y está controlada en todo momento, especialmente en sus momentos de aparente descontrol. El actual Brian De Palma mataría por algo así, un entretenimiento adulto fascinante y polifónico que se atreve a moverse por el tiempo y el espacio con precisión milimétrica y sin perder nunca puntería, virando de un lado para otro, resultando casi más sólida a cada giro. Insisto, eso se debe a que Fincher plantea sus películas pensando en el público pero sin rebajar nunca sus propias cualidades intrínsecas: encuadres que parecen la única opción posible, montajes cuyo tempo da el auténtico significado de lo que se quiere contar y esos otros elementos expresivos que siempre termina confiando a las manos más capacitadas: la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross suena más inquietante y atmósférica, más contemporánea y al mismo tiempo intemporal que nunca. La fotografía de tonos metalizados de Jeff Cronenweth, acompañando a Fincher en El club de la lucha y desde La red social en adelante, garantiza ese acabado estilizado, impoluto e inequívocamente moderno. Mientras las actuaciones terminan de matizar el profundo estudio de personajes que proponen los autores, trascendiendo sus propias limitaciones (Ben Affleck, Tyler Perry y Neil Patrick Harris) o abrazando la perfección (Rosamund Pike).


Otra manera de decir todo esto es que Perdida es, directamente, una maldita lección magistral de cine. Un perfecto ejemplo de cómo se rueda un thriller y de cómo se convierte una historia aparentemente mediana en algo monumental. De cómo lo que parecía un proyecto menor a partir de una novela de éxito puede convertirse, como ocurría con Millennium, en toda una muestra de lúcido análisis social. De cómo se saca tensión de cualquier gesto, palabra o mirada y de cómo se modula esa tensión para jugar en todo momento con el espectador sin que este se sienta estafado, aunque crea que hay mucho descojone detrás de todo el tinglado. Perdida es, no en vano, uno de los dramas más oscuros, amargos y perversos de los últimos años, pero también un gozoso caramelo envenenado delirantemente divertido que nos recuerda que ni siquiera la estabilidad doméstica es, eso, estable. Flynn y Fincher han construido, en fin, el espectáculo nutritivo definitivo. Un thriller modélico y envidiable que dejará en evidencia a la práctica totalidad de lo que venga después, por lo menos hasta nuevo aviso.

8'5/10

4 comentarios:

  1. Fantástico, no esperaba menos de Fincher, pero hay algo que me ha distraido de la fabulosa crítica,..."sigue siendo la mejor película norteamericana del siglo",...no me queda claro si es el club o la red, si es lo que llevamos de este siglo o del siglo pasado y si es la misma parte de América de Paul Thomas Anderson y los hermanos Coen?
    Tengo la sensación que el bueno de Ben se pasa gran parte de la película con esa cara de no entiendo nada verdad?
    Saludosss

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  2. Gracias, tío!
    Aclaración entorno a "la mejor película americana del siglo": primero, que por supuesto es sólo mi opinión, una valoración puramente subjetiva que puede diferir (obviamente) de la de cualquiera.
    En cualquier caso, hablaba de La red social, y con "del siglo" me refería a ESTE siglo. Pocas películas han logrado desde un prisma de tragedia clásica una mejor lectura del zeitgeist actual en el mundo occidental. Creo.
    Y me parece curioso que menciones a los Coen y a Don PTA, puesto que algunas de sus películas creo que podrían andarle cerca a La red social en esto de "la mejor película americana del siglo": No es país para viejos y Pozos de ambición, respectivamente.

    En cuanto al viejo Ben... juas, amigo, la has clavado: eso es exactamente lo que hace. Pero lo hace bien.

    Abracete!

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  3. Gracias por la aclaración Xavi. Creo que en mi caso La red social estaría precisamente tras las dos que mencionas. Suerte para nosotros que sus directores anden de tan buena forma :D

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  4. Sí, si al final es lo que importa... ¿no? Qué más da cuál es más buena que la otra, siendo como son obras maestras y estando sus directores, como bien dices, tan finos últimamente...

    Al final es que es eso, los que ganamos somos nosotros... :)

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